Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Mala feminista TOO (entrega 1)

“Nuestras diferencias no nos dividen.
Son inevitables e invitaciones para que nos aceptemos
y celebremos unos a otros”
Audre Lorde 

El otro día me vacuné de la influenza y tuve una espantosa reacción alérgica. Como el cuerpo tiene memoria, el malestar me transportó a mis 14 años. Me sentí en la oscuridad de mi cuarto adolescente, mientras me palpitaba el brazo, que se hinchaba de una forma similar por la patiza que me propinó mi padre cuando descubrió que sostenía una relación amorosa con mi vecino de 30 años.

Hoy contar la historia saca a relucir el abuso y la violencia de dos hombres. Las cosas no fueron siempre así. Aún recuerdo la cara de mis vecinos hombres y mujeres, viejos y jóvenes, mirarme con el mismo recelo con el que me miró mi padre. Por muchos años llevé la letra escarlata que hacía de mí una puta digna del castigo, del recelo de los vecinos y, por supuesto, la bajeza del abusador que, tras haberme dado el peor sexo de mi vida, pasaba por víctima ante la lujuriosa Lolita, o sea yo. También debo decir, esto se contrarrestaba con la actitud valiente de mi mamá y tías que me abrazaron fuerte y me enseñaron a reclamar mis derechos, a alzar la voz.

CIUDAD DE MÉXICO, 29NOVIEMBRE2019.- Cientos de mujeres asistieron a la Intervención “Un volador en tu camino”, el cual organizó el Colectivo Aquelarre Violeta y la Colectiva La Tesis. FOTO: GRACIELA LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM

Jamás odié a los hombres. Claro está que por mil razones y poco a poco, me alejé de mi padre y del mal amante, no sin el duelo de una chiquilla que se sintió enamorada sin argumentos y con la ganancia de conocerme mejor, o con la recurrente culpa nocturna por el distanciamiento filial. Así sucede, vivir cobra sus cuotas. Aprendí a defenderme y a buscar mejores experiencias sexuales por supuesto.

El acto confesional no pretende la trivialización del evento, pero menos aún la conmiseración y el victimismo. Pretende únicamente probar que cuando se habla de violencia de género tengo bien claro de qué se trata.

En esa época de mi vida nunca pensé que la violencia contra la mujer se volvería un tema tan importante y grave en nuestro país. Mientras esto escribo sale a la luz el asesinato de Abril Pérez, un terrible ejemplo de que la violencia de género se da en la propia casa y en todos los niveles sociales; una espantosa evidencia de un sistema jurídico corrupto. El mapa de los feminicidios creado por María Salguero es una centelleante colección de gotas de sangre que no dejan espacio al territorio y no nos permiten voltear la mirada ante la tragedia.

El día de la marcha me atreví a criticar los actos vandálicos, por un lado; por otro, las construcciones de lenguaje torpes que encarnan y pueden trascender en una mala narrativa. Eso me supuso críticas, condenas y hasta insultos, como si yo fuera una especie de esquirol traicionero, cómplice de la dominación patriarcal. Este texto supone dos intenciones, aclarar cuál es mi postura en el movimiento feminista (entrega 1) y mis recelos en virtud de los peligros que veo translucirse de una mala narrativa radical (entrega 2).

De posturas como estrellas en el cielo

Primero debo admitir que mi visión “feminista” me vuelve apreciada por un grupo y despreciada por otro. Tener una postura siempre te afilia a unos y te exilia de otros, y eso es, no solo admisible, sino deseable en una sociedad plural. Hace no mucho tiempo vi un documental sobre la educación de género en España, en él se mostraba un ejercicio de clase con adolescentes que me resultó muy acertado. Colocaban en el piso una línea larga sobre las muchas posibilidades de ser mujer, desde la más tradicional hasta la más disruptiva conforme a la visión patriarcal. Se invitaba a las niñas a tomar posición en donde se sintieran más cómodas. Del mismo modo, la lucha por la diversidad de género ha supuesto la capacidad y apertura por admitir que existen mil modos de ocupar el puesto, algo que se demuestra en las crecientes siglas que conforman el movimiento LGBT… tan múltiple como el abecedario mismo. Así, hay mil modos de ser mujer, defiendo la libertad para construir el personaje que queremos ser.

Al leer la historia y posturas ante la lucha de género he descubierto a lo largo de la vida, justamente que no hay una sola manera de pronunciarse feminista y eso reivindica la pluralidad, lo que me asombra es la radicalidad que podría (si no es que ya lo hace) provocar que le tema se vuelva tabú, una censura implícita que nos roba el derecho de expresar dudas o de cuestionar el tema. En todo caso lo que me preocupa es la justificación de la violencia en un país que cada día se anestesia más ante la ira.

Es por ello que repruebo que me reprueben; no así que me contradigan o muestren una postura distinta. Me asombra que quienes luchen por la pluralidad se “molesten” por las diferencias.

Para la escritora canadiense Margaret Atwood, hay varios feminismos: “Uno que coloca a las mujeres en un pedestal, el modelo de la perfección angelical”. Otra versión afirma que las mujeres “están tan victimizadas que son incapaces de elegir moralmente”. Y un tercero, el que Atwood prefiere, es el feminismo que afirma que las mujeres son seres humanos completos y capaces de crueldad y de replicar y mantener las normas patriarcales¹.

“El cuento de la criada” es la distopía de Atwood que busca probar el peligro puritano de una sociedad que justifica la tiranía sexista a través de los propios ideales feministas.

CIUDAD DE MÉXICO, 25NOVIEMBRE2019.- Con motivo del Día Internacional por la Erradicación de la Violencia Contra la mujer, cientos de mujeres marcharon del Ángel de la Independencia hacia el Zócalo Capitalino. FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

En México, Martha Lamas en su libro Acoso: denuncia legítima o victimización, hace una pormenorizada distinción entre los diferentes movimientos feministas; no los recorreré en este texto por obvias razones de espacio, lo cierto es que la tentación puritana que encarna la postura más radical me saca ronchas. Es justo la que señala Atwood, la de suponer a la mujer como ser angélico y que alimenta lo que Lamas llama victimismo.

Parece entonces que soy una mala feminista. Así se confiesa Atwood y yo la copio (como la admiradora que soy del personaje y de su literatura).

Parece que soy una “mala feminista”. Puedo agregar eso a las otras cosas de las que me han acusado desde 1972, como subir a la fama trepando a partir de una pirámide de cabezas de hombres decapitados (un diario de izquierda), de ser una dominatriz empeñada en la subyugación de los hombres (uno de derecha, texto acompañado con una ilustración mía con botas de cuero y un látigo) y de ser una persona horrible que puede aniquilar, con sus poderes mágicos de Bruja Blanca, a cualquiera que sea crítico con ella en las mesas de Toronto. ¡Soy temible! Y ahora, al parecer, entablo una Guerra contra las Mujeres, como la misógina y mala feminista que soy².

Parece que yo también soy una mala feminista. Puedo sumar eso a otras cosas de las que he sido acusada desde los 14 años. Como ser una piruja que sedujo a su vecino 15 años mayor que ella; una mala esposa que dejó el matrimonio porque simplemente dejó de querer a su pareja que insistía en reducirla como Zeus a Metis para tragársela. Una casquivana que seduce hombres y se los come para la cena. Una cincuentona que no puede apoyar la violencia en las marchas feministas.

El año pasado terminé de leer el libro de la investigadora Martha Lamas. El texto representa su intención de aclarar que: “No es lo mismo una víctima de una violación, que una víctima de acoso, que la víctima de un piropo que va por la calle, no le gusta que le digan guapa y arma un escándalo al respecto”. Por tanto, se trata de un recorrido histórico, estadístico y legal por buscar la forma de responder al problema de la violencia contra la mujer desde la información adecuada y a partir de un cambio cultural y legal. La batalla en contra del acoso sexual nos dice la autora

… con el tiempo ha dividido a las propias feministas. En ese sentido, me centro en el discurso social sobre el acoso, y en la forma en que ciertas ideas feministas prenden en el imaginario social, pero al mismo tiempo, mutan y son usadas por fuerzas políticas lejanas al feminismo.

Martha alude al texto de Margaret Atwood “Am I Bad feminist?” Y nos dice que la escritora canadiense ha criticado severamente a “…las feministas rabiosas dispuestas a excomulgar y a linchar mediáticamente a quienes piensan distinto… las descalificaciones sobre quien no es “verdaderamente” feminista o quien ya no merece ser llamada así́, sólo sirven para evitar el debate de las ideas y alentar más animosidad… “Una guerra entre mujeres es siempre placentera para aquellos que no desean el bien de las mujeres. Este es un momento muy importante. Tengo la esperanza de que no lo desperdiciemos”.

Con todo esto no disminuyo mi alarma ante los feminicidios que son una tragedia nacional y mundial, y la creciente violencia en México. Y justamente por ello repruebo la violencia apelando específicamente a pronunciamientos de varias feministas. No por ello dejo de respetar a quienes creen que la violencia es la respuesta ante lo que llaman la invisibilización del problema; sin embargo, considero a la violencia un arma cargada que representa un enorme peligro; no creo que sea el único modo de hacer visible la injusticia.

Por ejemplo, la canción y performance global que se originó desde Chile con “El violador eres tú” recibió más atención que las pintas o el maltrato a monumentos (que, dicho sea de paso, no fue más que la expresión de un grupo mínimo de las miles de manifestantes).

Retomando pronunciamientos de diversas feministas me encontré con lo siguiente:

Según Audre Lorde “Todas las formas de opresión están interrelacionadas, y uno no puede hablar sobre feminismo sin reconocer raza, clase, género, sexualidad y cualquier otro marcador de identidad. “Nuestras diferencias no nos dividen, son inevitables invitaciones para que nos aceptemos y celebremos unos a otros”. La autora nos invita a desafiarnos, a pensar fuera de nuestras propias experiencias, en lo que respecta al feminismo, o cualquier otro tema. Es por ello que me preocupa que el tema se convierta en tabú, que sea un patrimonio más de la ideología (por llamarla de algún modo) de lo políticamente correcto que hace de un tema un campo minado.

Lorde no culpa ni critica a las personas más privilegiadas que no reconocen su privilegio. Por el contrario, expresa que estamos condicionados a ver las diferencias que tenemos con los demás como sitios de alienación, en lugar de invitaciones para una mayor inclusión y tolerancia.

Roxane Gay, por su lado, señala lo rápido que colocamos a las feministas en un pedestal. Las feministas no tienen que ser perfectas ni uniformes en su comportamiento. Luego, cuando cometen un error, cuando hacen algo que ofende a otras feministas, son derribadas. En su charla “Bad Feminist” afirma “Prefiero ser una mala feminista que no serlo”. Las mujeres que no se ajustan al “molde” feminista estereotipado han sido abandonadas históricamente por el feminismo. Esto tiene que cambiar, nos dice la activista. Sostiene que el feminismo debe ser más inclusivo, abarcando la intersección de lo que significa ser una mujer y una persona de color, queer, trans, no delgada, discapacitada, etc.

Por su parte Bell Hooks en su libro Feminism is for Everybody: Passionate Politics. Nos dice que el feminismo es un sistema social alternativo, su objetivo entiendo, es el de terminar con el sexismo que supone el enfrentamiento o subordinación entre los sexos.

TOLUCA, ESTADO DE MÉXICO, 30NOVIEMBRE2019.- Familiares de víctimas de feminicidio y mujeres de diversos colectivos se reunieron frente a Palacio de Gobierno e instalaron el performance “Zapatos Rojos”, los zapatos representan a las mujeres que han sido asesinadas en el Estado de México, este es un proyecto de arte creado por Elina Chauvet. FOTO: CRISANTA ESPINOSA AGUILAR /CUARTOSCURO.COM

En lugar de un espíritu de violencia y dominación, el feminismo promueve un espíritu de amor y la asociación mutua de los géneros. El movimiento no se trata de otorgar poder a las mujeres dentro de nuestro sistema patriarcal. Se trata de desmantelar este sistema y reemplazarlo por un paradigma más saludable.

Señala también que los errores del movimiento han sido: la negación de que la raza y la clase social desempeñan un papel formativo en la mujer. Otro fue el surgimiento de una facción anti-masculina que los medios amplificaron para crear un estereotipo feminista negativo. Concluye que debe haber educación feminista disponible para los hombres, porque, “Sin aliados masculinos en lucha, el movimiento feminista no progresará”.

El progreso aquí significa desmantelar el patriarcado. Nos dice que el patriarcado se organiza alrededor de la dominación y el poder, mientras que el feminismo se organiza alrededor del amor y la mutualidad. La mutualidad es vista como la alternativa a la dominación. La práctica enfatiza el crecimiento mutuo en las relaciones, eliminar el temor. Para manifestar esta realidad, Nos dice Hooks debemos reconocer y vencer nuestro sexismo interno. Debemos remplazar la conducta patriarcal en lugar de retomarla.

Gloria Anzaldúa, la fallecida escritora y activista chicana pone énfasis en el lenguaje como herramienta de dominación y de nuevo enfatiza que el feminismo promueve la paz. En mi próxima entrega pienso abordar específicamente el tema del lenguaje y la importancia de construir la mejor de las historias. Mi primera reacción es justamente ante viralización de falacias, chantajismos y otras frases mal construidas que sustentan el victimismo al que Lamas alude en su libro.

En el sistema patriarcal todos sufrimos porque se prescribe una visión específica de la masculinidad y la femineidad. Las mujeres son educadas para complacer, para aparecer como dice John Berger (mantenerse bellas y jóvenes a toda costa) y los hombres para suprimir las emociones, buscar el poder económico como signo de éxito y enaltecer la ira y la violencia como formas aceptables de comportamiento.

No avalo la violencia, eso no me hace detractora del movimiento feminista, ni una machista disfrazada. Al contrario, defiendo que su premisa es la paz. La violencia ha sido el modo de dominación masculina la repruebo y no apruebo su réplica ¿No es la violencia lo que le hemos reprochado al patriarcado?

¿La violencia en las marchas es la única manera de hacer visible el movimiento? ¿No se ha vuelto ya la violencia una constante en las marchas de la CDMEX? Me considero feminista apruebo la marcha, pero repruebo la violencia ¿eso me torna una esquirol? Tal vez la respuesta es que solo soy una mala feminista también.

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