Cinque Terre

Rubén Cortés

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Periodista y escritor.

Los tiempos del Presidente

El Presidente parece muy convencido de que la fuga de El Chapo no le quitó margen para frenar los ánimos de la sucesión dentro de su equipo, y en su partido. Se considera con fuerza para mantener un consenso en torno a su figura.

Lo advirtió al priismo el sábado: “Hoy no hay espacios para proyectos personales, hoy es momento de un proyecto de nación”.

De todos modos, el Presidente no debe estar ajeno a que muchos correligionarios les inquieta que, tras el escape del tristemente célebre narcotraficante, el gobierno continúe su inercia como si no hubiera sucedido nada.

Pero al Presidente le preocupan más los ascensos de Morena a cuarta fuerza política en su debut como partido en las intermedias del pasado 7 de julio, y de AMLO en su condición de candidato presidencial en campaña constante e incontenible exposición mediática.

Porque pidió a los priistas no confiarse en la continuidad del PRI en el poder, ya que consideró que “la sombra del populismo y la demagogia” amenazan a las sociedades democráticas del mundo: entiéndase México.

En eso está claro: sabe que de las profundas frustraciones económicas, políticas, éticas y de seguridad nacional de las sociedades es que emergen los populismos. Pero en especial los populismos que ganan elecciones y luego modifican la Constitución a mano alzada en las plazas públicas.

Lo explicó mejor Umberto Eco en El País el 15 de marzo pasado, al conversar sobre el populismo: “Es en los momentos de grandes crisis cuando el cacique del pueblo puede congregar a la opinión pública alrededor del odio hacia un enemigo… surge esa frustración en forma de odio y de fanatismo”.

Como sea, es indiscutible que esta administración no vive un buen momento desde la fuga de El Chapo: la erosionó a niveles aún incuantificables, aunque el Presidente se mantenga imperturbable en sus tareas, muy entrado en la dinámica de que, por encima de todo, a él le corresponde gobernar un país.

Imperturbable sería una acertada definición para un Presidente como Enrique Peña, poco dado a las renovaciones, a pesar de las continuas presiones mediáticas y de la oposición, que reclaman un inminente replanteamiento de su círculo de colaboradores.

Lo argumentó claramente el viernes 12 de diciembre pasado en Los Pinos, durante una comida de más de dos horas con un grupo de periodistas. Eran los días de las crisis por el caso Iguala, la casa de Las Lomas y la de su Secretario de Hacienda en Malinalco.

Al hablar sobre eventuales movimientos en el gabinete, el Presidente contestó: “Como en el Estado de México, prefiero la estabilidad que los cambios”.

A 31 meses en Los Pinos, sigue fiel a su creencia: “Como en el Estado de México…”


Este artículo fue publicado en La Razón el 27 de Julio de 2015, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página

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