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Los pechos de Mon Laferte

Guste o no, actualmente la valentía también se expresa en la capacidad de cada quien para exhibir (o no) las partes del cuerpo. Lo mismo pasa con quienes usan la desnudez del cuerpo porque éste aún es transgresor de convenciones morales para enfatizar en alguna demanda política o social, que quienes usan el propio cuerpo para llamar la atención. Sobre esa base, quienes exhiben el cuerpo están sujetos a la admiración o el escarnio por el acto en sí mismo o por la opulencia de las carnes o su languidez. Es entendible que haya quien ría del culo de Yoko Ono y le importe un bledo el motivo de su reto a la moral, y lo mismo pasa con quienes aludieron a los pechos colgados como globo desinflado de Mon Lafarte: la procacidad de los comentarios en ese sentido es evidente y también lo son quienes lanzan letanías de regaño por esa frivolidad. Así de diversa y heterogénea es la sociedad, con todas las poses, cinismo e hipocresía que se quiera.

Mon Lafarte me parece tan ridícula como Yoko Ono en el ejercicio de su profesión que hasta donde entiendo es el canto. Por ejemplo, si yo me pongo una máscara de Joker, bailo y lo subo a las redes como alguna vez lo hice, estoy sujeto a que haya quienes bailen conmigo o que me digan loquillo o pinche viejo ridículo, así de diversas y plurales son los pareceres. Lo que no creo que es la señorita Lafarte logre algo más que llamar la atención con sus senos y lo mismo le pasó a la señora Ono (a quien me cuesta mucho trabajo seguir sus alaridos en aquellos conciertos de Lennon acompañado por Clapton o en aquel programa de televisión donde compartió créditos también con Chuck Berry).

Para ridículas y exhibicionistas yo me quedo con Lady Gaga, pero eso es un asunto de cada quien. La única convicción que tengo es que jamás me presentaría desnudo para promover la lucha contra el tirano porque me expongo a que, si salgo de espaldas, no falte el chistoso que haga una fotocomposición para ponerme al lado de Yoko y decir que sí, que siempre hay algo peor entre lo que consideramos peor; y ya no digo si es de frente porque no sólo estaría arruinada mi reputación sino porque los lectores de etcétera dejarían de fondear para la revista y podrían convocar a una cooperacha para un inmediato trasplante de salva sea la parte.

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