Cinque Terre

Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

Los desastres nuestros de cada día

Aquí estamos de nuevo: con más de 100 mil automóviles adicionales circulando en la Ciudad de México desde 2017, más otro montón de chatarras que evaden la verificación porque consiguieron placas de Morelos y ahora -dado el retraso de lluvias- metidos en esta cápsula atmosférica caliente y creadora de pastos secos, territorios seguros para veinte incendios simultáneos. Volvieron los años noventa.

Por eso, este martes fue declarada la primera “contingencia ambiental atmosférica extraordinaria por PM2.5 en la Zona Metropolitana del Valle de México”, lo que nos devuelve a los escenarios que creímos, ya habíamos dejado en el siglo pasado.

Lo obvio: muchas cosas no hemos hecho bien a lo largo de los últimos lustros y el resultado es esta aparición monstruosa, marrón y grisácea, que se mete a nuestros ojos, narices y oídos.

La cosa es lo bastante seria como para machacar en otro de los temas olvidados por ceguera, miedo o prisa políticas: la gestión de riesgo, la inversión para evitar, la prevención de los desastres.

La dura experiencia de los últimos años (especialmente 2017, año del peor terremoto que vivió el sureste en un siglo, y la Ciudad de México en tres décadas) nos está obligando a un balance amplio y detenido ¿enfrentamos ahora de mejor manera nuestros propios desastres? ¿contamos con una organización institucional y un esquema de actuación adecuado? ¿conocemos nuestros riesgos y vulnerabilidades y hemos actuado en consecuencia?

LOS RISGOS EN LOS QUE VIVIMOS

CIUDAD DE MÉXICO, 14MAYO2019.- Debido a la gran concentración de micropartículas PM2.5 fue activada la fase de Contingencia Ambiental Extraordinaria en el Valle de México. En un comunicado, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME) recomendó no realizar actividades al aire libre.
FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

“Por lo menos 65 millones de personas se asientan en zonas urbanas y rurales con alto riesgo de impacto de huracanes, tormentas atípicas de gran intensidad, inundaciones, sequías y, no menos de la mitad de la población, vive en zonas de riesgo sísmico”.

El peligro, la vulnerabilidad y el riesgo mexicanos ha venido en aumento: para algunos autores el estándar de riesgos comenzó a crecer de un modo significativo a partir de 1994: “Al menos desde esa fecha, los desastres han aumentado en magnitud, complejidad, frecuencia e impacto económico” (Provencio, E. Desastres: de la gestión de crisis a la reducción de riesgos. Foreign Affairs en español, abril-junio 2006).

En general, los factores que explican esta situación son bien conocidos: sobreexplotación de los mantos acuíferos, cambio climático, mayor interdependencia con fenómenos internacionales y muy especialmente, la continua irregularidad de los asentamientos humanos.

El estudio de ONU-HÁBITAT y SEDESOL en esta materia (que data del año 2011) y que establece tendencias de largo plazo afirma “cerca de 90 mil hogares al año, se instalan en zonas no aptas para la vivienda, ya sea por ser zonas de riesgos sísmicos, taludes, suelos inestables o en exceso húmedos, zonas de infiltración, entre otras causas”.

De tal modo, el balance mexicano sobre su “avance hacia la resiliencia” arroja evidencias muy malas y hoy, se nos vuelve a aparecer bajo la forma de una capa nubosa y tóxica respirada por millones de chilangos.

Como en muchos otros terrenos, el retroceso lo produjo la administración de Peña, pero el gobierno federal actual no hizo sino profundizar nuestra indefensión. Lean esto: si en 2018 el presupuesto para el Centro Nacional para la Prevención de Desastres había sido reducido a 81.9, para 2019 esa cifra desciende a un sótano histórico: 65.5 millones de pesos. ¿Y el Fondo Nacional para Atención de Desastres (FONDEN)? De 24.6 mil millones de pesos, 3.6 mil millones, ¡la octava parte!

¿Y la protección de nuestros bosques y la prevención contra incendios de la que se encarga la Comisión Nacional Forestal? Se redujo 33 por ciento en el presupuesto 2019 del nuevo gobierno, lo que implica ¡un descenso acumulado 70 por ciento desde 2015!

PRIORIDADES PATAS ARRIBA

Como nos lo ha venido a recordar la contingencia de esta semana, las prioridades nacionales están patas para arriba, prioridades que se expresan en números en el Presupuesto de Egresos y en conceptos, en el Plan Nacional de Desarrollo.

México es demasiado grande y son demasiado profundos y enredados sus problemas como para que la solución sistemática sea la sistemática entrega de dinero líquido a grupos seleccionados y empadronados.

La contingencia declarada hoy, nos advierte que debemos hacer un alto en el camino. Con especial urgencia nos corresponde realizar un balance de las capacidades para gestionar los riesgos y brindar seguridad a los ciudadanos. Contingencia atmosférica es solo uno de los riesgos, pero es previsible una época de estiaje más severa (guerras de agua ya son un hecho en algunas regiones del país), estamos a semanas de la temporada de huracanes y solo si tenemos suerte este año nos escaparemos de los terremotos y de su devastación.

Porque si estos eventos ocurren nos tomarán indefensos, con el aparato de protección debilitado como nunca y con los presupuestos para la atención de desastres más bajos en todo el siglo XXI.

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