Cinque Terre

Germán Martínez Martínez

[email protected]

Escritor. Fue director artístico del DLA Film Festival de Londres y editor de Foreign Policy Edición Mexicana. Doctor en teoría política.

López Velarde: el poeta menor

De la valoración que Octavio Paz hizo de Ramón López Velarde, “es un gran poeta menor”, yo me quedo con que fue un poeta menor. Paz lo describió así en un post-scriptum de 1987 a su principal ensayo sobre ese poeta, “El camino de la pasión: Ramón López Velarde”, originalmente publicado en el libro Cuadrivio (1965). Consciente, como de costumbre, sobre posibles reacciones a sus escritos, Paz se adelantaba aclarando, “a los suspicaces —a los agudos y a los romos—“, el sentido de su frase: “Catulo es grande y menor al lado de Virgilio”. En México, el 19 de junio de 2021 se conmemora el centenario de la muerte de López Velarde, sin problematizar en el ambiente extraliterario por qué sería un escritor significativo.

Innumerables homenajes al poeta Ramón López Velarde.

Había razones para que Paz esperara reacciones adversas a su descripción. López Velarde tuvo reconocimiento crítico en vida y tras su muerte fue celebrado de manera oficiosa, comenzando por su entierro, auspiciado por el presidente Álvaro Obregón. La atención prestada volvió a López Velarde integrante —y ahí se mantiene—, del panteón cultural nacional que, se asume, sólo merecería glorificación. Esto incide tanto en lectores ocasionales e intensivos, como en públicos ajenos a la lectura. Por esto, me interesa la recepción de la idea de la obra de López Velarde: conlleva que sus poemas no necesariamente sean leídos pero que se les suponga una dimensión literaria que podría no corresponderles y, sobre todo, que los caracteriza de manera inexacta. Si se le piensa como persona que buscaba destacar públicamente López Velarde tuvo la oportuna ocurrencia de escribir el ensayo “Novedad de la patria” y “La suave patria”, un poema que se convertiría en obligación escolar —aunque sus versos difícilmente sean comprendidos por los niños o sus profesores. En cambio, pensándolo sólo como artista, López Velarde tuvo la desdicha de escribir un poema que, con el paso de las décadas, en discursos oficiales y por la forma en que esos halagos han permeado en la sociedad, se ha creado la impresión de que la aportación literaria de López Velarde habría sido un poema laudatorio sobre México.

El escritor Ramón López Velarde.

Como rector de la universidad, el nacionalista José Vasconcelos —de disposición paternalista y estatista, independientemente de sus metamorfosis políticas—, fue parte del ceremonial que calificó a López Velarde como poeta nacional. La figura no es familiar a los mexicanos del siglo XXI, pero el “poeta laureado” que existe en otras sociedades ofrece un punto de comparación. En Estados Unidos y Gran Bretaña los poetas laureados son oficialmente designados como tales y su función es escribir poemas para ceremonias gubernamentales —que mentalidades como la de Vasconcelos consideran “estatales”. Como es de suponerse, la tarea del poeta laureado con frecuencia lleva a controversias alrededor de la superstición de la representatividad. La cultura oficial, sin embargo, precisamente pretende erigirse en punto de referencia y dar pretexto a otra suposición insustancial: el orgullo nacional.

El libro de Guillermo Sheridan sobre López Velarde.

Magnificar la importancia de una obra, o de su autor, poco ayuda para promover la lectura o la apreciación de las artes, aunque acaso dé elementos de cohesión social. La recepción que existe de López Velarde es paralela a la que se ha generado alrededor de Frida Kahlo y Diego Rivera. No es casualidad que fuese Vasconcelos —como secretario de educación—, quien comisionó murales nacionalistas en instalaciones del gobierno a Rivera: era la lógica política, más que estética o moral de Vasconcelos. Hay que evitar la simpleza de negar valor a las pinturas de Rivera y Kahlo, o a los poemas de López Velarde, pero quiero expresar que no conviene que el criterio de valoración artística provenga de los gobiernos ni, peor aún, de la reproducción y apropiación social de tales planteamientos. En este centenario, el actual gobierno de izquierda celebra a López Velarde y “La suave patria”, aunque sea un poema socialmente conservador, atento a las “virtudes” del “mujerío” de México. ¿Pluralismo o inercia del elogio vano?

Aunque la cultura oficial incide en el medio intelectual, el problema en que me he enfocado tiene que ver con embrollos que se provocan en un público amplio, quienes, por ejemplo, no se enteran de las opiniones de Domínguez Michael —quien ha escrito sobre la imposibilidad de López Velarde como poeta nacional. De manera semejante, en 2017 se presentó la exposición Picasso y Rivera: conversaciones a través del tiempo, en el Palacio de Bellas Artes. Imagino a personas que, de oídas y aun visitando las salas, se quedaron con la idea de que Rivera sería equiparable a Picasso. Hago la distinción: hablo de algo diferente a la curaduría de la exposición, igual que con López Velarde me refiero a algo apenas tangencialmente relacionado con el interés y aprecio que ha producido libros de estudiosos como Guillermo Sheridan (Un corazón adicto) o del poeta Ernesto Lumbreras (Un acueducto infinitesimal). Disfrutar el arte no es concurso de rangos. No obstante, mi preocupación es la confusión inducida: el entorno que propicia ver una obra —que es uno o dos párrafos en la historia del arte del siglo XX—, como indiferenciable de Picasso, una de las mayores fuerzas creativas de la humanidad.

Cuando alguien lee “La suave patria” con el peso de creerlo el gran poema de México, acercándose por primera vez a la poesía, es factible que termine convencido de que la poesía en general le es ajena; mientras que, si leyera alguno de los poemas de López Velarde sobre sus dilemas sexuales y amorosos, el resultado podría ser diferente. Con el referente de las ceremonias, López Velarde puede haber perdido lectores potenciales. Leer y releer a Ramón López Velarde requiere liberarse de una serie de distorsiones que se toman por hechos. La cultura oficial nacionalista es de los factores más perniciosos para una apreciación razonada de las obras y es, casi siempre, impedimento para una relación viva con las artes.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password