Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Lloronas

Ay de mí llorona, llorona
Ayer lloraba por verte llorona
Hoy lloro porque te vi

El paraíso no existe, pero el infierno como diría el poeta, está al acecho dentro de tu mente. Una mente atroz capaz de causar las más exóticas torturas. Nuestra imaginación nos hace capaces de ser dioses creativos o bestias destructivas. Reitero cada vez que puedo la historia de cómo mi abuela al enterarse de la pederastia, exclamaba incrédula que eso no era posible, su mente era incapaz siquiera de imaginarlo; le resultaba tan absurdo como un unicornio tornasol corriendo por San Ángel (barrio que durante mi infancia y hasta su muerte, le dio residencia). Imagino entonces qué pensaría ella tan católica de los pederastas de la Iglesia, de la complicidad de un Papa que tantas veces la hizo llorar.

Qué pensaría de Ingrid desollada o de Fatima secuestrada; de unos niños viendo a su padre apuñalar a su madre Abril; de una pequeña de once meses violada por su padre. El México de sus recuerdos se fue; su mente ingenua no hubiera resistido nunca lo que sucede hoy en las calles de San Ángel, en las escuelas de Tampico o en el Ángel de la Independencia. No creo que los tiempos de mi abuela fueran mejores, no porque la nostalgia es una trampa, además de recurrente falaz; pero nunca antes sentimos que Comala en vez de ser un sitio de ficción, era nuestra tierra de muertos anticipada por un autor.

Sería falso decir que en mi casa como en tantas otras de esta nación no se vivía el machismo. Son recurrentes las licencias sexuales, laborales, conductuales que se permitían a los hombres. Por otro lado era recurrente la crítica, la imposición silenciosa y la subordinación obligada que hasta hoy sentimos y asimilamos incluso como una firma de seducción. Hoy incluso retaría a mis amigas, alumnas e hijas a que juraran por su honor que no viven momentos de angustia, que no caminan una sola vez en un campo minado cada que su pareja, su jefe o su padre se enoja, pierde algo o se enfrenta al más mínimo contratiempo; acostumbradas a resolver, dispuestas a dar aliento, culpables de no sé qué. Y a mí, mi abuela y mi madre, como a muchas mujeres más, nos levantaban los ojos y la voz: -atienda al señor muchachita, ¿dónde están sus modales? -Y no rezongué que se va a arrugar. Pero el hombre no es el tirano ni tampoco la mujer. Muchos son tan víctimas como nosotras, aquellos que no se pueden calzar el traje de patriarca, de depredador, de autoritario. Como nosotras que queremos andar todo terreno y sin restricciones porque nuestras diferencias, marginales no comienzan por los genitales, como los niños que fuimos cabíamos en todos los juegos. Fue al crecer que nos tragamos ese chisme que llamamos patriarcado.

Y pienso que el marido de Érika se volvió un monstruo al confundir el éxito con la embriaguez corporativa y su mujer e hijos no eran más que un obstáculo en el camino. Y la bestia que desolló a Fátima es una masa adulterada de alcohol y los mil un vicios del desánimo. Que los raptores y violadores de niños son fantasmas que engendró la locura.

Pero el loco del Palacio es el alma más lúgubre de este cuento de terror. Obstinado engendro de Comala jugando a las rifas y caminando desnudo mientras su corte le aplaude los pellejos, haciéndole creer que trae puesta la capa de estadista. Quitando subsidios y desamparando enfermos para comprar voluntades, cercando su mundo como el príncipe Próspero. Sabe señor, la muerte escarlata ha entrado también a Palacio y tiene rostro de mujer. Ni todas sus súplicas ni todas sus rifas, ni una más de sus quejas o súplicas callaran a estas lloronas que cada día perdemos a 10 más de nuestras niñas, de nuestras hermanas, de nuestras madres; no se las lleva la muerte, nos las arranca la tortura, las despelleja la indiferencia, las acribilla un hombre que pudo cuidarlas (sí, porque los hombres y mujeres de esta especie animal nos distinguimos por nuestra capacidad de cuidarnos) mientras usted disimula, mientras usted se bate a duelo con la entelequia que ha dado en llamar “neoliberalismo”, no es usted un Quijote aunque pretenda matar al caballero de los espejos.

Mientras usted se obstina en jugar quemados con la prensa o en marcarnos con motes y desatinos., disculpe usted si estas lloronas le salpican con el llanto sus portones y paredes.

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