Cinque Terre

Javier Solórzano

Linchamiento o justicia

Soltar nombres de presuntos responsables de delitos o irregularidades por lo general si a alguien le cae bien es a la tribuna.

No hay quien lo pase por alto porque se vuelve rentable, tanto en redes como en medios. Poco importa si al paso del tiempo los personajes aludidos terminan por ser inocentes, lo que queda es que se les señaló y difícilmente se van a poder quitar la imagen que en pocos minutos se creó de ellos y ellas.

No se soslaya que mucho de lo que se ha hecho en el país, bien y mal, se ha desarrollado a través de formas y mecanismos cuestionables. La corrupción, paradójicamente, también ha sido parte de proyectos que le han sido redituables al país lo que no los hace parte de lo que debiera ser la vida nacional.

Si tenemos a la corrupción como una forma de vida, tiene, hasta cierto punto lógica que algo de lo que se haya hecho haya salido, por decirlo de alguna manera, “bien”. No se justifica y menos aún se debe dejar pasar, pero lo cierto es que con la corrupción a cuestas podrían presentarse muchas cosas de toda índole. Así es como nos la hemos pasado a lo largo de décadas.

Sin embargo, la idea de que todo está mal y que desde que llegó el nuevo gobierno todo está cambiando no tiene su referente con los hechos. Se han presentado varios asuntos que han evidenciado errores, falta de planeación, consultas sesgadas, opacidad, ausencia de licitaciones, imposiciones, conflictos de interés, entre otros.

Esto no quiere decir que las cosas no estén paulatinamente diferentes, quiere decir que el gobierno nuevo en muchos casos está cayendo en todo aquello que se prometió y se dijo asimismo que  nunca diría y menos haría.

El pasado para el nuevo gobierno nos condena como nación. Todo lo que se hizo antes está mal y todo está marcado y definido por la corrupción. No hay quién se salve y quizá por ello se lanzan nombres de presuntos responsables de delitos y denuncias que al final pueden no necesariamente ser ciertas ni se demuestran ante la justicia.

El Presidente ha expresado que no quiere meterse en largos juicios ni en escándalos, argumentando que le puede quitar tiempo y atención de lo que se ha propuesto hacer.

Sin embargo, el gobierno debería ser cuidadoso en soltar nombres de presuntos responsables de delitos, y en hacer señalamientos de asuntos ante los cuales no va a dar un segundo paso.

Pareciera que está buscando más que hacer justicia, denostar y desacreditar a personajes del pasado que tanto fustiga y señala. Si bien muchos seguidores del gobierno toman lo dicho en las mañaneras como la “verdad”, también es cierto que las personas aludidas tienen derechos, más allá de ser la comidilla del día, producto de las afamadas y largas mañaneras.

No está nada fácil desmarcarse de la abrumadora ola de opiniones que se echan a andar por parte de los furibundos seguidores del Presidente.

Lo de ayer es un buen ejemplo. ¿A quién creerle, a lo que dijo el director de la CFE sobre los conflictos de interés y corrupción señalando a un buen número de conocidos exfuncionarios, o lo que ellos se han dedicado a responder?

Si no se da un segundo paso todo va quedar en la denostación, que no en la justicia. El gobierno sabe que en los terrenos de la opinión pública tiene la batalla ganada, López Obrador intenta por lo regular, meter ciertos asuntos bajo esta dinámica, los cuales pueden terminar bajo la máxima de “la mesa que más aplauda”.

Sin un segundo paso viene el linchamiento y esto no tiene nada que ver con la justicia.

RESQUICIOS.

El presidente del Morelia dijo hace algunos días que la violencia le había pegado al equipo en todos los órdenes. Muchos jugadores optan por no jugar en el club porque, entre lo que les cuentan y lo que saben, mejor se hacen a un lado. Muchas cosas no se conocen porque no se han hecho públicas, pero son de terror para jugadores y hasta para aficionados.


Este artículo fue publicado en La Razón el 12 de febrero de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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