Cinque Terre

Nicolás Alvarado

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Periodista

La libertad está amenazada (y la igualdad y la fraternidad tampoco andan muy bien)

Libertad. Igualdad. Fraternidad. Valores republicanos. No sólo en Francia, origen del republicanismo moderno internacional, sino en cualquier democracia que se precie de serlo.

Mi voz se ha sumado a muchas –soy uno de los 600 del famoso desplegado– que afirman que en México hay una amenaza a la libertad de expresión desde el Ejecutivo. Pero nos hemos quedado cortos: la política de comunicación del gobierno federal exhibe un antirrepublicanismo acaso más ambicioso.

Libertad

Un periodista connotado pierde su espacio. ¿Cómo explicar esto cuando es líder de audiencia en su horario? Habrá que factorizar su postura política adversa al gobierno, el hecho de que los medios electrónicos en México son concesiones federales, el papel del Estado como gran anunciante.

Getty Images

Hablo de Carlos Loret de Mola, opositor al régimen actual. Quienes repliquen que Carmen Aristegui, opositora al anterior, sufrió idéntica suerte tendrán razón. Pero los actos de autocensura de los concesionarios motivados por la presión política de una administración no pueden ser justificados con el argumento de que en la anterior sucedía lo mismo. Los embates del peñismo contra Aristegui fueron preocupantes; los del obradorismo contra Loret no hacen sino confirmar que nada ha cambiado: censurados una y otro, víctimas ambos –y sus espectadores– de regímenes represores, que obran lucro político con la capacidad jurídica y financiera del Estado.

Y el problema se ve agravado. Ahora, de la noche a la mañana, un columnista crítico del gobierno aparece concentrado de manera exclusiva en las elecciones estadounidenses, otro es sustituido en las páginas políticas por una voz proclive al régimen y relegado a la sección de soft news. Por no hablar del embate de un gobierno que asesta a Nexos una multa que equivale a más del mil por ciento de la contratación que la hiciera objeto de ella, y la inhabilita por dos años no sólo para recibir publicidad federal sino para distribuir sus productos en las librerías del Estado (que constituyen la red más grande del país).

Son prácticas que no se veían desde el sexenio de Salinas. Y que evidencian una estrategia del gobierno federal para ahogar las voces críticas por medio de la presión política, financiera y jurídica.

Igualdad

Letras Libres puede distribuirse en las librerías públicas. Enrique Krauze, Jesús Silva-Herzog Márquez, Sergio Sarmiento, Jorge Ramos, el propio Loret de Mola siguen publicando. Reforma y El Universal siguen editándose. ¿Está coartada su libertad de expresión? No. Porque no hay manera jurídica de lograrlo. Lo que hace entonces el gobierno es someterlos a una campaña de ataques, cuyo vocero principal es el presidente de la República, y que se produce en condiciones de inequidad. Porque las transmisiones en que son difamados son financiadas con recursos públicos (y pingües). Y porque, en abuso de su investidura, quien debiera gobernar para todos los mexicanos reduce a sus detractores más conspicuos a una suerte de ciudadanía de segunda, los asimila a una mafia corrupta por el hecho de estar en desacuerdo. Que no haya censura directa no hace menos preocupante el hostigamiento político.

Fraternidad

“Los movimientos populistas ponen … un fuerte énfasis en el poder de los afectos para la movilización política, así como para apuntalar el sentimiento de que existen mundos extraños entre sí que están enfrentados, y erigen barreras irremontables entre ‘ellos’ y ‘nosotros’”, observa Pierre Rosanvallon en El siglo del populismo. En una visión populista, esta premisa permitirá justificar “el odio que es legítimo manifestarles”.

La política de comunicación del gobierno atenta contra la libertad de expresión, lo hace en condiciones desiguales para sus víctimas y persigue una polarización que busca producir expresiones sociales binarias, plebiscitarias.

No es sólo la libertad de expresión: hoy en México los valores republicanos están bajo amenaza.

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