Cinque Terre

Rafael Hernández Estrada

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Fundador y consejero nacional del PRD, fue su diputados federal y representante electoral. Se desempeña como asesor parlamentario y analista político.

Liberales contra conservadores

Con su campaña proselitista de cada día, Andrés Manuel López Obrador viola en forma contumaz y reincidente los mandatos constitucionales y la normatividad electoral, lo que lo convierte en violador serial de la Constitución. A su cuenta de transgresiones se deben añadir las que muy seguido comete contra el Estado Laico, las que, además, lo califican como liberal de palabra y conservador en los hechos.

La Constitución mexicana establece tres características de laicidad del Estado:

  • La libertad de pensamiento y de culto religioso, que es un derecho humano garantizado en el artículo 24
  • El carácter laico de la República, que se proclama en el artículo 40
  • La separación entre las Iglesias y el Estado, elevada a la calidad de principio histórico en el artículo 130

A la hora de decidir o cambiar su preferencia en materia de creencias, las personas tienen tres opciones: 1) creer en uno o varios dioses y elegir el credo religioso correspondiente (opción religiosa); 2) no creer en ningún dios, basar su vivencia espiritual en consideraciones éticas (opción atea); o 3) dudar de la existencia divina, aunque sin descartarla (opción agnóstica).

Para que las personas escojan en forma plenamente libre sus creencias entre estas u otras opciones, el Estado debe guardar neutralidad en la materia: no debe imponer o promover una religión o creencia religiosa oficial, ni tampoco el ateísmo o una postura antirreligiosa. Esta es la forma en que se garantiza efectivamente la libertad de pensamiento de las personas, que así transcurrirá sin presiones ni imposiciones. Cosa contraria sucede en los regímenes fundamentalistas, confesionales, lo mismo que en los países en donde se pretende implantar el ateísmo como doctrina oficial.

El mandato constitucional de neutralidad que protege a la libertad de creencias obliga al Presidente de la República, pero López Obrador lo ignora y lo viola en forma recurrente. La doctrina liberal pugna por el Estado laico, tal fue la idea que defendieron Benito Juárez, Valentín Gómez Farías, Sebastián Lerdo de Tejada, Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez “El Nigromante” y todos los liberales en la historia de México. El huésped del Palacio Nacional se dice juarista, pero su conducta es ajena al ideario liberal, ya que pretende imponer una religión oficial desde el poder (aunque en su caso se trata de una mescolanza que él hizo tomando retazos de alguno de los tantos cristianismos evangélicos, de un cierto “catolicismo de base” y una versión folclórica del new age).

La del líder de la 4T es una posición tan conservadora e inconstitucional como la intervención del clero católico en las campañas electorales y en la definición de las políticas públicas.

El presidente hace proselitismo religioso cuando promueve sus peculiares creencias y “valores”, para lo que utiliza indebidamente las instalaciones oficiales y los recursos públicos. Apenas el 4 de junio preconizó su cristianismo evangélico y adoctrinó cual pastor desde el Salón Tesorería, con transmisión en vivo a través de la cadena nacional de radiodifusión pública.

En otras ocasiones se ha propuesto el concepto de “acoso al Estado laico” para describir las recurrentes infracciones cometidas desde los gobiernos del partido Morena. Pero los acontecimientos recientes muestran dos cosas con claridad: que está en marcha una ofensiva contra el Estado laico y que ha sido decretada desde el despacho presidencial.

Cincelada: Tiene a su lado a Manuel Bartlett, que era director en la SEGOB durante el “halconazo” del 10 de junio de 1971, pero quiere homenajear a las víctimas. ¡Qué descaro!


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