Cinque Terre

Juan Villoro

Escritor, autor de "El Testigo". Ganador del Premio Herralde de Novela 2004 y del Premio Rey de España por su texto "La Alfombra Roja, el imperio del narcotráfico".

Lógica 0

Millones de autos y el frenesí constructor del gobierno capitalino hacen de la Ciudad de México un hábitat asfixiante.


Conocí en San Miguel de Allende a un norteamericano en perfecta armonía con el mundo cuyo proyecto vital sólo tiene una exigencia: "respirar". Naturalmente, le aconsejé que no visitara la Ciudad de México.


Los saxofonistas, los yoguis, los monjes zen y los buzos han convertido la respiración en un arte. Los demás nos conformamos con que no se nos tape la nariz. Por desgracia, nuestro asfixiante hábitat nos recuerda la existencia de las fosas nasales.


La primera impresión olfativa de quien aterriza en el DF es excrementicia. El aeropuerto está sobre una cloaca. Sin embargo, percibir ese tufo insano significa que aún puedes inhalan.


Escribo previendo los trastornos respiratorios que ocurrirán con la inversión térmica ¿He caído en la exageración, vicio del novelista que comenta la actualidad? Pasemos de la paranoia a la estadística, forma superior del espanto.


Desde hace unas semanas, 332 mil vehículos que no podían circular todos los días regresaron a las calles con calcomanía 0. Son suficientes para embotellar Montevideo..Además, la mayoría consiguió su calcomanía con un recurso circense: el "brinco". Numerosos "verificentros" son simples casetas de cobraduría con decorado automotriz; por 500 pesos, un modelo humeante es declarado ecológico.


332 mil coches fueron readmitidos a un caos de casi cuatro millones de vehículos. Colombia tiene tres millones y medio de coches y Perú, dos millones 200 mil.


Y la expansión no se detiene. Escribo este artículo un día antes de que usted lo lea. En lo que esta frase llega a sus ojos, se habrán vendido mil 500 coches.


El gobierno capitalino vive en estado de frenesí constructor. El segundo piso del Periférico, los distribuidores viales y la Supervía buscan favorecer la circulación. La estrategia se guía por el mismo principio racional que enfrentamos al comer tamales: cuando le quitas la hoja a otro de elote, descubres que te falta atole. Las avenidas nunca superarán en crecimiento a los coches. La única solución es mejorar el transporte público y controlar la circulación de autos.


De acuerdo con el análisis que Castrol hace a las principales ciudades del mundo, el peor tráfico es el de Jakarta, luego viene el de Estambul y el de la Ciudad de México (Guadalajara está en noveno lugar). Hace 'apenas unos días, Reforma publicó la alarmante noticia de que tenemos doce horas pico. Dentro de poco, la jornada laboral será inferior al tiempo de traslado.


El mexicano es paciente: puede soportar n.años del mismo partido en el poder y otro Mundial sin llegar al quinto partido. Pero el tráfico ha calado en su ánimo, según mostró el IBM Global Commuter Pain Survey. De todas las tribus que sufren al volante, no hay otra más agobiada que la chilanga, que se llevó el primer lugar con 108 puntos de padecimiento, seguida por Nairobi con 88 y Nueva Delhi con 72.


Las macrópolis subsisten regulando el uso del automóvil. En Los Ángeles hay carriles de alta velocidad para quienes llevan más de un pasajero, en Florencia sólo pueden ingresar a ciertas zonas quienes ahí viven o trabajan, en Manhattan no hay forma de escapar a los parquímetros o a los estacionamientos con tarifa de abogados.


La actual política de vialidad es una desigual carrera contra el destino: avenidas que desquician mientras son construidas y resultan insuficientes cuando se terminan.


Para colmo, las obras viales no sólo interrumpen la vialidad sino el sentido común. El sábado salí del aeropuerto y tomé Circuito Interior. En el entronque con Viaducto, un amable letrero podría habernos informado que más adelante se acababa el camino; no fue así y nos encontramos en vía muerta: un puente estaba en reparación y tuvimos que avanzar a ritmo de penitencia rumbo a la lateral. En vez de que ahí se agilizara el tráfico con agentes que permitieran pasar el semáforo en rojo, nos sometimos a la tortura de esperar en quince ocasiones la luz verde.


Otro ejemplo entre muchos: vivo a unas calles de un nuevo centro comercial, que lleva el bucólico nombre de Oasis. El edificio estuvo perfectamente planeado para albergar miles de coches. Lo que no se planeó fue la ciudad para llegar ahí. La esquina de Universidad y Miguel Ángel de Quevedo ya prefigura el apocalipsis.


El amigo cuyo objetivo de vida es respirar sería un disidente en la Ciudad de México. Quienes hasta ahora respiramos por costumbre, Pronto lo haremos por emergencia.


Llegará el día en que los conductores, como los mineros, lleven una jaula como un canario. Cuando el canario muera, abandonarán el coche.

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