Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Lecciones del BREXIT (para Donald Trump)

“Miren que me voy…” parece decir Donald Trump a México y Canadá, a propósito de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) 2. 0. Esa frase se podría complementar con un “… a menos que ustedes hagan lo que yo digo…”. Por supuesto que de Trump ya nada sorprende. La semana pasada se desató un nuevo escándalo a la luz de las declaraciones de Michael Flynn, ex asesor de seguridad nacional del mandatario estadunidense, quien afirmó que mintió a la Oficina Federal de Investigación (FBI) acerca del diálogo que mantuvo con el ahora ex Embajador de Rusia en Estados Unidos, Serguéi Kysyliak respecto a unas sanciones que el entonces presidente Barack Obama impuso a Rusia el 29 de diciembre de 2016 por su papel en el robo de documentos al Partido Demócrata. Con estas aseveraciones de Flynn, que previsiblemente involucran a otros funcionarios, Trump ya no ve la suya, lo que sugiere que necesitará dar un golpe de timón y, como se comentaba en este mismo espacio la semana pasada, el anuncio de que Washington abandonará el TLCAN podría ser su “jugada maestra.”

De hecho, a estas alturas es posible encontrar paralelismos entre la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la postura trumpiana de abandonar el TLCAN. Claro que también hay diferencias. En el caso británico, el llamado BREXIT, proceso encaminado a retirar a Reino Unido de la Europa comunitaria, fue el resultado de un referéndum efectuado el 23 de junio de 2016, en el que el 51. 9 por ciento del electorado votó a favor de la salida -cabe destacar que en esta consulta sufragó el 72. 2% del electorado-. Por supuesto que comparar a la Unión Europea con el TLCAN arrojaría diferencias abismales entre ambos, toda vez que, en el primer caso, se trata de un proceso de integración de carácter supranacional que arrancó en 1957 -es decir, hace 60 años- con los Tratados de Roma-. Por cierto que, Londres no fue fundador de esta iniciativa, toda vez que se adhirió 17 años después -en 1973-. En cualquier caso el TLCAN, por su parte, es un tratado comercial intergubernamental que entró en vigor el 1 de enero de 1994 y que cuenta, en la actualidad, con 23 años. Sus tres miembros, México, Estados Unidos y Canadá, se han mantenido en el mismo barco si bien una de las propuestas de la administración Trump es renovarlo, a partir de que el TLCAN 2. 0 entrara en vigor, cada cinco años.

Los promotores de que Londres abandonara la Unión Europea argumentaron, en la campaña correspondiente, que el Reino Unido daba mucho dinero a la Europa comunitaria y que los beneficios que recibía a cambio eran magros -¿suena conocido el argumento?-. Para los impulsores del BREXIT, una vez fuera de la integración europea, el país contaría con esos recursos, mismos que se destinarían, entre otras cosas, a financiar los servicios de salud británicos. Considerando los resultados del referéndum, el país quedó muy dividido: Londres, Gibraltar, Escocia e Irlanda del Norte favorecieron la permanencia en la Unión Europea, en tanto el resto de Inglaterra y Gales apoyaron la salida. Este resultado provocó una crisis en la Unión Europea, pero también generó la percepción de un auge del conservadurismo en Reino Unido. Al conocerse los resultados, Países Bajos, fundador de la Europa comuitaria, anunció que llevaría a cabo un referéndum en términos similares, si bien al paso del tiempo, el apoyo de la sociedad a esa posibilidad ha declinado. Con todo, los ecos del BREXIT no han dejado de hacerse escuchar en el viejo continente y el referéndum de Cataluña del pasado 1 de octubre, aunque ilegal, es otro ejemplo de ello.

La salida británica requiere arduas negociaciones con Bruselas, pero se estima que se haría efectiva el 30 de marzo de 2019. Tras conocerse los resultados del 23 de junio de 2016, numerosas voces se pronunciaron por un segundo plebiscito, aunque sin éxito.

¿Es posible dar marcha atrás al BREXIT? El año pasado, muchos lo consideraban descabellado, pero hoy la situación es distinta. Con la resaca post-BREXIT y a 16 meses de distancia, hay personajes muy influyentes que consideran factible detener el BREXIT, entre ellos el ex Primer Ministro Anthony “Tony” Blair. Se sabe que él ha sido un fuerte opositor a que su país salga del BREXIT y ahora apoya su postura en el hecho de que el sistema de salud británico no está recibiendo los recursos prometidos por quienes impulsaron el referéndum. Él ha señalado igualmente que la situación económica del país empeorará con la salida de la Unión Europea y que existen argumentos suficientes para llevar a cabo un nuevo plebiscito, para el que, sostiene Blair, será necesario contar con el apoyo del electorado que suele apoyar al Partido Laborista, porque muchos de sus militantes aceptaron la posibilidad del BREXIT por razones culturales y económicas. Blair piensa que si las demandas de estas personas son satisfechas adecuadamente, hay condiciones para revertir la partida de Londres de la Europa comunitaria.

Independientemente de lo que ocurra con Reino Unido y la Unión Europea, el proceso del BREXIT deja muchas enseñanzas. La primera y más clara es que los beneficios prometidos -mejorar los servicios de salud de los británicos- no se cumplieron. Aunado a ello, el país ha resentido el impacto económico del proceso. En tercer lugar, el electorado en el país se mantiene dividido en torno al tema, lo que abona a los soberanismos que existen en diversas partes del Reino Unido -y allende sus fronteras. En cuarto lugar, el BREXIT ha tenido impactos negativos en la Europa comunitaria, aquejada por otros tantos desafíos, como la crisis migratoria, el terrorismo y otros más, que reclaman su atención y solución.

Igual que en el caso del BREXIT, si el Estados Unidos de Trump decidiera retirarse del TLCAN, se requerirían numerosas negociaciones con México y Canadá, dado que existe una relación de interdependencia que no podría interrumpirse, a riesgo de un costo político y económico enorme para los tres países. Entre los argumentos de Trump para iniciar la renegociación del TLCAN fue que los empleos en el sector manufacturero estadunidense se han perdido a favor de México en el marco del TLCAN. Trump culpa también a sus dos socios norteamericanos de ser mayormente responsables del enorme déficit comercial que guarda Washington con el mundo. Por lo tanto, la renegociación del TLCAN 2. 0 y la eventual salida de EEUU del tratado comercial norteamericano buscaría generar empleos en aquel país y reducir su déficit comercial. Ambos objetivos son irreales, dado que ni México ni Canadá son los principales causantes del déficit comercial estadunidense, como tampoco es plausible generar empleos en el vecino país del norte sin una política laboral e industrial definidas.

Los procesos de integración, como el que se ha desarrollado en los pasados 60 años en la Unión Europea y de liberalización comercial como el que se ha producido a lo largo de 23 años en el caso del TLCAN, son cosa seria. Tomarlos como rehenes de intereses de ciertos grupos o personajes, no es deseable, dado que, a final de cuentas, el electorado, en su día a día, es quien sufrirá las consecuencias. Por supuesto que tanto la Unión Europea como el TLCAN son perfectibles, pero no será posible mejorarlos o reformarlos con posturas como las descritas. Los británicos, según Blair, ya se están arrepintiendo del BREXIT. ¿Pasaría lo mismo con Estados Unidos, en el caso de que Trump haga efectiva la amenaza de retirar a su país del tratado comercial norteamericano? A medida que pasan los días, Trump alimenta la encrucijada de su gobierno, al que suma cada vez con más frecuencia, nuevos escándalos. Evidentemente está urgido de resultados que satisfagan las expectativas del electorado. Pero no parece que sea capaz de tomar buenas decisiones.

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