Antonio Medina

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Coordinador y fundador de la agencia NotieSe

Las y los periodistas

“No se mata la verdad matando periodistas”, es una de las consignas que ha enarbolado el gremio periodístico mexicano en protestas por los crímenes contra periodistas y en su lucha por la defensa de la libertad de expresión de hombres y mujeres que ejercen esta noble profesión.

Hoy en México el periodismo es una actividad de alto riesgo, en donde la vida de quienes comunican corre peligro. Decir la verdad, criticar al gobierno, develar la corrupción de los hombres y las mujeres del poder, mostrar los otros datos, comprobar delincuencia de cuello blanco, exhibir complicidades o vínculos entre gobernantes y las mafias, puede significar la muerte para quienes firman notas, reportajes o artículos de opinión en periódicos o medios electrónicos.

En lo que va del actual sexenio se han asesinado a 28 periodistas en México. Previo a la ejecusión de estos crímenes, en algunos casos, las víctimas fueron advertidas con llamadas anónimas, atentados frustrados o sutiles mensajes desde el poder intimidatorio de gobiernos corruptos o desde las catacumbas de la delincuencia organizada.

Muchas han sido las formas de callar a voces críticas o disidentes en los medios, como la cooptación de directivos o propietarios que provoca la censura de periodistas, aunque también hay quienes sabiendo el poder que tienen, se venden al sistema. Un ejemplo emblemático de ello es el tristemente célebre Carlos Denigris, que a mediados del siglo pasado creó fama por usar el poder de la información de manera corrupta.

Ese periodismo hizo escuela en nuestro país y no ha dejado de existir. Se ve a leguas en muchos medios repletos de propagandistas, que sin recato alguno, hacen peitesía al señor presidente y a toda su clase política. Existe información pública de cómo el gobierno premia a medios leales con generosa publicidad, mientras que a otros medios, los que tienen en sus espacios a periodistas y articulistas críticos, son castigados al limitarles la compra de espacios publicitarios o de plano ejerciendo el terrorismo fiscal. No obstante ese ambiente adverso que ha construido el actual gobierno, persiste el buen periodismo, el que actúa con responsabilidad, con ética y profesionalismo a pesar del mundo podrido de la política y la delincuencia que actúa con violencia cuando son afectados sus intereses de grupo.

Pero son precisamente las y los buenos periodistas que no ceden a la corrupción y nos informan todos los días, nos dan noticias, investigan, indagan, cuestionan y confrontan con la verdad a quienes desde los poderes fácticos no quieren que esas verdades salgan a la luz pública.

Son esas mujeres y hombres quienes sostienen su compromiso ético aunque todos los días su vida penda de un hilo, pues las mafias desde el gobierno y el crimen organizado siempre están al acecho contra la prensa que no se calla y cumple con la función social de informar con veracidad.

Y no son solamente periodistas de los medios “mainstream” quienes están en la mira del poder, sino esos reporteros y reporteras de a pie, que no ganan las grandes fortunas en los medios de alto rating, sino quienes ejercen su profesión en el diarismo, en los más diversos escenarios de la sociedad que es donde se generan las noticias de la terrible realidad cotidiana, de las injusticias, del abuso de poder o donde el crimen organizado actúan por la falta de gobernabilidad.

Ayer, 25 de enero, hubo protestas en la gran mayoría de los estados del país por la creciente violencia criminal contra periodistas y por la clara tendencia del actual gobierno de estigmatizar a los medios y comunicadores que no se han señido a la línea que el presidente López Obrador quiere dictales. Protestaron por las medidas tibias para la protección de periodistas que han sido amenazados de muerte y se les ha abandonado. En fin, protestaron por la rabia y frustración que genera la pérdida de vidas de entrañables colegas.

Sirvan estas líneas como reconocimiento y solidaridad con las y los periodistas de nuestro país, que a pesar de la adversidad, todos los días salen al mundo a cubrir sus notas, realizan sus investigaciones, entrevistan y buscan datos fidedignos para mostrarnos a la sociedad la información y así gerantizarnos el derecho a conocer la verdad de los hechos públicos.

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