Cinque Terre

María Cristina Rosas

[email protected]mx

Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

La(s) epidemia(s) que viene(n)

México goza del reconocimiento internacional en materia de vacunación universal, lo cual no significa que el país carezca de desafíos en la materia. Siendo la población el recurso más importante de cualquier nación, garantizar a las personas el acceso a las vacunas, constituye el primer eslabón en la articulación y gestión de las políticas en materia de salud.

En México la salud suele ser un tema residual en las políticas públicas. Aun cuando en el país se ha venido haciendo salud pública desde, por lo menos, hace 150 años, no sería sino hasta hace poco más de una década que las autoridades la definieron por primera vez en el “Reglamento de la ley general de salud en materia de protección social en salud de 2004”.¹ Bajos presupuestos, políticas de gobierno que no de Estado, falta de infraestructura, de capacitación, de captación de los recursos humanos necesarios, limitada capacidad para producir medicinas y vacunas, acceso y cobertura insuficientes, presiones de las empresas farmacéuticas, son sólo algunas de las deficiencias que caracterizan al sector, pese a que los titulares de la Secretaría de Salud, creada hace 76 años, han sido en lo general médicos y figuras políticas destacadas que normalmente han ostentado cargos de gobernadores o de rectores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), o bien, han sido líderes de partidos políticos e, inclusive, precandidatos a la presidencia. Así, aun cuando el perfil de quienes han presidido a la Secretaría de Salud es, a grandes rasgos el de un capital humano calificado -especializados en las ciencias médicas-, desafortunadamente ello no ha empoderado a la salud como un tema prioritario en la administración pública.

A la salud se le valora y aprecia en ausencia. Con todo, en los dominios de la política nacional e internacional se sabe que un brote² tiene un costo político altísimo para los gobernantes, máxime si su incidencia³ y prevalencia4 crecen. El descontento y malestar social que genera la presencia de enfermedades, su propagación y la incapacidad de las autoridades para combatirlas con los recursos materiales y humanos adecuados, es la llave para el desprestigio y defenestración de cualquier mandatario (a), ello sin dejar de lado el potencial que tienen los problemas de salud para derivar, incluso, en amenazas a la seguridad.


FOTO: MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM

Asistencialismo y salud

Las políticas gubernamentales en materia de salud de diversas naciones -México incluido- han privilegiado, primero, la caridad y luego, el asistencialismo. Tanto en la Nueva España como en el México del siglo XIX, las divisiones sociales eran la norma, toda vez que mientras que, durante la colonia eran las clases dominantes -el virrey y su séquito- quienes tenían acceso a servicios médicos, el grueso de la población no podía siquiera aspirar a ello. De ahí que una forma de “subsanar” esta situación fuera a través de la caridad cristiana, la cual era vista como un acto -opcional- de “buena fe”, no una obligación de las autoridades hacia la totalidad de los gobernados -quizá conviene recordar la gran cantidad de enfermedades que padecieron los antiguos mexicanos como resultado de la Conquista y la manera en que padecimientos como la viruela, la sífilis y otras más, diezmaron a los habitantes originarios.

Por su parte, el asistencialismo fue un sistema más “democrático” que el de la caridad. El asistencialismo básicamente apuntaba a mejorar las condiciones de vida de las personas en una coyuntura determinada, claro que, sin atender el desarrollo de sus capacidades. Así, este esquema, si bien era más “políticamente correcto”, en la práctica generaba más pobreza5. Es justo decir que el asistencialismo sobrevive al día de hoy y que ello tiene que ver con el hecho de que las autoridades gubernamentales lo impulsan en aras de generar “soluciones” rápidas y de coyuntura, esencialmente porque ello les asegura el apoyo de la población en las urnas.6

En México no sería sino hasta la gestión de Guillermo Soberón Acevedo como titular de la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia, que se realizaron modificaciones al artículo 4° de la Constitución mexicana para garantizar el derecho a la salud, lo que, a su vez fue la pauta para la creación de la ley general de salud de 1984 y la transformación de la Secretaría de Salubridad y Asistencia en Secretaría de Salud. Parecía que el asistencialismo finalmente era superado y que, en adelante, México contaría con genuinas políticas de salud pública de Estado, esto es, permanentes. Sin embargo, la reciente escasez de vacunas para proteger a niños y niñas -y adolescentes- de enfermedades como la hepatitis B, amén del sarampión, la rubeola y la parotiditis (triple viral), revela que aún falta un largo camino por recorrer antes de que México cuente con políticas de salud pública apropiadas.

Las vacunas en México

La historia de la vacunación en México tiene en el doctor español Jaime Balmis, a su antecedente más importante. Este médico, quien fue designado de manera honorífica como miembro de la corte del rey Carlos IV, se propuso realizar expediciones a diversas partes del mundo para aplicar la vacuna contra la viruela en lo que ha quedado asentado en los anales de la medicina como un hito.

En 1753, Balmis, oriundo de Alicante, viajó a La Habana y de ahí se trasladó a la Ciudad de México, en donde prestó sus servicios como cirujano en el Hospital de San Juan de Dios en Morelia, donde estudió las enfermedades venéreas, dilucidando diversos tratamientos. Luego volvió a España y al convertirse en médico personal del rey Carlos IV, convenció a este de patrocinar expediciones en las diversas colonias del imperio para inocular la recién descubierta vacuna contra la viruela. Como se recordará, esta enfermedad ha sido responsable de millones de decesos en la historia de la humanidad y la investigación científica para buscar su erradicación se remonta a dos mil años. Los asiáticos encontraron, por ejemplo, que si introducían en las narices de las personas costras de quienes estaban infectadas, los receptores enfermaban, pero con una variante de la viruela no letal. Este fue el principio de la vacuna empleada por Balmis (y que a finales del siglo XVIII sería perfeccionada por Edward Jenner y en el siglo XIX por Louis Pasteur).

Pasó algún tiempo antes de que el legado de Balmis fuera honrado debidamente en México. Tras la independencia, las prioridades del país no incluían a la salud, dado que apremiaba garantizar la integridad territorial, mantener la independencia frente a los intentos de reconquista de España y las ambiciones de otras potencias europeas y de cara a Estados Unidos y su Doctrina Monroe. Los mexicanos estaban divididos entre quienes querían un monarca como gobernante y quienes aspiraban a la fundación de una república. No había identidad nacional. Las arcas nacionales estaban vacías. México, país que en ese tiempo era mucho más extenso que ahora, necesitaba negociar su deuda con los acreedores; generar ingresos; lidiar con las grandes potencias de la época y buscar, vía sus relaciones exteriores, el establecimiento de vínculos que -al menos así se planteó en un inicio- derivaran en una asociación que pudiera integrar a las jóvenes repúblicas en América Latina, dotándolas de márgenes de maniobra de cara al imperialismo.

En la primera mitad del siglo XIX y tras la independencia, México perdió, a manos de Estados Unidos, más de la mitad de su territorio. Este hecho propició que gobernantes y gobernados valoraran la importancia de reorganizarse para evitar el colapso de la joven nación. Sin ingresos y con una deuda externa exorbitante, Benito Juárez tomó la decisión de declarar una moratoria a efecto de renegociar los términos del endeudamiento nacional, cosa que logró con la mayoría de las potencias europeas, excepto, como es sabido, con Francia. En esta misma línea se pueden interpretar las leyes de reforma, que propiciaron la confiscación de propiedades a la iglesia, acotando igualmente su injerencia en la vida política, económica, social y cultural de la sociedad.


FOTO: PAULINA NEGRETE /CUARTOSCURO.COM

¿Cómo era la salud de los mexicanos en esos tiempos? Con una limitadísima cobertura en materia de salud, las epidemias hicieron estragos. Entre las enfermedades que padeció la población en la primera mitad del siglo XIX figuran la fiebre amarilla (1821, 1825-1826, 1843, 1847-1848 y ésta última diezmó a la tercera parte de las fuerzas armadas invasoras procedentes de EEUU); la viruela (entre 1828 y 1889 se produjeron 43 brotes); la tifoidea (1826; 1835-1838; 1852-1859); la influenza (1826; 1836; 1846-1847); el paludismo (1830 en Veracruz; 1833 en Tabasco); el cólera (1833; 1848-1851; 1853); y la anquilostomiasis (1854, afectando a los trabajadores mineros de Guanajuato) entre las principales. En todos los casos se trata de enfermedades infecciosas cuya propagación se vio facilitada por la falta de infraestructura hospitalaria, de capital humano, de inaccesibilidad y precarias condiciones de higiene -agua-, amén de los conflictos armados que dilapidaban los magros recursos de que se disponía.7 Hacia 1861 se registraban, a nivel nacional, entre 250 mil  y 270 mil nacimientos por año, y entre 210 mil y 250 mil defunciones, lo que propiciaba un crecimiento lento de la población. A la esperanza de vida oficialmente se le situaba entre los 38 y 39 años, pero la realidad es que oscilaba entre los 22 y 23 años.8

¿De qué morían los mexicanos en aquellos tiempos? Si bien los homicidios y las muertes por parto tenían un papel destacado, las enfermedades responsables de buena parte de las defunciones eran fiebre amarilla, viruela, tifoidea, paludismo, cólera, sarampión, alferecía, pulmonía, tisis, tétanos, hidropesía, caquexia, hemorragias, etcétera.9

“El Consejo Superior de Salubridad del Departamento de México creado en 1841 durante la vigencia de las Siete Leyes Constitucionales de 1836 tuvo, desde sus inicios, varias importantes responsabilidades, entre las que destaca, la de vigilar el ejercicio autorizado de la medicina, la inspección sanitaria de lugares públicos, considerados como tales tanto las boticas como los prostíbulos y la aplicación de medidas preventivas y de emergencias en casos de calamidades naturales y de epidemias. Durante la intervención francesa y bajo el Imperio de Maximiliano, este consejo cambió de nombre a Consejo Central de Salubridad. Fue durante el segundo período presidencial de Benito Juárez en 1871 cuando se creó el Consejo Superior de Salubridad el cual quedó adscrito a la Secretaría de Gobernación, bajo la dependencia de la Junta Directiva de Beneficencia Pública. El fin principal de este órgano consistía nada menos que en la vigilancia de la salud de todos los habitantes del país. Cabe destacar que las acciones del consejo fueron múltiples, importantes e innovadoras como lo mostró el desarrollo de la ingeniería sanitaria, de la higiene de alimentos y de la higiene industrial y del trabajo.”10

Como se recordará, la Iglesia tenía un papel muy importante en la gestión de los asuntos públicos, económicos, políticos y sociales -y en materia de salud- y las reformas decretadas por el gobierno de Juárez pusieron fin a ello. Las leyes de reforma determinaron que “los bienes de los hospitales y asilos pasaban al dominio de la nación, sustituyéndose el concepto de caridad por el de beneficencia y para asegurar su amparo, en 1861, instalado ya de nuevo el gobierno federal en México, completa la acción decretando el 2 de febrero la secularización de los hospitales y establecimientos de beneficencia y que los gobiernos estatales se hiciesen cargo de los que estuviesen en sus entidades: el 2 de marzo se decreta la creación de la Dirección de Beneficencia Pública en el D. F. y el establecimiento de una Lotería Nacional, cuyos fondos servirían para el sostenimiento de las Escuelas de Bellas Artes y de Agricultura y para engrosar el fondo de Beneficencia Pública creado, decretando también exentos de contribuciones los bienes afectos a este fondo. se expiden también la Ley de Secularización de Cementerios y la que declara de uso obligatorio el sistema métrico decimal. Por último, se estableció una casa de maternidad.”11

Con todo, estos avances eran limitados. Los cambios más importantes en materia de salud pública en México ocurrieron durante el porfiriato. Dado que el mandatario se propuso modernizar al país, la higiene y la sanidad eran aspectos insoslayables. Así, creó el sistema de desagüe -desarrollado entre 1886 y 1900-; el de drenaje -entre 1897 y 1905-; amén de que se edificaron obras de infraestructura sanitaria para procesar los residuos orgánicos. Los médicos que asesoraban al Presidente Díaz, plantearon la adopción de una serie de hábitos en materia de salud por parte de la población, que era imposible poner en práctica dadas las enormes desigualdades sociales imperantes. La urbanización, en particular, en la Ciudad de México, fue otro factor desafiante, puesto que mientras que en 1870 residían en la capital del país 200 mil habitantes, hacia 1910 la habitaban 471 mil personas, con la consecuente demanda de servicios que ciertamente no estaban a disposición de todos. Asimismo, la superficie del área metropolitana paso de 8. 5 kilómetros cuadrados en 1858, a 40. 5 en 1910.12

Es innegable que la gestión de Porfirio Díaz en materia de salud produjo avances. “Se promovió, mucho más que en años previos, la vacunación contra la viruela, la fundación de hospitales, la creación de los primeros laboratorios en el país, la reglamentación en materia de salud, la vigilancia de los brotes epidémicos, el saneamiento del medio en los puertos, fronteras y principales ciudades. La mortalidad disminuyó notablemente y la natalidad, por el contrario, se incrementó. En el ámbito nacional, se pasó de 9 millones de habitantes en 1877 a 15 millones en 1910.”13

Un personaje célebre en el desarrollo de políticas de salud en México durante el porfiriato fue el Doctor Eduardo Liceaga, quien estableció las bases del código sanitario; coadyuvó a conocer la etiología de la fiebre amarilla; instituyó un premio para quien descifrara cómo se desarrollaba y propagaba la tifoidea; trajo del Instituto Pasteur de París un cerebro de conejo inoculado con rabia para empezar a producir la vacuna antirrábica en México que fue aplicada por primera vez en 1888; fue gestor de la construcción del Hospital General de la Ciudad de México, inaugurado en 1905, amén de que hizo el trazo de lo que ahora es la Colonia Doctores, la que tuvo la peculiaridad de que fue construida después de que se instalara drenaje y alumbrado en la zona, siendo un parteaguas para futuras edificaciones en la ciudad.14

El advenimiento de la revolución generó un proceso de inestabilidad que dio al traste con la salud de la población. El conflicto armado destruyó ciudades, provocó miles de muertos y heridos, erosionó campos de cultivo, vías de comunicación, infraestructura, y propició, además, fuga de capitales, desplazados internos y migrantes, escasez de alimentos y epidemias. El entorno internacional era belicoso, con la primera guerra mundial a la que hay que añadir la propagación de la influenza española, la que cobró millones de víctimas en todo el mundo y, en México fue la causa de, por lo menos, un estimado de 300 mil decesos -aunque hay quienes postulan que la cifra fue muy superior.

Cuando la convulsión política y social que generó la revolución fue superada, las autoridades retomaron el tutelaje de la salud. En 1922 se fundó la Escuela de Salud Pública, una de las más antiguas del continente americano -al lado de la Johns Hopkins, la de Harvard y la de Sao Paulo.15 En 1926, se decretó la obligatoriedad de la vacunación y la viruela fue erradicada en el país en 1951 (a nivel planetario, la Organización Mundial de la Salud u OMS reconoció la erradicación de la letal enfermedad en 1979, gracias a las intensas campañas de vacunación desarrolladas en todo el orbe). Aun así, las vacunas no tenían una cobertura universal en México.

¿Cómo se llegó al esquema de vacunaciones para todos? En 1967, 10 millones de personas en todo el mundo contrajeron la viruela, lo que llevó a que la OMS instara a los gobiernos a promover campañas de vacunación en sus respectivas jurisdicciones. Las sugerencias de la OMS tuvieron resonancia en México a tal punto que, en 1973 se adoptaron las recomendaciones del organismo internacional y se creó el Programa Nacional de Inmunizaciones. En seguimiento de este programa, en 1980 se instauraron las jornadas nacionales de vacunación que, si bien han tenido distintas denominaciones y características, en lo general, han buscado fundamentalmente coadyuvar a la salud de la infancia.

Durante la gestión de Guillermo Soberón como secretario de salud (1982-1988), se dieron importantes pasos para superar la noción asistencialista con la denominación de Secretaría de Salud que hoy ostenta la dependencia. No sólo fue un cambio de nombre: con Soberón, en 1983 se reformó la Constitución para garantizar a la población la protección en materia de salud y en 1984 formuló la ley general de salud.

A pesar de ello, los alcances de las iniciativas gubernamentales no llegaban a la universalidad deseada y, tan fue así que, en 1990, durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, se produjo un brote de sarampión en el que se presentaron 68 mil casos y más de 6 000 decesos notificados. En ese tiempo, cuando el gobierno en turno buscaba insertar al país al circuito de la modernidad, la tasa de mortalidad infantil (indicador que se obtiene al documentar el número de fallecimientos de menores de 5 años por cada 1,000 nacidos vivos) que ascendía a 47 muertos, era muy alta para una nación que pretendía negociar un tratado comercial con la primera potencia mundial y que se promocionaba como “a punto de entrar al primer mundo.” Por ello y tras la celebración de la Cumbre Mundial de la Infancia, el gobierno de México dispuso, en 1991, la creación del Consejo Nacional de Vacunación (CONAVA) y del programa de vacunación universal (PVU) para que todos los niños y niña menores de 5 años contaran con esquemas completos de vacunación. El programa fue importante porque armonizó e integró el trabajo del Sistema Nacional de Salud a efecto de que trabajara de manera coordinada en la consecución del objetivo descrito.

En 1973, las vacunas aplicadas eran un paquete de seis inmunógenos, a saber:

  • BCG. Tuberculosis (meníngea y miliar),
  • Sabin. Poliomielitis (vacuna oral),
  • DPT. Difteria, tos ferina, tétanos.
  • Sarampión.

En 1998 se amplió la lista de biológicos para prevenir ocho enfermedades, a saber:

  • BCG. Tuberculosis (meníngea y miliar),
  • Sabin. Poliomielitis (vacuna oral),
  • DPT. Difteria, tos ferina, tétanos.
  • Sarampión, rubeola, parotiditis.

En 1999, se fijaron 10 biológicos para la prevención de las siguientes enfermedades, a saber:

  • BCG. Tuberculosis (meníngea y miliar),
  • Sabin. Poliomielitis (vacuna oral),
  • DPT. Difteria, tos ferina, tétanos.
  • Sarampión, rubeola, parotiditis.
  • Pentavalente de células completas (DPT-Hepatitis B-Haemophilus influenzae tipo b o Hib).

En 2004 se destinaron biológicos contra 11 enfermedades, a saber:

  • BCG. Tuberculosis (meníngea y miliar),
  • Sabin. Poliomielitis (vacuna oral),
  • DPT. Difteria, tos ferina, tétanos.
  • Sarampión, rubeola, parotiditis.
  • Pentavalente de células completas (DPT-Hepatitis B-Hib).
  • Influenza estacional.

En 2007 se utilizaron nuevos biológicos para prevenir 11 enfermedades, a saber:

  • BCG. Tuberculosis (meníngea y miliar),
  • Sabin. Poliomielitis (vacuna oral),
  • DPT. Difteria, tos ferina, tétanos.
  • Sarampión, rubeola, parotiditis.
  • Pentavalente acelular con vacuna de polio inactivada o IPV (DPT-IPV-Hib)
  • Hepatitis B.
  • Influenza estacional.

En 2008 los biológicos atacaban a 13 enfermedades, a saber:

  • BCG. Tuberculosis (meníngea y miliar),
  • Sabin. Poliomielitis (vacuna oral),
  • DPT. Difteria, tos ferina, tétanos.
  • Sarampión, rubeola, parotiditis.
  • Pentavalente acelular con vacuna de polio inactivada o IPV (DPT-IPV-Hib)
  • Hepatitis B.
  • Influenza estacional.
  • Rotavirus.
  • Neumococo.

En 2012, el esquema de vacunación sumó 14 biológicos contra sendas enfermedades, a saber:

  • BCG. Tuberculosis severa (meníngea y miliar).
  • Sabin. Poliomielitis (vacuna oral).
  • DPT. Difteria, tos ferina, tétanos/Td difteria, tétanos.
  • SRP. Sarampión, rubéola y parotiditis.
  • Pentavalente acelular (DPaT+Hib+IPV).
  • Influenza estacional.
  • Hepatitis B.
  • Rotavirus.
  • Neumococo.
  • Virus del papiloma humano (VPH).
  • Tdpa. Tétanos, difteria, pertussis acelular para uso en embarazadas.

Este es uno de los esquemas de vacunación más importante en el continente americano, mismo que ha repercutido en el aumento en la esperanza de vida en el país. Esto significa que un niño o niña que nazca hoy tiene el potencial de vivir el doble de años que en 1930.

El aumento en la esperanza de vida ha estado acompañado del descenso de la mortalidad infantil. Hoy la tasa de decesos de menores de un año es de 11 por cada mil nacidos vivos, lo que revela un avance respecto al año 2000 cuando la cifra superaba los 26 decesos, pero que todavía está lejos de la de los países más avanzados, donde prevalecen las tasas de un solo dígito. De hecho, el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) revela que en 2015 murieron 26 057 niños menores de un año, de los que 12 992 perecieron por enfermedades prevenibles durante la fase perinatal. Lo que es más: las defunciones de infantes superaron a las cifras de asesinatos de personas (que en ese año fueron 20 762 homicidios), sin que acapararan la atención de los titulares de los medios de información.16

Las epidemias que vienen

México ha vivido una transición demográfica y epidemiológica de la que las vacunas han sido importantes artífices. Las vacunas permiten proteger a la población y elevar su esperanza de vida. Un fenómeno no menos importante es la urbanización. México -y el mundo, en general- tienden a la urbanización. En las urbes suele haber mayor infraestructura médica y hospitalaria, en tanto en las zonas rurales no ocurre así. Por eso en Nuevo León la esperanza de vida es de 76. 7 años (datos de 2016), mientras que en Chiapas es de 73 años. En el primer caso se tiene un estado muy industrial y urbano y en el segundo un estado donde predominan las actividades primarias y prevalece la ruralidad. Superar el acceso desigual a la salud es uno de los mayores desafíos del país.

Con la transición demográfica en la que se ha logrado superar a las enfermedades infecciosas como causa de muerte, se desarrollan de nuevas enfermedades, las llamadas “patologías de la modernidad” o crónico degenerativas no transmisibles, generadas por factores obesogénicos y estilos de vida poco sanos -relacionados igualmente con la urbanización. Así, mientras que en 1922 las principales causas de muerte en el país eran la neumonía/influenza, diarreas y fiebre y caquexia palúdica, hoy esos lugares los ocupan la diabetes mellitus, las enfermedades isquémicas del corazón y los tumores malignos. Sólo que, en México, las enfermedades infecciosas siguen siendo importantes y su combate se sustenta esencialmente en los programas de vacunación. En otras palabras: suponer que en México ya no se presentarán decesos por enfermedades infecciosas y, por ello, bajar la guardia en los esquemas de vacunación existentes, es irresponsable.

En 2018 se produjo un brote de parotiditis en los estados de Sonora y Chihuahua y en la Ciudad de México en personas mayores de 20 años.17 Este brote apareció primero en Estados Unidos. Si bien las autoridades sanitarias nacionales declararon que las cifras de personas aquejadas por la enfermedad estaban en el rango de lo esperado, señaló que era importante que las personas se vacunaran para reforzar la inmunización.

Principales causas de muerte en México

1922-2013

Como se explicaba en párrafos precedentes, la vacuna contra la parotiditis forma parte de la triple viral, que incluye dosis para enfrentar igualmente el sarampión y la rubeola. De estas tres enfermedades, la más preocupante es el sarampión, debido a su propagación, en especial, en países desarrollados, donde información errónea divulgada en revistas científicas, más posturas religiosas o personales llevó a que se dejara de vacunar a los niños. ¿El saldo? En el primer semestre de 2018 se registraron más de 41 mil casos de sarampión en Europa, casi el doble de los que se contabilizaron en todo 2017.18 La prestigiada revista Lancet divulgó hace tiempo, que la vacuna contra el sarampión tenía efectos colaterales en los niños y que podía provocar autismo. Esto se suma a la percepción en muchas sociedades, de que el sarampión no es una enfermedad grave y a posturas anti-vacunas de largo arraigo de muchas personas -en Francia, país donde el sarampión ha repuntado significativamente, es donde residen muchos movimientos anti-vacunas. Esto llevó a que los padres dejaran de vacunar a sus hijos generando una situación crítica no sólo en Europa, sino en otras partes del mundo, dado que con la globalización y los diversos viajes internacionales, las personas infectadas pueden contagiar a los demás. En 2015, en Disneyland se produjo un brote de la enfermedad que rápidamente se extendió por todo el país.

De Europa justamente regresó el sarampión a México. En agosto del año pasado, se identificaron cuatro casos: tres en la Ciudad de México y uno en Baja California. Los de la capital aquejaron a una mujer italiana, a su hijo y a la niñera de éste. El caso de Baja California se dio en una mujer que viajó a Italia. Es decir, se trata de casos de “importación.”19 Es entendible que la vacunación contra esta enfermedad ha posibilitado que los casos de sarampión en México sean escasos y que el país se encuentre en una situación ventajosa respecto a otras naciones para superar dicha enfermedad.

Sin embargo, el año pasado ocurrió algo que apunta a negligencia de parte de las autoridades y que el nuevo gobierno debe atender a la brevedad. En 2018, por ejemplo, se reportó desabasto de la vacuna contra la hepatitis B, pero en este caso, la razón fue que como hubo brotes en otros países y sólo la producen dos laboratorios a nivel mundial, por más que las autoridades nacionales buscaron comprarla, no fue posible. Algo parecido ocurrió con la triple viral, la cual no fue aplicada a 776 mil niños mexicanos en 2018 por desabasto -supuestamente por rescisión o incumplimiento del contrato de parte del proveedor, Grupo Laboratorios Imperiales Pharma- y que el gobierno anterior no informó a la administración entrante. Si bien el país puede paliar la situación usando dosis que poseen Birmex y PEMEX, no alcanzan a cubrir la totalidad de las necesidades existentes. Preocupa igualmente lo que pueda suceder con enfermedades como la rubeola y la parotiditis, máxime, en este segundo caso, que el año pasado, como se explicaba, se produjo un brote importante en varios puntos del país.

El escenario es preocupante. Mientras que el sarampión sigue escalando en los países europeos, asiáticos y otros, las posibilidades del contagio por importación se elevan y la única defensa posible reposa en que las personas cuenten con la vacuna. Si no ocurre así, México podría vivir un resurgimiento de enfermedades infecciosas cuya erradicación ya tenía un buen camino avanzado. Para decirlo pronto: la lucha contra las enfermedades toma mucho tiempo, pero la propagación de estas, cuando no existe las políticas de prevención adecuadas, es muy veloz y puede echar por tierra los logros de décadas en unos cuantos días o semanas.

En este sentido es recomendable:

1. Que el país desarrolle políticas de salud de Estado, no de gobierno, de manera que se garantice que cuando haya una transición, los esquemas de salud mantengan continuidad. En realidad el tema de la escasez de vacunas de la triple viral, se explica, en buena medida, por la preponderancia de políticas de gobierno sobre las políticas de Estado. Si fue un acto deliberado del gobierno saliente, eso debería investigarse y castigar a los responsables. Si fue negligencia u omisión de las autoridades salientes y/o entrantes, se impone una rendición de cuentas y una investigación profunda sobre el particular.

2. El costo político para cualquier gobernante, de no garantizar el acceso a la salud a su población, es devastador. El enorme capital político de que goza el gobierno en turno podría pulverizarse en el momento en que se produzca un brote incontrolable y la población enferme o sufra daño por falta de acceso a la inmunización -máxime que el sarampión, a diferencia de otras enfermedades, es prevenible, puesto que existe la vacuna respectiva para hacerle frente.

3. Como política de Estado en materia de salud y para contar con instrumentos apropiados para la prevención, es importante que se produzcan vacunas en el país. Estar a merced de dos laboratorios que son los únicos que a nivel mundial producen dosis contra la hepatitis B, o bien, depender de empresas que incumplen contratos, debe abrir los ojos de las autoridades nacionales, para que México produzca las vacunas que requiere su población. Este no es sólo un tema de salud, sino de seguridad nacional, dado que si la población enferma, se está comprometiendo la supervivencia de un componente fundamental del Estado mexicano.

4. Debe mejorar la cobertura para garantizar que la población tenga acceso a los servicios de salud. Se ha anunciado por parte del presente gobierno, la desaparición del esquema del seguro popular, ampliando la cobertura que ofrece el sistema de salud nacional, pero ello requiere una inversión cuantiosa en recursos materiales y humanos y un plan maestro integral.

5. No es menos importante la educación de la población en materia de salud. La ignorancia y los prejuicios contra las vacunas cobran las vidas de miles de personas en todo el mundo. México ha demostrado que las campañas de vacunación funcionan y que es posible ganar la batalla a las enfermedades infecciosas a través de ellas, pero el fantasma del escepticismo que ahora parece muy arraigado en los países desarrollados, es un reto a vencer. Las autoridades nacionales deben, entonces, fortalecer la educación y la información para la población en torno a la importancia de las vacunas. En Australia, para lograr que los padres se responsabilicen de la vacunación de sus hijos, la autoridad empezó a multar a los progenitores con el equivalente a 18 euros (392. 94 pesos mexicanos) cada 15 días, conforme a la premisa de que los niños sin vacunar son una amenaza a la salud pública.20 Parece una solución draconiana, pero es sólo un ejemplo de la manera en que un Estado, en este caso el australiano, está actuando para enfrentar el problema.

6. Nada de lo sugerido anteriormente exime a las autoridades nacionales del diseño y puesta en marcha de una política amplia en materia de salud que ponga el acento no sólo en el combate de las enfermedades infecciosas, sino también de las crónico degenerativas no transmisibles, logrando que la población tenga acceso a inmunización, medicinas, consultas y tratamientos adecuados. Asimismo, la salud es un concepto amplio que va mucho más allá de la ausencia de enfermedad y, por lo mismo, demanda un entorno ambiental sustentable, acceso a una alimentación adecuada y un ambiente social, económico y político estables. Poco se logrará si a la salud se le ve como un gasto y no como la mejor inversión que puede y debe hacer el país para su presente y futuro.


  1. Roberto Tapia-Conyer (2016), “Una visión crítica sobre la salud pública en México”, en Gaceta Médica de México, disponible en https://www.anmm.org.mx/GMM/2016/n2/GMM_152_2016_2_278-284.pdf, p. 279. El reglamento se puede consultar en http://www.salud.gob.mx/unidades/cdi/nom/compi/r050404.html
  2.  Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), el término “brote” puede referirse a dos cosas: a) la aparición de dos o más casos de la misma enfermedad asociados en tiempo, lugar y persona o bien, b) el incremento significativo de casos en relación a los valores habitualmente observados.
  3. Es la cantidad de casos nuevos de una enfermedad, un síntoma, muerte o lesión que se presenta durante un período específico, por ejemplo, un año. La incidencia muestra la probabilidad de que una persona de una cierta población resulte afectada por dicha enfermedad.
  4. Es la cantidad de casos existentes de una enfermedad, un síntoma, muerte o lesión.
  5. Silvia Stang (18 de agosto de 2010), “El asistencialismo social produce una mayor pobreza”, en La Nación, disponible en https://www.lanacion.com.ar/1295674-el-asistencialismo-social-produce-una-mayor-pobreza
  6. Ibid.
  7. Arturo Erosa Barbachano (mayo-junio de 1977), “El gobierno de Juárez y la salud pública de México”, en Salud pública de México, época V, volumen XIX, no. 3, pp. 375-376.
  8. Arturo Erosa Barbachano, Op. cit., p. 378.
  9. Ibid.
  10. Ingrid Brena Sesna (2015), “Atención a la salud en la época porfiriana”, en Raúl Ávila Ortíz, Eduardo de Jesús Castellanos Hernández y María del Pilar Hernández (Coordinadores), Porfirio Díaz y el derecho. Balance crítico, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-UNAM/Cámara de Diputados-XLIII Legislatura, p. 414.
  11. Arturo Erosa Barbachano, Op. cit., p. 377.
  12. Carlos Bautista Rojas (8 de noviembre de 2013), “”Instrucciones para ser sano” -en tiempos de Don Porfirio”, en Forbes, disponible en https://www.forbes.com.mx/instrucciones-para-ser-sano-en-tiempos-de-don-porfirio/
  13. Zoraya Melchor Barrera (otoño 2015-invierno 2016), “Factores de creación y cambio en las instituciones porfirianas de salud pública en Jalisco”, en Letras Históricas, no. 13, p. 123, disponible en http://www.letrashistoricas.cucsh.udg.mx/index.php/LH/article/download/3369/3170/0
  14. Zoraya Melchor Barrera, Op. cit., pp. 125-126.
  15. Roberto Tapia-Conyer, Op. cit., p.
  16. Manuel Campa (13 de diciembre 2017), “Retos de la mortalidad infantil en México y el mundo”, en México Social, disponible en http://www.mexicosocial.org/index.php/blogs/salud-publica/item/1610-retos-de-la-mortalidad-infantil-en-mexico-y-el-mundo
  17. El Universal (03/10/2018), “En México existe un brote de paperas, doce la UNAM”, disponible en https://www.eluniversal.com.mx/nacion/sociedad/en-mexico-existe-un-brote-de-paperas-dice-la-unam
  18. Francesco Rodella (21 de agosto de 2018), “Alarma por un brote récord de sarampión en Europa”, en El País, disponible en https://elpais.com/elpais/2018/08/21/ciencia/1534840912_770017.html
  19. Iris Velázquez (2018/08/31), “Preocupa nuevo brote de sarampión en México”, en AM, disponible en https://www.am.com.mx/2018/08/31/mexico/preocupa-nuevo-brote-de-sarampion-en-mexico-509985
  20. El País (4 de julio 2018), “Australia empieza a multar con 18 euros cada 15 días a los padres que no vacunen a sus hijos”, disponible en https://elpais.com/elpais/2018/07/04/mamas_papas/1530697371_877735.html

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