Cinque Terre

Rubén Cortés

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Periodista y escritor.

Lámpara de Diógenes busca 16 votos priistas

Si, por el voto de la castrochavista reforma eléctrica del presidente, la oposición mexicana se divide, lo estaría haciendo mucho más rápido de lo que lo hizo la oposición venezolana con Hugo Chávez. O sea, México seguiría como un cohete en la ruta de Venezuela.

Apenas el 21 de agosto, las bancadas PAN, PRI y PRD (que forman el bloque opositor Va por México en la Cámara de Diputados) realizaron su primera reunión plenaria para enfrentar la actual Legislatura. Pero hoy pasan aceite para pepenar 16 votos del PRI.

Sí, con sólo 16 votos del PRI se frenaría la propuesta constitucional del presidente para renacionalizar el sector eléctrico, que todos los permisos de inversiones privadas sean cancelados y el gobierno sea el único suministrador de energía eléctrica en el país.

Por eso es una reforma castrochavista, pues en los hechos expropia a los empresarios sin tener que indemnizarlos, como ocurrió en Cuba en 1960, lo cual provocó el embargo de Estados Unidos, que sigue vigente para presionar a Cuba a pagarle a los expropiados.

Sin embargo, el flamante bloque opositor Va por México anda como Diógenes con su lámpara en busca de 16 legisladores del PRI que voten en contra: ése es el número mágico para frenar esta renacionalización y expropiación. Y tienen que salir del PRI.

Pero el PRI no dice cómo votará. El gobierno tiene expedientes abiertos a muchos priistas, aprovechando que estuvieron en el gobierno hasta hace sólo tres años y, para la 4T, cualquier papel firmado puede llevar cárcel. O te falsifica una licencia de manejo.

Como sea, la oposición mexicana está igual de dividida como lo está la de Venezuela, con vistas a las elecciones legislativas del 21 de noviembre: primeras en más de 10 años en las cuales la dictadura aceptará la observación electoral de la Unión Europea.

Sólo que el bloque opositor, la Mesa de la Unidad Democrática (equivalente aquí a Va por México) llega fragmentado por el trabajo de zapa de la dictadura, y también por enfrentamientos internos que le impiden trazar una estrategia común.

El resultado de esta división de los opositores en Venezuela es el mismo que se avizora en México: consolida al castrochavismo como primera fuerza política, pese a su impopularidad por haber convertido al país en un Estado fallido, arruinado e inseguro.

Dos décadas de castrochavismo en Venezuela, acabaron por anular a la oposición y hacer casi imposible que ésta se una en una causa común, tras haber sido pulverizarla mediante el acoso, el miedo, la cárcel, el exilio, los juicios amañados.

La diferencia es que, allá, están así después de 20 años; y, aquí, estamos casi igual: buscando 16 votos…

Y llevamos únicamente tres años.

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