Cinque Terre

Óscar Constantino Gutierrez

[email protected]

Doctor en Derecho por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y catedrático universitario. Consultor en políticas públicas, contratos, Derecho Constitucional, Derecho de la Información y Derecho Administrativo.

Lacayos a sueldo

Tres estampas de la imbecilidad con cargo al público:

  • Un palero ignorante, gritón y cerril, que cobra en el Senado —del que se desconoce qué hace ahí— pero se la pasa de tour en los medios, redes sociales y tertulias;
  • Un extranjero patán que ingresó como turista, pero que se inmiscuye en política interna mexicana —y también le pagan como asesor en el Senado—; y
  • Un resentido candidato a doctor, con nula experiencia, pero que fue nominado por el gobierno mexicano a la secretaría general de un organismo internacional, donde tiene un salario casi igual al del presidente López.

En esa nefasta triada de lacayos aduladores del Ejecutivo se manifiesta el efecto Dunning-Kruger (D-K) y la vocación de la Administración de desperdiciar los recursos públicos en financiar un propagandismo vulgar y repugnante.

En otras columnas he señalado que el D-K es un sesgo cognitivo por el que las personas ineptas, ignorantes o con pocas destrezas padecen un sentimiento de superioridad ilusorio por el que se creen más aptas, cultas o inteligentes que personas más competentes. El D-K, endémico en el nuevo régimen, hace manifiesta su imposibilidad metacognitiva de asumir la incapacidad que sufren.

Diego Velázquez, Las meninas (1956). Óleo sobre lienzo, 320,5 x 281,5 cm.

Un gobierno responsable no gastaría dinero de los contribuyentes en costear a sujetos de escasas luces, cuya única aptitud es defender irracionalmente las ocurrencias de la Administración federal.

Con el poder de la chequera federal de comunicación social, estos borricos con pretensiones han sido colocados en programas de opinión, columnas periodísticas y medios de diversa índole, que desean el favor de la publicidad oficial. Sin embargo, la mayor afrenta al derecho humano a la veracidad informativa se acaba de concretar en el intento de disfrazar de periodista al extranjero pernicioso que interviene en la política mexicana.

Darle un programa a ese sujeto —aunque sea en un pasquín de cuarta— es una estrategia para que siga metiéndose en política interna, alegando que es “periodista”: implica saltarse el artículo 33 constitucional, invocando falsamente una libertad consagrada en el artículo sexto de la misma ley fundamental.

Podría pensarse que basta con ignorar a esos vocingleros, facundos merolicos de carpa, para que no hagan daño, pero esa es una táctica ingenua e ineficaz: esos habladores apelan a las emociones y sentimientos elementales de la gente, propagan discursos simplones e ignorantes, que impactan en las personas con poca información política. No basta con que la gente culta no le ponga atención a esos sicarios de la mentira, porque hay una mayoría que, de todos modos, es afectada por sus farsas.

Toda la narrativa torpe y resentida que apela al privilegio de algunos, la “pigmentocracia”, el neoliberalismo como causa de todos los males y la descalificación de los críticos como agentes de la mafia del poder, se convierte en un discurso de odio, disfrazado de lucha de clases.

Esos jumentos han normalizado la violencia contra las personas por su mera condición social. Por ello no extraña que uno de esos tontos haya señalado que la masacre de El Paso no tiene su causa en el discurso de odio en Estados Unidos, sino en el derecho a portar armas. Así, un supuesto promotor mexicano de la izquierda terminó haciendo lo mismo que Donald Trump, desestimar la mitad del problema, en razón de una agenda lerda y tramposa: aunque uno pone el acento en los locos y el otro en las armas, los dos de hecho justifican a los maniáticos, porque los perturbados no desparecerán y tampoco se revocará la Segunda Enmienda.

El lunes 12 se concreta otro insulto a la inteligencia del público mexicano: ahora un extranjero con condición irregular supuestamente viene a “combatir la desinformación y fake news de la prensa fifí”. ¿Quién paga eso? ¿Para eso es el dinero fiscal?

Nadie espera que el gobierno de López busque la veracidad informativa, pero al menos, por un poco de decencia, debería buscarse voceros que no sean la personificación del estúpido a sueldo. ¿No es una falta de respeto a Julio Hernández o a Carmen Aristegui que el régimen se valga de personajes de tan baja capacidad? ¿En verdad no había alguien menos malo que la falange de ignorantes, truncos, inútiles e idiotas con los que tienen saturadas las redes sociales y los espacios de opinión en los medios?

A la clase política responsable y a los ciudadanos informados les toca señalar las mentiras y necedades de esos esbirros de la mentira: la política del avestruz sólo hace crecer la infección de lo falso. No cometamos el error que narra el pastor Martin Niemöller y, cuando vengan por nosotros, no haya nadie que diga algo o nos defienda…

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password