Cinque Terre

Javier Tejado Dondé

Fundador y consejero del IDET y director de Información de Televisa.

La samba electoral de Brasil es lección para Morena

A propios y extraños ha sorprendido el triunfo, en Brasil, de Jair Bolsonaro, el ultraderechista proveniente del pequeño Partido Social Liberal (PSL) que está derrotando al candidato oficialista, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), heredero político y sucesor del popular Luiz Inácio Lula da Silva. Pero ni así pudo ganar la izquierda brasileña en la primera vuelta. Aquí el por qué ganó Bolsonaro:

*Le ganó al aparato oficial de izquierda: En Brasil hay reglas electorales bastante complejas y muy similares a lo que ocurre en nuestro país. De tal suerte que, la publicidad electoral en radio y TV está muy restringida. De hecho, Jair Bolsonaro, según reportes de la Misión de Observación Electoral de la Organización de los Estados Americanos (OEA), apenas y tuvo al día, en promedio por jornada de campaña, ocho segundos de publicidad oficial y logró darle la vuelta a la rígida ley electoral a través de las redes sociales (en Twitter cuenta con 1.6 millones de seguidores y en Facebook alcanza 7.2 millones de likes) y con el envío masivo de mensajes vía WhatsApp (seis de cada 10 brasileños usan esta aplicación de mensajería instantánea, para hacer un total de 120 millones).

Así, si bien Morena y sus aliados tendrán para las elecciones de 2021 una enorme parte de los spots electorales que el Instituto Nacional Electoral destinará a las campañas para renovar a los 500 diputados federales y miles de alcaldías en el país, es claro que la “spotiza” ya no es suficiente para ganar elecciones. Lo habíamos visto con el triunfo de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, en Nuevo León, quien, comparado con PRI y PAN, en 2015 prácticamente no tuvo spots. Pero, a nivel presidencial, el caso Bolsonaro reconfirma que tener una “spotiza” oficial masiva (y gratuita) no garantiza un triunfo.

*¿Qué papel jugó la TV? La televisión privada brasileña jugó un papel clave en la elección. En general, el discurso de Bolsonaro, por radical e histriónico, ganó la cobertura televisiva. Y desde TV Globo hasta TV Record se hizo eco de sus propuestas de campaña, muchas de ellas anti izquierda y anticorrupción. También está el hecho de que las televisoras y prácticamente todo el empresariado brasileño se sintieron muy reconfortados de que Bolsonaro tuviera como principal asesor económico a un doctor de la Universidad de Chicago, Paulo Guedes, quien avala políticas para reducir la burocracia pública y en general es pro políticas de libertad de empresa.

Tan la TV ayudó a Bolsonaro a ganar, que mientras estaba el aburrido debate entre presidenciables (al que Bolsonaro no fue), TV Record transmitía una entrevista con este candidato sobre cómo había sobrevivido al atentado que sufrió en un acto de campaña, pieza periodística que superó en audiencia a este último debate presidencial. Y es que los brasileños son de los que más horas dedican a ver la TV, no tanto como los mexicanos, pero ésta se mantiene como la reina de las comunicaciones en ese país al ser el primer medio de referencia para 63% de la población.

*¿Y las iglesias? Bolsonaro contó con el apoyo de la Iglesia católica, el de la evangélica y hasta el de la Iglesia Universal del Reino de Dios, cuyo fundador, Edir Macedo, es también dueño de TV Record.

Así, la izquierda en Brasil fue derrotada por una extraña coalición de plataformas tecnológicas, medios tradicionales y los sermones en las iglesias. Ni toda una maquinaria electoral, hecha para ayudar a mantener el statu quo, le sirvió al PT. Desde luego, existió un caldo de cultivo en el enorme descontento social hacia el desorden del gobierno brasileño y los actos de corrupción no sancionados que fueron aprovechados por los opositores al gobierno.

*El fracaso de la Comisión de la Verdad: Un tema particularmente delicado para el gobierno brasileño fue el fracaso de la “Comisión Nacional de la Verdad”, que pusieron en operación la presidenta Dilma Rousseff en compañía de los ex presidentes Lula Da Silva, Fernando Henrique Cardoso y Fernando Collor de Mello. Las expectativas de que esta comisión castigaría a militares y a paramilitares por actos de violencia cometidos durante la dictadura militar fue un fracaso. No cumplió con las expectativas que el propio gobierno generó y los electores le castigaron.

Otro tema que revelan las encuestas es que la mayoría de la clase media castigó al candidato oficial porque el gobierno no sancionó severamente los actos de corrupción de Odebrecht.

Así, el caso Brasil es un claro ejemplo de que cuando los electores están insatisfechos y una campaña hace buen uso de medios tradicionales, más medios y herramientas digitales, no importa el control que haya sobre la maquinaria electoral, ni lo rígido de las leyes oficiales: los votantes se vuelcan por un cambio. Faltan tres semanas para la segunda y última ronda electoral en Brasil. Los opositores de Bolsonaro están tratando de unirse. No parece que eso sea suficiente para ganarle. De hecho, en los últimos 20 años la segunda vuelta en Brasil la gana quien encabeza la primera elección, con lo que los resultados presentan un caso de estudio interesante para los brasileños, pero también para los partidos políticos en México. Sobre todo para Morena, que podría repetir varios de los costosos errores de la izquierda brasileña.

Cambiando de tema… *25 años de IFT y Cofece en México: Ayer, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) conmemoraron un cuarto de siglo en operaciones. Llamó la atención la inasistencia del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, y de Graciela Márquez, próxima titular de la Secretaría de Economía, a pesar de haber estado invitados con bastante antelación. No queda claro que el próximo gobierno vea utilidad en mantener organismos autónomos. Parecería que en los hechos prefieren regresar al viejo estilo de la rectoría del Ejecutivo federal, en todos los temas. En los hechos, la Cofece y el IFT han probado ser de gran utilidad para promover la competencia, pero también lo es que el próximo gobierno pretende compactar estructuras burocráticas y que la regulación de la radiodifusión y telecomunicaciones en el resto del mundo sí depende directamente del gobierno en turno. Habrá que ver qué sucede con ambos organismos que han alcanzado un grado de maduración y experiencia muy relevante.


Este artículo fue publicado en El Universal el 9 de octubre de 2018, agradecemos a Javier Tejado Dondé su autorización para publicarlo en nuestra página.

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