Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

La resurrección de Perón

El populismo se inventó en Argentina y su creador fue el general Juan Domingo Perón, quien reformuló el fascismo para convertirlo en una democracia autoritaria.

La derrota de Adolfo Hitler y de Benito Mussolini, implicó todo un rearme teórico para quienes se oponían al liberalismo y al comunismo.

Los populistas, a diferencia de los fascistas, utilizan y viven en esquemas donde las elecciones importan y sobre todo como un ejercicio que dota de legitimidad a los liderazgos fuertes.

Esto es, no destruyen los sistemas democráticos, pero los llevan al borde y prácticamente a su inoperancia, a partir de modelos en los que se busca descalificar a los adversarios, a las élites, al poder judicial y a la prensa independiente.

La fórmula fue avanzando a lo largo del tiempo, y hoy existen ejemplos (algunos ya históricos) y expresiones bastante acabadas al respecto: Doland Trump y Marine Le Pen, a la derecha del cuadrante y Hugo Chávez y Néstor Krichner, a la izquierda.

Los populistas son personajes bastante elásticos y por ello es difícil definirlos ideológicamente. Alguna vez Perón señaló que había que tomar lo bueno del fascismo y lo rescatable del socialismo.
Hacen política en los extremos del péndulo y seducen a amplias franjas de la población a partir de una simbología y rituales que dan sentido a una narrativa.

Nicolás Maduro pretendió embalsamar el cuerpo de Chávez y el cadáver de Evita Perón tuvo un largo peregrinan y estuvo sujeto a un estira y a floja entre quienes querían mantenerlo como un referente y los que veían en ello un serio peligro. Tomás Eloy Martínez escribió una gran novela al respecto: “Santa Evita”.

Federico Finchelstein señala en “Del fascismo al populismo en la historia” ( Taurus, 2018), que “es difícil entender el populismo prescindiendo de su idea autoritaria del liderazgo y su propósito de acceder al poder por vías electorales”, por ello, lo que los define en la derecha y en la izquierda es “la necesidad de una forma de democracia más directa y autoritaria”.

Pero los populismos son muy destructivos. Nada bueno surge de sus mandatos y los daños sociales y económicos son difíciles de revertir. Lo terrible es que es muy difícil salir de sus redes.

Surgen debido a los errores del liberalismo, a la arrogancia de los políticos tradicionales y a las desigualdades económicas. Esto es, no son movimientos espontáneos y más bien se fortalecen a lo largo del tiempo.

Las elecciones preliminares en Argentina el domingo pasado, mandaron el mensaje de que los Kirchner ( Cristina como vice presidenta) pueden volver a gobernar. La bolsa de valores tuvo una de sus mayores caídas y el miedo se apoderó de los mercados.
El reto, en todo caso, será explicar a los argentinos, antes de octubre, de las consecuencias que puede tener una resurrección de Perón y en un contexto internacional en el que las democracias liberales se encuentran en crisis.

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