Cinque Terre

Antonio Ortigoza Vázquez

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La ola expansiva de contra Cuauhtémoc Gutiérrez impactará al grupo La Joya

La imagen publicada hace unos meses en Expediente Ultra hablaba por sí misma: En su orfandad política había terminado por arrojarse a los brazos de uno de los personajes más siniestros y denostados en la Ciudad de México: Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre.

En la fotografía aparecía además la diputada local Sandra Vaca, nada menos que su proxeneta de cabecera que ahora deberá enfrentar cargos por la red de prostitución, instrumentada desde el corazón mismo de la sede priísta de Puente de Alvarado.

Paco Olvera debe estar seriamente preocupado no solo con su futuro político sino por los estropicios que dejó en su efímero paso al frente de la dirigencia de un PRI capitalino al que se encargó de dar el tiro de gracia.

Muchos ex empleados del PRI de la CDMX  no olvidan que Paquito y Cuauhtémoc se clavaron los recursos públicos asignados para el pago de salarios a los empleados; hay demandas laborales que dormían el sueño de los justos pero entre bostezos, amenazan despertar transformadas en una colérica Bella Durmiente.

INTERMINABLE FIESTA

Lo más grave, confían algunos cercanos al Reyezuelo de la Basura, es que su afición por las mujeres jóvenes no concluyó una vez que se supo de la red de prostitución de Puente de Alvarado. Su perversión siguió adelante, siempre apoyada por Sandra Vaca. Y de la cual, se dice con insistencia, fue convidado el hoy caído en desgracia, Paquito.

Ambos, eran «cuadernos de doble raya» y en esa estrecha relación descansaban las aspiraciones del ex gobernador de Hidalgo, Francisco Olvera Ruiz, de lograr una candidatura a diputado plurinominal en CDMX y, de rebote, las pretensiones del regidor por Pachuca, Ricardo Crespo, quien tenía lista su licencia para litigar con el pevemista Cuauhtémoc Ochoa una nominación a diputado local… ¡por Morena!

Pero sucedió que Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, el porcino político de negra leyenda en los bajos fondos del negocio de la basura, pronto será detenido por la fiscalía de la capital del país con cargos de trata de personas y asociación delictuosa. La ola expansiva que originó esa orden de captura retumbó en Pachuca y el tristemente célebre «Grupo La Joya», comandado por el ex gobernador Olvera tuvo un severo «daño colateral».

Sencillamente, reventó por las costuras.

Se trata de una amplia combinación de intereses, complicidades, «pactos secretos»  entre sórdidos personajes y diferentes partidos políticos, todos ellos unidos por un fuerte interés común: poder y dinero, todo el que fuera posible alcanzar, por todos los medios a la mano.

Sucedió que el exgobernador, Francisco Olvera y Gutiérrez de la Torre ya instalado como jefe máximo del PRI en la ciudad de México, se hicieron amigos «entrañables» -como ellos lo evidenciaban en público- y, por supuesto, comenzaron a combinar arreglos políticos y mutuos apoyos en negocios vía contratos y otros detalles.

Al frente del «Grupo La Joya», Olvera pretendía recuperar el poder e influencia política que detentaba cuando era gobernador. A mediados del año pasado fue financiero y organizador de la candidatura independiente para alcalde de Pachuca de Ricardo Crespo Arroyo, ex presidente estatal del PRI. Perdió las elecciones y Crespo ocupó la silla de regidor conforme a la ley electoral de Hidalgo.

CRESPO, ENTRE LOS DAMNIFICADOS

A principios de este año, el regidor Crespo ya tenía planes para pedir licencia al puesto, con el plan ranchero de negociar con Cuauhtémoc Ochoa Fernández, consejero nacional del Partido Verde Ecologista, la candidatura de Morena para diputado local. Sucede que Ochoa se jacta de estrecha relación con Mario Delgado, presidente nacional de Morena (al menos, de forma nominal) y eso evidencia que el ecologista ya cortó toda relación con su antiguo protector, el ex gobernador y ex secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Esos movimientos desataron una especie de «lucha intestina» en Morena, ya que Crespo aspira(ba) a la nominación por el distrito 12 o 13, de Pachuca, donde la dirigencia estatal las tiene destinadas a mujeres, y el verde Ochoa pretende que «la equidad de género no afecte, necesariamente, su plan de colocar a Crespo como candidato».

En torno a esas maniobras, se puso en la balanza todo el peso que, en cierto momento, pudo tener el contubernio entre Francisco Olvera, Cuauhtémoc Ochoa, Ricardo Crespo y… ¡Mario Delgado, el líder de Morena!

Pero explotó de pronto la orden de detención de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, el otro as de la baraja de Olvera. Apenas unas horas después de difundida la noticia, en medios políticos tanto de CDMX como de Pachuca se comentó: “A Paco Olvera le mojaron la pólvora”. Su pretensión de conservar impunidad vía tres años de diputado por CDMX se esfumó.

Es ahora cosa segura, se pronostica en Hidalgo, que «El Grupo La Joya» que agrupa básicamente a ex funcionarios del gobierno de Olvera Ruiz, en otras palabras, lo más granado de la hamponería política regional, «verá tiempos de caída en desgracia». Por lo pronto, pretenden una estrategia de «control de daños», con reuniones virtuales «vía zoom», coordinadas por Rigoberto Valencia Pérez, quien fue miembro del gabinete olverista.

Todo indica que ese proyecto era la tabla de salvación tirada por Olvera para conseguir la impunidad ya imprescindible para el ex gobernador y compinches.

Se había quedado sin capital político en Hidalgo, en términos estrictos, y se jugó su resto en la capital del país, de la mano de Gutiérrez de la Torre.

Se ha filtrado, además, que avanzan investigaciones contra allegados y ex colaboradores en su sexenio, como Anuar de la Rocha, Pedro Luis Monterrubio y Geraldina García.

Trascendió también que, en cuanto a su posición en la ciudad de México, el dirigente de PRI-CDMX, Israel Betanzos, quien de siempre fue el «monigote» que estuvo manejando el porcino Gutiérrez de la Torre, hacía ya algún tiempo que urdía sacudirse al manejo del cacique encarcelado.

Es claro, pues, que la estrepitosa caída en desgracia del «Rey de la Basura» (título en sentido estricto y figurado), le cayó a Betanzos «como anillo al dedo» para finalmente manejarse como dirigente real del tricolor capitalino.

Olvera  y su grupo se quedan sin asideros.

 

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