Cinque Terre

Ricardo Becerra Laguna

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Economista. Fue subsecretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de México. Comisionado para la Reconstrucción de la Ciudad luego de los sismos de 2017. Presidente del Instituto para la Transición Democrática.

La nación de los sin futuro

La gráfica que acompaña el presente artículo y que revela el desarrollo –o más bien el no desarrollo- de nuestra economía nacional, fue originalmente fabricada por el economista Enrique Provencio hasta la primer década de este siglo.

Si tienen la paciencia verán un amplio espectro, sobre las cifras más rotundas y más incontrovertibles. Concéntrense en los datos, todos oficiales, debidamente comparables. Es el arco completo de 90 años de actividad económica en México, el promedio de crecimiento ocurrido década tras década, desde el año 1930.

La peor década fue la pasada, plena responsabilidad de administraciones panistas, a la que le tocó la bendición de un petróleo en precios récords y la maldición de la crisis financiera desde 2008.

El discurso económico dominante ¿todavía? suponía que los ochentas fue la década en la que los mexicanos pagaríamos la exuberancia, irracionalidad e incompetencia del modelo corporativo y proteccionista previo. Eran necesarios sangre, sudor y lágrimas, pero después de ello, nos colocaríamos en la antesala de la globalización y de la prosperidad. No ocurrió: los noventa nos trajeron a la “crisis del tequila”  y no llegaron ni siquiera a la mitad del promedio de los años 50-70. Pero lo peor ocurrió después: los diez primeros años del siglo XXI acusan el peor desempeño económico ¡por debajo de la década de los años treinta, la década de la gran depresión con segunda guerra mundial incluida!

Podemos verlo de otro modo en la segunda gráfica (abajo), la cual solo retrata al siglo XX, pero completo. Fue calculada meticulosamente por la economista Lucía Orta. Se trata de algo que explica muchas cosas de nuestro presente y dispara al corazón de eso que llamamos el ingreso. Resulta que los mexicanos apenas sobreviven con el 12% adicional a lo que recibían al iniciar el siglo XXI. El ingreso per cápita nacional acusa un desempeño más mediocre aún que el de la economía ¿la razón? Bajo salarios y altísima concentración del ingreso. O sea: la economía crece poco, pero redustribuye peor. Bajo ningún modo es un problema de “productividad”.

El ingreso per cápita de los últimos 20 años en México, ha crecido 12 por ciento real, o lo que es lo mismo: dos décadas para ganar 1,120 pesos si ganabas mil en el 2000.

Pues esta es la verdadera cara, la más profunda, la “estructural”, que ha esculpido a la sociedad mexicana. Nos hemos acostumbrado a ganar más o menos lo mismo durante nuestras vidas, y generación tras generación al menos desde la crisis del tequila, desde los noventas. Esto significa no solo estancamiento, no solo cancelación de la movilidad social, sino también una sociedad que sabe por pura experiencia, que sus hijos vivirán más o menos en el mismo nivel social y económico que sus padres si tienen la suerte de que no se les aparezca la siguiente crisis. Por eso, un profesor británico ha bautizado a México como “la nación de los sin futuro”.

 

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