Cinque Terre

Mariana Moguel Robles

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La migración, la muerte y las remesas

Tras el hallazgo, el pasado lunes 27 de junio, de los cadáveres de 50 inmigrantes en el remolque de un camión en las afueras de San Antonio, en la frontera de Texas con México, la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre dijo en una rueda de prensa: “Estamos centrados en seguir nuestras históricas acciones para interrumpir estas redes de tráfico de personas, incluyendo nuevas campañas que en sólo dos meses ya se han saldado con 1,800 detenciones”.

El presidente López Obrador lamentó la tragedia de migrantes ocurrida en Texas y fue crítico con la situación al respecto en la frontera de México con Estados Unidos. El martes 28, en su conferencia matutina, informó que entre los cincuenta migrantes muertos en dicho contenedor, veintidós eran mexicanos. Expresó sus condolencias a los familiares de los fallecidos y habló de que el gobierno apoyaría para la repatriación de los cuerpos. 

¿Por qué un gran número de mexicanos deciden emprender la migración hacia los Estados Unidos? Debido a las profundas diferencias económicas entre los dos países; en términos prácticos, la pobreza y la marginación que prevalece en nuestro país. En la Unión Americana existen mejores oportunidades de empleo e ingreso. La gente decide dejar sus lugares de origen para ir en busca de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.

Pero el camino que conduce al american dream está plagado de peligros y no siempre los resultados son positivos; la muerte suele ser el precio por pagar en esta aventura macabra y aspiracionista. Basta decir que, en diciembre de 2021, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) documentó, al menos, 650 personas muertas ese año en su intento por cruzar la frontera entre México y Estados Unidos. 

En 2008, en su artículo titulado Mortandad en la frontera, Andreas Feldmann y Jorge Durand, de las universidades de Chicago y Guadalajara, respectivamente, señalaban: “En el corredor norteamericano que se inicia en Centro América, atraviesa México y se dirige hacia Estados Unidos, también se ha registrado un creciente número de muertes de migrantes. México es la puerta de entrada hacia Estados Unidos, puerta trasera, pero muy amplia y porosa; de ahí que migrantes de todo el mundo, muy especialmente latinoamericanos, se dirijan a este país con la intención de cruzar hacia Estados Unidos.

Existe un incentivo adicional, además de la vecindad geográfica, los mexicanos han desarrollado un amplio entramado de servicios de “coyotaje” para cruzar la frontera de manera subrepticia. El fenómeno no es nuevo, desde fines del siglo XIX existían los coyotes, que ingresaban ilegalmente ciudadanos chinos y posteriormente japoneses, impedidos de entrar a Estados Unidos por las leyes de exclusión racial”.

Este fenómeno, de larga data, ha sido un asunto pendiente de todas las administraciones federales, la actual incluida. 

En el documento de Panorama Migratorio, “Migración internacional: tendencias mundiales y dimensiones del fenómeno en México”, publicado en 2018 por el Centro de Estudios Migratorios, la Unidad de Política Migratoria, y la Subsecretaría de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, se señala que “el principal corredor migratorio en el mundo es el conformado por México-Estados Unidos, con 12.1 millones de migrantes mexicanos, los cuales representaban 97.7% del total de mexicanos residentes en el exterior en 2015. En segundo lugar, se encuentra la migración de India a Emiratos Árabes Unidos (3.5 millones)”.

Fuente: Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas, Segob, con base en datos de la División de Poblaciónde Naciones Unidas (2021)

Este estudio explica que en México reside poco más de un millón de personas originarias de otro país: tres de cada cuatro, aproximadamente, (73.5%) provienen de Estados Unidos de América; Guatemala (4.5%) y España (2.3%) son otros de los países de origen de población no nacida en México que residen en nuestro país.

En mayo pasado, el presidente López Obrador emprendió una gira llamada Mirar al sur, por cinco países de Centroamérica y el Caribe: Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba. Arropado por la bandera de sus programas sociales (Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro) y con el tema de la migración, el presidente aprovechó para recibir varias condecoraciones: en Cuba la condecoración ‘José Martí‘. En Honduras recibió la orden civil José Cecilio del Valle en el grado gran cruz, placa de oro. 

En dicha gira, López Obrador también recordó a la administración del presidente Joe Biden la urgencia de invertir en programas sociales en la región, y dijo que de esos recursos depende que pueda llevarse a cabo un plan conjunto para atender el fenómeno de la migración hacia los Estados Unidos. 

Lo cierto es que la mencionada gira y las arengas a nuestros vecinos del norte parecen no haber obtenido el eco suficiente. México y Estados Unidos pueden coincidir en ciertos aspectos sobre el tema, pero sus objetivos siempre serán distintos.

El presidente recibió sus condecoraciones y a cambio obsequió importantes sumas de dinero, como buen “hermano mayor”, a los países que le distinguieron. Múltiples voces se alzaron en México, y le recordaron al mandatario que su compromiso y responsabilidad están en atender los problemas nacionales, y no en la promoción de su imagen. La queja fue tema menor, si consideramos que la aspiración caudillista de nuestro presidente ya busca rebasar fronteras.

No obstante, ha sido claro que la promoción personal es uno de los gastos más onerosos de esta administración —a costa del erario, claro—. El presidente ha declarado que está enfocado en atender las causas de las problemáticas nacionales, en ello fundamenta la defensa de su estrategia (¿estrategia?) fallida de seguridad que sigue sumando muertos, sin importar quejas, reclamos u opiniones.

En el caso específico de la migración de connacionales hacia los Estados Unidos debido a la pobreza y la marginación, no hace falta ser especialista en altas matemáticas, bastaría con que el gobierno echara a andar políticas públicas dirigidas a contrarrestar de manera sostenida dichos lastres.  

Sobre el caso de los migrantes fallecidos en el contenedor surgen preguntas: los muertos mexicanos que son producto de la migración ilegal, aunque los hechos ocurran en los Estados Unidos, ¿son responsabilidad del gobierno por su incapacidad de satisfacer las necesidades básicas de sus gobernados? ¿Son culpa exclusiva de los “coyotes” o “polleros”, o estos delincuentes también son parte de la cadena de olvidos del gobierno y, por tanto, también son seres humanos? ¿En ellos se enfocará el ajusticiamiento mediático y la exculpación de las autoridades?  ¿De qué tamaño es el cuerpo de la serpiente y a quiénes involucra? ¿Habrá servidores públicos involucrados a quienes se fincarán responsabilidades? ¿Son muertes que también entrarán en la cuenta del presidente Felipe Calderón? 

Frente a la incapacidad de su gobierno en materia económica, el presidente festeja como un logro de su administración la llegada de remesas enviadas por migrantes desde los Estados Unidos. Vaya descaro.

Este tema histórico pendiente se antoja para los buenos oficios de un verdadero estadista, mínimo, para un secretario de Relaciones Exteriores capaz. Ahí para la otra. No molestar, el gobierno está en campaña. 

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