Cinque Terre

Jesús Ortega Martínez

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Coordinador Nacional de Nueva Izquierda del PRD.

La izquierda y el Nuevo Bloque Histórico

No se trata, por lo tanto, sólo de cambiar al inquilino de Los Pinos; no se trata de cambiar sólo de partido en el gobierno; sino, en sentido diferente, se trata de garantizar la instalación de un nuevo régimen político que, a su vez, sea el resultado de la constitución de un Nuevo Bloque Histórico, según la tesis gramsciana.

El régimen político presidencialista, que surge desde la hegemonía del nacionalismo revolucionario durante todo el siglo XX, ha resistido, hasta ahora, grandes embates para destruirlo. Ha digerido, en varios momentos, crisis que pusieron en duda su permanencia en el poder. Por ejemplo: asonadas de grupos militares; levantamientos populares armados; grandes rebeliones cívicas; crisis económicas que le hicieron tambalear; divisiones profundas entre sus liderazgos e, incluso, alternancias en la Presidencia. Y, sin embargo, supo resistir hasta ahora, es decir: hasta antes de las elecciones de 2018.

Decimos hasta ahora porque las cosas han cambiado y el país ha experimentado transformaciones en sus estructuras económicas, y en otras muchas de diversa naturaleza en el conjunto de la sociedad civil. Estos cambios han propiciado, en la segunda década del siglo XXI, un proceso social que podría tener como desenlace la expiración del bloque histórico del nacionalismo revolucionario conformado desde los inicios del siglo pasado.

La persistencia de ese bloque histórico ya obsoleto y anacrónico es, en parte sustantiva, la causa de algunos de los grandes problemas que padece el país. La tremenda desigualdad económica y social entre regiones, estados, grupos e individuos; el estancamiento de la economía; el crecimiento de la pobreza; la terrible violencia que azota a la sociedad mexicana; la existencia de poderosos grupos delincuenciales que desafían a las Fuerzas Armadas y que ponen en entredicho la existencia misma del Estado. La corrupción que ahoga al país tiene como causa la ineptitud política del actual grupo gobernante y su evidente incompetencia para restablecer la dominación del antiguo bloque histórico.

Por ello, no se trata sólo de sustituir a Peña Nieto por otro individuo en la Presidencia, pues, mucho más que eso, se requiere —desde una perspectiva de país— de la concreción de un Nuevo Bloque Histórico que pueda instalar una nueva hegemonía democrática, una recomposición de la estrategia económica y la instalación de un nuevo régimen político.

Frente al país que se deshace. Frente a una sociedad que se disgrega. Frente a una clase gobernante que se descompone, la alternativa es la irrupción de un Amplio Frente Ciudadano que, por su integración pluriclasista, por su diversidad política, por su composición multicultural, pueda ser germen y cimiento de un proceso disruptivo frente el actual sistema de dominación. Un sistema de dominación, por definición, excluye y, en sentido diferente, lo que se propone es la inclusión.

Por ello, “un partido que se quiera de izquierda, dice Juan Villoro, debe recoger y tratar de impulsar los intereses de todos los diversos grupos que están excluidos, no de los diferentes ya incluidos en el sistema de dominación, obviamente, sino de todos los grupos que tienen interés en romper el dominio. Y todos estos tienen intereses muy distintos” (Nueva izquierda, Revista. Número 1. Año 1. México).

“Una posición de izquierda no contrapone la igualdad a la libertad. No hay tal a pesar de los regímenes totalitarios que hayan suprimido la libertad. Una posición de izquierda, en la medida de que es una posición contra la exclusión, busca que todos los individuos tengan las condiciones mínimas para alcanzar su libertad, no para elegir en abstracto su forma de vida, sino para que se realice” (dixit).

La izquierda progresista y democrática debe participar en la construcción de un Nuevo Bloque Histórico para el México del siglo XXI, en el que se incluyan a todos los diversos, a los que defienden, incluso, intereses diferentes.

Los defensores del antiguo bloque histórico decadente defienden la uniformidad, no la igualdad; defienden el autoritarismo y confrontan a la libertad.


Este artículo fue publicado en El Excélsior el 14 de noviembre de 2017, agradecemos a Jesús Ortega Martínez su autorización para publicarlo en nuestra página.

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