Cinque Terre

Luis de la Barreda Solórzano

La invitación retirada

El jueves 14 de este mes, la doctora María del Carmen de la Peza Casares, secretaria ejecutiva del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), envió, vía correo electrónico, una carta a todos los miembros de ese sistema. En la misiva recuerda que hemos entrado a la fase 3 de expansión de la pandemia, “con un incremento significativo de las necesidades de personal médico, equipo y materiales diversos para atender a los pacientes graves de covid-19 que requerirán atención médica hospitalaria”.

Por tal motivo, la doctora De la Peza hace un llamado urgente a la solidaridad de los investigadores “con el Pueblo (sic, con mayúscula) de México a través de la donación voluntaria de uno, dos o tres meses del estímulo que reciben”. La aportación “podría representar una ayuda significativa a las necesidades más urgentes del sistema de salud”. Si todos los miembros del SNI aportaran los estímulos de un mes, se recaudarían 550 millones de pesos; si contribuyeran con los de tres meses, la cantidad sería de 1,650 millones.

Las reacciones de muchos investigadores fueron de indignado rechazo al llamado. Entre las objeciones destacan que el ingreso recibido como estímulo, dados los modestos salarios que perciben, resulta necesario para la investigación y para la manutención misma; que la solicitud es incongruente con el trato que han recibido del gobierno federal, particularmente del Presidente, quien se ha referido de manera agresiva a la comunidad científica, médica y de tecnólogos; que los investigadores ya han realizado recaudación de recursos por su cuenta.

Otros motivos de desacuerdo son: que se pide la contribución sin considerar la posibilidad de dar marcha atrás a los proyectos insignia de la llamada Cuarta Transformación; que la cuenta señalada para el depósito es la de beneficencia pública, donde no hay un programa específico para el covid-19, lo que provoca dudas respecto del destino del dinero; que los estímulos no son una beca adicional al salario, ni una dádiva asistencialista como las que da el gobierno federal, sino que se obtienen con productividad académica; que es increíble que se solicite el donativo cuando tantos empresarios amigos del Presidente deben cientos de millones al SAT (Reforma, 16 de mayo).

Ante tal repudio, el domingo 17 la doctora De la Peza envió un nuevo mensaje en el que asegura que la invitación a donar fue una iniciativa de buena fe “para la que no fue consultada la Presidencia de la República” (aclaración no pedida, acusación manifiesta, dice una máxima popular), “pero vista la controversia que se ha suscitado… con el fin de evitar malentendidos anunciamos por este medio que la retiramos formalmente”. En consecuencia: “Cada quien decidirá, por su propia voluntad, si desea o no donar, lo cual es un acto voluntario”. (Nótese el doble pleonasmo: cada quien decidirá por su propia voluntad en un acto voluntario).

La batalla contra la pandemia del covid-19 amerita la mayor solidaridad. Nada es tan importante y urgente en México y en el mundo. Pero la invitación de la secretaria ejecutiva del SNI fue inelegante —similar a lo que se conoce como pase de charola—, nada convincente —por las razones expuestas por numerosos investigadores— e impropia —porque la solicitud no debía hacerla sino la Secretaría de Salud—.

No somos pocos los investigadores que hemos hecho y seguiremos haciendo donativos para contribuir, así sea modestamente, a la lucha contra la pandemia. Tuve la satisfacción de donar a la UNAM para equipos de protección para residentes y a la campaña FONDODespensaMX para despensas destinadas a familias que han perdido sus ingresos por la contingencia. Sé que esos donativos se han aplicado impecablemente.

Pero, además, aceptaría con gusto la invitación del SNI si el gobierno federal, en una actitud de elemental congruencia, reencauzara al combate a la pandemia los recursos que hoy malgasta en el Tren Maya, Pemex, Dos Bocas y el parche de Santa Lucía, reasignara a la Secretaría de Salud los 1,500 millones de pesos que le fueron recortados en el primer trimestre, recontratara a los 10,000 médicos y enfermeras que despidió, y dedicara al sistema sanitario el mismo porcentaje del PIB que, en promedio, le dedican los demás países de la OCDE (nuestro país es el que le adjudica el más bajo porcentaje).


Este artículo fue publicado en Excélsior el 21 de mayo de 2020, agradecemos a Luis de la Barreda Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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