Cinque Terre

Alejandro Vázquez Cárdenas

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Médico.

La intolerancia y las dictaduras

“Nosotros nunca nos equivocamos” es una frase recurrente en relatos ambientados en la extinta Unión Soviética. Sentencia que retrata una de las características de los Estados totalitarios, su intolerancia a toda opinión que no coincida con el pensamiento oficial, la negación a reconocer la posibilidad de que puedan estar equivocados y a final de cuentas, la imposibilidad de sostener un dialogo.

Actualmente, en el México de la 4T, en las estructuras manejadas por esos servidores 90% honestos y 10% experiencia, no cuesta mucho imaginar a cualquier funcionario cerrando toda posibilidad de dialogo utilizando esa frase, digna del El Proceso de Kafka “Nosotros nunca nos equivocamos”.

Esa expresión, por contraste, nos lleva a evocar un bien que cada día vemos más lejano en este México, la tolerancia. Recordemos una de las muchas definiciones que existen de la tolerancia “actitud y comportamiento, individual, social o institucional, caracterizado por la consciente permisividad hacia los pensamientos y acciones de otros individuos, sociedades o instituciones, pese a que los valores morales o éticos de aquéllos no coincidan, o incluso desaprueben, los de éstos”.

Esencialmente es un concepto ligado en forma absoluta a la libertad, al grado de no poderse entender una sin la otra. Los principales actores y receptores son el individuo y el Estado atendiendo a la voluntad de tolerar y ser tolerado. Esto es lo esperado en los llamados regímenes democráticos donde normalmente existe legalmente la protección a las opiniones diversas y definitivamente ausente en los Estados totalitarios donde la única voluntad válida es la del Estado y nadie puede ni debe disentir de ella. Ejemplos sobran, aquí cerca en Cuba o más lejos en Corea del Norte y en el pasado reciente en la URSS y sus satélites.

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¿Vivimos en un país tolerante? Quizá si nos atenemos a sus leyes escritas lo seamos, pero resulta que en México en muchos casos las leyes simplemente son poco menos que letra muerta, a menos que dispongamos de poder o dinero para hacerlas funcionar. Para los simples mortales solo queda atenerse al santo de su devoción.

Dado que la memoria no es precisamente algo muy confiable, me permito recordar un par de eventos de un pasado no muy lejano, claros ejemplos de una intolerancia proveniente del mismo huevo de serpiente que se venía incubando y que ya eclosionó en esta cuarta transformación.

El 6 de marzo del 2007, en la presentación del libro de Carlos Tello sobre el 2 de julio del 2006 en un conocido hotel de Polanco, se armó un tremendo sainete protagonizado por los agresivos seguidores del ya para entonces llamado “presidente legítimo” López Obrador. En dicho libro se analiza, paso por paso, la tragedia vivida por los que se creyeron invencibles y resultaron derrotados ese día. Los seguidores de López se dieron cita para sabotear la presentación del citado libro. Obligaron mediante amenazas a un cambio de sede, pero con persistencia digna de mejor causa acudieron al nuevo sitio para impedir la libre discusión de ideas entre el autor, los presentadores y el público. ¿Tolerancia para dialogar? Cero.

El Universal

El otro episodio ocurrió en Morelia, Michoacán, el 17 de septiembre de 2002 en las instalaciones del canal 11 de la televisión local, cuando un grupo de la sección 18 de la CNTE, mostrando su rostro más intolerante impidió a fuerza de golpes la entrevista que se le realizaba a la comisionada del SNTE Sanjuana Cerda. No contentos con esto, los agresivos “maestros” ultrajaron y golpearon a la comisionada y a su acompañante Lucino Soriano obligándolos a caminar , a ella en ropa interior, hasta al centro de la ciudad; todo esto ante la impasible ¿o cobarde? mirada de las autoridades del Gobierno Estatal y municipal. ¿Consecuencias? Meramente simbólicas, se levantó la averiguación previa 514/2002-VIII y para cubrir el expediente se detuvo transitoriamente a 8 personas mismas que velozmente fueron liberadas. ¿Quién era el Gobernador? Pues Lázaro Cárdenas, actual jefe de asesores de Obrador.

¿Es la tolerancia y el dialogo una característica del grupo afín a López Obrador? Definitivamente no. ¿Cabe esperar un intercambio de ideas constructivo con el señor López? Ni en sueños, primero se congela el infierno. Y nadie medianamente informado puede alegar desconocimiento del actuar histórico de los acólitos de la 4T. Por elemental decencia, no aleguen ignorancia. Tengan un mínimo de dignidad

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