Cinque Terre

Javier Solórzano

La inquietud en medio de la esperanza

Provoca una inquietante confusión la estrategia de vacunación a lo que se suma la decisión de Pfizer de detener la producción por un reacomodo para la producción de las vacunas en sus laboratorios en Bélgica.

En medio de la rebatinga por las vacunas, en el mundo hemos entrado en una carrera donde pareciera que lo único que importa es el dinero, el capitalismo salvaje está determinando quién tiene acceso a ella y quién no.

La ONU está intentando hacer un alto en el camino, porque está claro que muchos gobiernos están materialmente imposibilitados para comprar las vacunas, lo que los coloca en una situación de total desventaja, poniendo en un mayor riesgo la vida de sus gobernados.

Bajo este escenario, con las desigualdades sociales y económicas existentes, podemos terminar en medio de una catástrofe de dimensiones insospechadas, si no sé es capaz de entender la importancia de asumir con sensibilidad y equidad de distribuir las vacunas entre todos los países.

No hacerlo acabará por provocar una confrontación mundial con derivaciones sociales de trascendencia inédita y, sobre todo, de escenarios apocalípticos.

Paradójicamente, las vacunas pueden ser una oportunidad para buscar, aunque sea precariamente, una mayor equidad en el mundo. No es que las cosas vayan a cambiar de manera radical con una justa distribución de las vacunas, sino que de fondo pudiera ser que a través de voluntad y consenso se presenten nuevos reordenamientos en un mundo cargado de desigualdades.

Sin embargo, el proceso requiere de estrategias inteligentes y sensibles. En un país como el nuestro los objetivos debieran estar en las zonas con la mayor densidad de habitantes, en la población económicamente activa sin dejar de atender a la tercera edad. Lo que es claro es que si no se piensa en quienes mantienen la economía no va a haber  manera de revertir las cosas.

Lo urgente está en resolver el problema de salud sin dejar de pensar en lo económico, sin atender lo primero no vamos a entrar a una nueva etapa en la vida del país.

El Gobierno está metido en un reto mayúsculo. Una experiencia que debería de aprovecharse es la larga tradición de vacunación del país a lo largo de décadas. A finales de los 90, con el doctor Kumate al frente de la Secretaría de Salud, se llevó a cabo una gran estrategia de vacunación que hoy rinde frutos en la salud de millones de ciudadanos.

Es claro que hoy estamos bajo otros escenarios por las urgencias que tenemos y porque la crisis alcanza a todo el mundo, pero dicha experiencia se debe tomar en cuenta. Los países que van a salir más rápido de la pandemia son los que tengan la mejor estrategia de vacunación.

En este renglón estamos un tanto cuanto entrampados entre otras razones porque las vacunas no están llegando con la celeridad que el Gobierno ofreció.

Hay muchas preguntas respecto a la estrategia. El fantasma del perverso uso político con la vacuna no deja de rondar entre nosotros. Asimismo, no está muy claro cuál es la base de datos con la que está trabajando para saber a quién ya se vacunó, hay muchas quejas de personal de salud, lo que incluye camilleros y quienes están colaborando de manera generosa en ambulancias; anoche el afamado y cuestionado vocero aseguró que se va a modificar la distribución.

Otro asunto estratégico es la transparencia. Por un lado, el Presidente pide transparentar todo y, por el otro, Marcelo Ebrard dice que no es del todo posible ya que las empresas lo impiden.

No es casual que la llegada de las vacunas, la distribución, la transparencia, la base de datos estén generando inquietud en medio de la esperanza.

RESQUICIOS

Siguen sin estar claras las razones por las que el Gobierno no quiere que el sector privado participe en esta etapa de la pandemia. Le adelantamos algo: aunque no quiera lo va a terminar por llamar, no puede enfrentar solo la pandemia.


Este artículo fue publicado en La Razón el 19 de enero de 2021. Agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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