Cinque Terre

Óscar Constantino Gutierrez

[email protected]

Doctor en Derecho por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y catedrático universitario. Consultor en políticas públicas, contratos, Derecho Constitucional, Derecho de la Información y Derecho Administrativo.

La guía del diablo predicador

Y, al mirarse en el cristal, al déspota no le gustó su reflejo

Uno de mis personajes de ficción favoritos es el demonio que da sermones. De hecho, el Satanás interpretado por Al Pacino en The Devil’s Advocate evoca a esa figura: el joven John Milton seduce —y embaraza— a una mujer piadosa mediante el recurso de la erudición bíblica.

En buen español, el diablo predicador es un miserable que pondera sobre ética cuando su conducta es la más reprobable de todas: es el cínico máximo, irónicamente disfrazado con el manto hipócrita del moralista.

Pues bien, Capitán Incongruencia, el superhéroe de la 4T que gobierna desde Palacio Nacional nos hizo el favor de anunciar una Guía ética para la transformación de México. No voy a insultarlos, amables lectores, dando eco al montón de disparates y barbaridades que desaguó la recua auxiliar del presidente en ese documento repulsivo. Leerla es adentrarse en la óptica seudocristiana, socialistoide, incoherente y demagoga de López Obrador, lo que no le deseo ni a Gerardo Fernández Noroña —a Gatell quizá sí, pero ese es otro tema.

Hegel, el espejo de los tiranos

“Ante la demagogia, filosofía”, habría dicho uno de mis maestros si hubiera tenido el infortunio de aguantar al hombre que vino de Macuspana. Y nadie mejor que Hegel para desnudar al autócrata mesiánico, al demontre evangelista que se oculta bajo el hábito de un falso franciscano.

Para el de Stuttgart, los derechos individuales y libertades existían porque el Estado las otorgaba. De hecho, en La razón en la historia retrata claramente este criterio: “El Estado, las leyes, las constituciones, son los fines, y el individuo debe ponerse a su servicio; se diluye en ellos y sólo alcanza su propio fin en el fin universal”[1]. Esta posición, que se denomina transpersonalista, es el eje común de los Estados nazi, fascista y soviético.

lopezobrador.og

¿Y por qué importa Hegel, abuelo del nazismo, en una columna sobre la última ocurrencia de Andrés Manuel? Porque en la mentada guía de la 4T se afirma textualmente que “la libertad es el conjunto de decisiones que te son permitidas por las leyes y por tus propias capacidades”. En suma, en el mundo de López, el Estado define para qué eres libre y para qué no.

En lugar de señalar a las libertades como límite de lo legal, el panfleto pejista convierte a los actos estatales en los postes y alambres del corral en que encierra a la gente. Cualquier demócrata liberal sabe que los particulares pueden hacer todo lo que la ley no restrinja expresamente y que tales prohibiciones no pueden tocar derechos fundamentales. Todos estos principios liberales brillan por su ausencia en la guía mesiánica del adversario. Por el contrario, el texto se inventa que las libertades se conceden por la ley, no que son previas y primeras a ese acto legislativo, cuando, en las democracias, las leyes no pueden restringir cualquier conducta.

Y, como el transpersonalismo es una posición peleada “con la democracia, y con la filosofía y el derecho de los derechos humanos”[2], la guía tropical orienta menos a la república que una Guía Roji desactualizada. No es más que un conjunto de puntadas bobas preparadas por una caterva de paleros de la estolidez presidencial.

Y, con ese botón de muestra, basta para evidenciar al legajo con aspiraciones fallidas de brújula moral del país. ¿En verdad no entiende López que, con estas ocurrencias, su lugar en la historia se encontrará entre Pascual Ortiz Rubio y Victoriano Huerta? Si ya de por sí la idea de la constitución moral es mala, dejar su elaboración a unos pelmazos la convierte en pésima. Pero no podía esperarse algo distinto del que habla de rifas de aviones y perdón de deudas en las reuniones internacionales: tenemos el presidente que se merecen sus 30 millones de votantes, aunque el resto de nosotros no ameritemos semejante pena…

Referencias

[1] Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. La razón en la historia. Madrid, 1972. p. 312, citado por Bidart Campos, Germán J. Teoría General de los derechos humanos. UNAM, México, 1989, p. 84, nota a pie 16.

[2] Bidart Campos, Germán J. Op. cit. p. 84

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password