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Tere Vale

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La división

Si algo caracteriza a López Obrador es su asombrosa capacidad de dividir. No solo me refiero a la estrategia polarizante que ha mostrado durante todo su gobierno, sino a esta habilidad de ponernos a unos frente a otros, que ha practicado exitosamente desde mucho antes.

Solo detengámonos a ver cómo ha dividido al PRI (muchos se identifican y/o están con él), al PRD (casi lo desfonda) y, bueno, hasta al PAN (recordemos el caso emblemático de Gabriela Cuevas, entre otros) Haciendo esto ha logrado salirse con la suya, que es simplemente acumular más y más poder.

Hablar de cómo divide al país desde la mañanera es casi un lugar común. En esta esquina —dice el presidente— los neoliberales, los conservadores, los fifís, los chayoteros, los periodistas y medios que no le rendimos pleitesía, los corruptos…y en la otra: los honestos, pobres, esforzados, buenos y sabios. Lo peor de todo es que, como diría Fellini, la nave va.

Pero bueno, parece ser que dividir en dos a México ya no le es suficiente y hace unos cuantos días decidió dar una batalla más para su causa, la madre de todas las divisiones, polarizar aún más a los mexicanos y de una vez a Latinoamérica. Ahí va, avanzando.

La presencia de Díaz Canel en los festejos de la independencia hizo lo suyo. Con azoro presenciamos cómo se recibía con honores, fastos y reconocimientos (¿?) a un “presidente” títere de la sexagenaria dictadura de los Castro. Claro, eso nos dolió a muchos, pero hay que reconocer que nos separó más a todos. A favor o en contra, pero de que nos enfrentó más, pues sí… nos enfrentó.

Nos esperaba en esta temporada un acto de confrontación aún más electrizante: la reunión de la CELAC y ahí, en exclusiva, de la Cuarta Transformación para el mundo… la sorpresiva (y supuestamente inesperada) llegada de Nicolás Maduro. No, bueno, ¡ahora sí que la cosa se puso intensa! El encono y los bandos a favor y en contra estaban garantizados. Un triunfo para AMLO y su canciller. ¿Será?

En esta carambola de tres bandas la cosa iba así en teoría. Ebrard ganaba puntos frente a su jefecito al haber traído a un buen número de famosos populistas del continente. AMLO quedaba como el líder que América esperaba.

Por otra parte, se dividía a la OEA y le daban un rasguñito a Almagro; por si esto fuera poco, partía también en dos a la CELAC, de un lado Bolivia, Argentina, que no vino por su problemón interno (aunque su corazoncito, e incluso el de Cristina, están con la 4T), Nicaragua, El Salvador, Venezuela, Cuba y México y enfrente todos los demás. Puros finísimos dictadores violadores de los derechos humanos en contra de los malvados neoliberales. ¡Vaya triunfo!

Supuestamente esta cumbre era para lograr la solidaridad latinoamericana en tiempos difíciles, sin embargo, el resultado, como era previsible, fue todo lo contrario.

No quiero dejar de mencionar lo dicho por el presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez que con todas sus letras mencionó que su presencia no implicaba un reconocimiento al gobierno de Nicolás Maduro. Tampoco puedo olvidar lo dicho por Luis Lacalle, el presidente uruguayo que dijo textualmente:

“Cuando uno ve que en determinados países no hay democracia plena, cuando no se respeta la separación de poderes, cuando desde el poder se usa el aparato represor para acallar las protestas, cuando se encarcela a opositores, cuando no se respetan los derechos humanos, debemos decir con preocupación que vemos grave lo que ocurre en Cuba, Nicaragua y Venezuela”.

Total, la reunión fue un sonado fracaso, Almagro todavía esta riéndose de los múltiples ridículos que hicieron los dictadores, a Ebrard le bajaron las calificaciones en su boleta y todos se fueron bien enojados. Pero eso sí…ganó la división.

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