Cinque Terre

Pedro Gerson

Es investigador en el IMCO

La desinformación de las redes sociales

 Si bien es cierto que en México sólo el 31% de los hogares tienen acceso a internet1, el uso de las redes sociales en nuestro país va incrementando. Para empezar la conectividad desde el hogar aumenta año con año. Por otro lado, muchos aprovechan que aplicaciones como Facebook y Twitter funcionan de forma gratuita en ciertos celulares. Y, claro está, hay muchos que acceden a estas cuentas desde cafés internet o algún espacio público. De hecho, se calcula que alrededor del 95%2(casi 62 millones de personas) de los usuarios de internet en México tiene una cuenta en una red social. El aumento en el uso de estas redes es visto usualmente como un catalizador de la democracia. Esto no es sólo porque uno puede ser expuesto a más opiniones, sino porque estos medios se ven como rivales dignos de nuestro gran duopolio mediático.

Esto hace que las redes sociales sirvan como plataformas para contenidos que no verían la luz del día de otro modo. Lo cual, en teoría, incrementa la información disponible para los ciudadanos, abona a un clima de pluralidad y abre las posibilidades para que nuevos mensajes se envíen. Para los partidarios de esta visión, las recientes victorias de Pedro Kumamoto, o de Jaime Rodríguez, “El Bronco”, entran claramente dentro de esta narrativa, ya que, estos dos candidatos apalancaron las redes sociales para que sus campañas fueran exitosas. Sin embargo, interpretar estas victorias como señales de que las redes sociales son medios que expanden nuestros horizontes (y por ende la democracia) es un error.

El problema es que pasar de los medios masivos de comunicación como fuente de información a Facebook o Twitter no va a aumentar las perspectivas a las que somos expuestos. Esto es porque la mayoría de nuestros “amigos” en Facebook es gente con la que en general ya compartimos mucho: lazos familiares, experiencias de vida, trabajo, intereses, y hasta nivel educativo y socioeconómico. Por otro lado la gente que seguimos en Twitter, tiende a ser gente con la que compaginamos. Me gusta el análisis incisivo Sal Camarena (y sus tuits ingeniosos), por eso lo sigo, no me gusta la prosa y lógica de adolescente que exhibe Carlos Mota, por eso no lo sigo. En ambos casos, la gente a la que somos expuestos va a subir artículos de opinión, reportajes o videos que concuerdan con nuestra visión de mundo no que la reta.

Un gran riesgo para la democracia de que las redes sociales absorban nuestro consumo de noticias, es precisamente que al hacer esto nos estaremos encasillando más en nuestra burbuja social. Cada vez más nos expondremos sólo a lo cómodo, sólo a lo que coincide con nuestra visión de mundo, sólo a lo que ya conocemos. Este aislamiento puede dañar severamente el prospecto de un diálogo entre personas, y afectar la capacidad de construir plataformas plurales.

No quiero decir que las redes sociales no tienen nada que aportar a la democracia. Desde la Primavera árabe, hasta los triunfos de Kumamoto y el Bronco, demuestran que este no es el caso. Sin embargo, los riesgos de que estos medios puedan llevar a la desinformación y al aislamiento son reales. Aún no hay un antídoto para asegurarnos de que esto no suceda, sin embargo crear y tener conciencia de que las redes sociales también nos cierran el mundo de ideas es un importante primer paso.

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