Cinque Terre

Pablo Majluf

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Periodista.

La consolidación autoritaria

Estamos atestiguando el ascenso y consolidación paulatina de un régimen autoritario con talante militarista. La confesión es abierta. Al despliegue de 80 mil soldados para tareas de seguridad pública, se suma la siniestra declaración del Secretario de la Defensa convocando a cerrar filas con el proyecto obradorista, algo no visto desde que la pax posrevolucionaria mantuvo a los militares fuera de la política. Acto seguido, un “decretazo” presidencial para exentar de cualquier obstáculo legal –bajo pretexto de “seguridad nacional”– a las obras de infraestructura consentidas del obradorato, la construcción y beneficio de las cuales son, en su mayoría, para las Fuerzas Armadas.

El cariz militarista es claro. El Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) acaba de presentar un Inventario Nacional de lo Militarizado, donde halló –de lo poco que se sabe– que 246 funciones civiles han sido conferidas a los militares en los últimos años, incluidas obras de construcción, operación de programas sociales, control de aduanas y de migración. La cabalgada es sostenida y expansiva. Lo que aún no advierten muchos es el semblante autoritario: sus ojos les dicen que este no es un régimen sanguinario, que se pudieron celebrar elecciones, que no hay centros masivos de detención, que aún hay cierta división de poderes, que la disidencia puede hablar y publicar, y que en general es una administración más bien torpe e inepta.

CIUDAD DE MÉXICO, 13SEPTIEMBRE2021.- Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional; Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México, y José Rafael Ojeda Durán, secretario de la Marina. FOTO: MOISÉS PABLO/CUARTOSCURO.COM

Vaya umbral de complacencia. Desde luego que México no es la Bielorrusia de Lukashenko. Sin embargo, ese tipo de referentes sólo le dan margen de maniobra y permisibilidad al régimen. Las alarmas deben sonar apenas haya los primeros avisos. Y Human Rights Watch ya nos hizo el favor, por si no eran claros desde hace mucho: la incursión de los militares en la política es un grave peligro para la democracia.

Cuando hablamos de militarización, hablamos de irreversibilidad. Si el poder es expansivo por naturaleza y no se autorregula, militarizado lo es más: sencillamente porque su fuerza coercitiva es inigualable. Volver a limitar al Ejército en el corto plazo es improbable. No sólo es que estén armados; también son organizaciones subrepticias por diseño. Es muy difícil auscultarlas, saber qué sucede en su interior, no digamos llamarlas a cuentas. Encima, cuando el contubernio es con el poder civil, los ciudadanos están rodeados.

La pregunta no es qué va a pasar: los regímenes autoritarios se manifiestan en diferentes formas y grados, cuyos devenires finales ellos mismos ignoran. La pregunta es si ya están colocadas las piezas para revertir el orden democrático. No hace falta estirar la imaginación para llamar a la inquietud: si ese poder se tornara despótico, ¿habría instituciones para limitarlo? La respuesta es obvia y el régimen lo sabe. Si no resistimos hoy, seguirá avanzando.

Posdata: los decepcionados ahora dicen que la exacerbada militarización era inimaginable; que la campaña del redentor fue en sentido contrario; que fueron engañados y traicionados. Vale, suponiendo sin conceder que mintió, ¿qué pensaron que iba a hacer un populista latinoamericano con una inercia militarista?

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