Cinque Terre

Óscar Constantino Gutierrez

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Doctor en Derecho por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y catedrático universitario. Consultor en políticas públicas, contratos, Derecho Constitucional, Derecho de la Información y Derecho Administrativo.

La clase política, irresponsable como siempre

Escribo a las 22:00 horas del domingo. Va por México ganaría en Aguascalientes y Durango. Morena se llevaría Oaxaca, Quintana Roo e Hidalgo. Los comicios de Tamaulipas, a pesar de la ventaja de Américo Villarreal, seguramente se irán a tribunales. Sin embargo, tanto Morena como el PAN salieron a anunciar cuentas alegres, en lugar de esperar los resultados oficiales que publica el árbitro electoral. ¿Tiene sentido ese comportamiento? No, es profundamente idiota. Entonces, ¿por qué lo hacen?

Porque a los políticos les es consustancial mentir. Aunque no ganen nada con ello.

Hace ya muchos años, Pedro Aguirre dio una conferencia donde señaló una verdad central de la política comparada: los sistemas sirven o no en función de la responsabilidad de la clase política que regulan. Por ello los ingleses se desempeñan bien con una Constitución no escrita, mientras en México necesitamos controles sobre los controles. Y no hay alguien más irresponsable que un político mexicano en campaña.

Hay que resaltar algo: Va por México perdió Tamaulipas e Hidalgo por sus malas decisiones. Ningunearon a Fayad, que es execrable, pero era fundamental para que la maquinaria priista conservara ese estado. En Tamaulipas pusieron a un patiño del gobernador García Cabeza de Vaca, señalado por corrupción y mal gobierno. El sentido común marcaba llegar a acuerdos con Fayad, para Hidalgo y encontrar un candidato fresco, fuera del gobierno desprestigiado, en el caso de Tamaulipas. Pero a los opositores les ganó la soberbia (o la necedad). Y ahí están los resultados: el 4-2 pudo ser para Va por México. Vaya, incluso un 3-3 hubiera tenido un sentido simbólico poderosísimo. Pero la coalición PAN-PRI-PRD no ha querido entender que la ciudadanía no les ha dado un cheque en blanco, ni se los dará, por más que teman otro sexenio morenista: si no hacen su trabajo bien, los electores los van a mandar al demonio.

Estos comicios también sirvieron para demostrar que MC tiene un peso específico muy pequeño, al menos fuera de sus bastiones de Jalisco y Nuevo León. No aporta gran cosa, ni para Morena, ni para Va por México. Hay mucha necedad en forzar que se sumen al bloque opositor, pero debe recordarse que, al menos en su origen, MC es un partido antipriista… y de izquierda (aunque solo sea en el papel). El cisma de MC y López Obrador se origina en el deslinde lopista que crea a Morena. En suma, para MC no es atractivo aliarse con partidos cargados de negativos, especialmente el PRI. Con independencia de su idea del mundo, también quedó claro que MC fue irrelevante para el resultado de todas las elecciones a gobernador, en las que participó este domingo.

El PRI, por su parte, está en su peor momento, no solo por el desprestigio de Alito Moreno, sino por el hecho de que su maquinaria territorial cambió de dueño. Ciertamente un buen liderazgo podría hacerla regresar al tricolor, pero, precisamente, eso es lo que el expartidazo no tiene: un comandante que los saque del pantano de la intrascendencia autoinfligida. Alejandro Moreno debería renunciar a la dirigencia priista, suya es la derrota de Hidalgo, así como la incapacidad de lograr algo distinto en Quintana Roo y Oaxaca.

El PAN, a pesar de la notoria ineptitud de Marko Cortés, se queda con dos estados relevantes, pero Tamaulipas no debió perderse en las urnas. Quizá los blanquiazules lo ganen en la mesa, pero, como algunos analistas ya lo han señalado, no existe autocrítica del panismo. Poner como candidato al exsecretario General del gobernador García Cabeza de Vaca implica un nulo reconocimiento de culpas y un mensaje muy peligroso: al PAN no le importa el mal desempeño del gobernante actual, de hecho, quiere que siga mandando el mismo grupo. Ahí está la respuesta del público: con 46% de las actas capturadas, Américo Villarreal aventajaba con casi 8% a César Verástegui. Esos cincuenta mil votos de diferencia son de aquellos que están hartos de las trapacerías y prepotencias de Cabeza de Vaca, eran sufragios que con mucha facilidad pudieron ser para el PAN, si el candidato no hubiera sido un palero del mandatario en turno.

Entre las mentiras de Mario Delgado y las de Marko Cortéz la única diferencia es de orientación: la clase política mexicana es muy irresponsable, esté en el gobierno o en la oposición. El problema es que Va por México debe tomar decisiones más inteligentes, sensatas, que sus negligentes adversarios. No lo hicieron: primera llamada, esperemos que no metan la pata, de nuevo, en 2023…

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