Cinque Terre

Julián Andrade

Escritor y periodista.

La carretera del terror

En México hay un Triángulo de las Bermudas: la carretera de Monterrey a Nuevo Laredo.

En los últimos seis meses, 71 personas han desaparecido en esa ruta y en los alrededores del kilómetro 26. La mayoría de las víctimas son choferes de carga, taxis y Uber.

Las autoridades creen que estos hechos pueden estar relacionados con los enfrentamientos entre el Cartel del Noreste y el de Jalisco Nueva Generación.

En la Secretaría de Gobernación hicieron un operativo de búsqueda, que los familiares de desaparecidos pudieron seguir por medio de imágenes enviadas por un dron. No se llegó a mucho, por el momento.

Las desapariciones son uno de los problemas más graves. Tan solo en lo que va de este sexenio, 21 mil personas fueron reportadas como no localizadas. Muchos casos se resolverán, por supuesto, pero hay una franja terrible y es la que tiene que ver con la acción del crimen organizado.

Es increíble que no sea posible dotar de seguridad a una carretera que, además, conecta a dos estados importantes en lo que respecta a los negocios y comercio: Nuevo León y Tamaulipas. La ruta es también importante para cruzar a los Estados Unidos.

El error consiste en creer que cualquier acción de seguridad pública tienen que terminar de modo violento. Por supuesto que no es así, y sobre todo si se trabaja desde la perspectiva de la información de inteligencia, que permita desarticular a las bandas que están operando en la carretera.

Lo terrible es que impera un diagnóstico sobre la situación de violencia equivocado, que sigue atribuyendo a las fuerzas del orden los aumentos en los enfrentamientos y refriegas, cuando en realidad estos suelen ser consecuencia y reflejo de las guerras por el control de los mercados ilegales.

Hace algunos años, en Colombia, se organizaron traslados custodiados por el ejército y la Policía Nacional en los caminos donde eran frecuentes los ataques de los diversos grupos armados. Con paciencia y decisión se obtuvieron resultados.

Habría que hacer algo similar, para restaurar el derecho a la libre circulación, que ahora dificultan, al extremo, los bandidos que operan con muy altos niveles de impunidad. No actuar sería una suerte de rendición, una derrota adelantada y una omisión muy grave.

Es una vergüenza que se tengan que contar desaparecidos en una zona específica, en lugar de sumar operativos exitosos, capturas que manden el mensaje de que no habrá impunidad.

Recordemos que el control territorial es indispensable, por todo lo que implica y porque de ahí parten las posibilidades, no solo de construcción de la paz, sino de la realización misma de las aspiraciones de la sociedad.

Monterrey – Nuevo Laredo, una carretera del terror y del abandono, un espacio que muestra la fuerza del crimen organizado y sus peores acechanzas.

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