Cinque Terre

Martin F. Mendoza

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Periodista. Corresponsal de etcétera en Estados Unidos

Kamala y el tratamiento republicano

Kamala Harris, la senadora y candidata a la vicepresidencia por el partido Demócrata tiene sus fortalezas y debilidades en caso de ocupar la posición “número dos” en el gobierno estadounidense. Sus proclividades políticas también son motivo de una real y robusta discusión. Hay quien la encuentra demasiado liberal, o de izquierda, y hay aquellos en esa parte del espectro político, para los que en realidad se encuentra muy lejos del ideal progresista actual. Las expectativas por lo tanto en cuanto a su accionar político como vicepresidenta y eventualmente como presidenta constituyen un caso aun no cerrado. Por otro lado, su papel como candidata y parte del “ticket Demócrata” encabezado por Joe Biden difícilmente está a discusión.

De hecho, y claro, con la ventaja que otorga el tiempo y los sucesos a través de este, podemos ver que la decisión de Biden al inclinarse por Kamala Harris resulta hoy más que obvia. Si bien no es posible predecir la actuación de Harris en la vicepresidencia, si es más que claro que sus atributos personales y políticos son de enorme utilidad a la candidatura de Biden. Su género, así como su herencia afroamericana e hindú, son características que otorgan a Kamala Harris un alto puntaje en lo que se conoce como “política de identidad”. Más aún, su formación y experiencia como fiscal, habiendo llegado hasta la posición de Procuradora General del Estado de California (lo cual no es poca cosa), antes de pasar al congreso, sumado todo a su temperamento fuerte, del tipo que “no se anda con rodeos”, le facilitan ser el “perro de ataque” para Biden. Este se supone es uno de los más importantes roles, sino es que el más, para un candidato a la vicepresidencia. El candidato presidencial tiene que jugar más como conciliador y actuar diplomáticamente hasta donde sea posible. El candidato a la vicepresidencia puede y debe “ladrar más fuerte”.

AP

Ahí empieza el problema con los republicanos, los cuales de entrada parlotean contra “la izquierda radical”. Pero si además, el izquierdista radical, definido así desde su muy limitada concepción del mundo en el que hoy vivimos, resulta ser una mujer de carácter y que simplemente no está dispuesta a hacer política según los moldes de la hiper hipocresía de la derecha americana actual, sencillamente enloquecen e inician lo que yo llamaría el “tratamiento republicano”.

El tratamiento republicano es a su vez aplicado a través de aquello conocido en inglés como el “caracter assasination” o asesinato del carácter o personalidad, más que en realidad vía la oposición articulada a determinadas ideas. Los rumores, el desprestigio sistematizado por parte de Fox News y el talk radio de extrema derecha, ese sí radical, las investigaciones interminables en el congreso, los absurdos alegatos bordeando en teorías de la conspiración, son todas herramientas de las que se vale “el movimiento conservador” para tundir a las mujeres que osan hacer política desde la izquierda, pero, sobre todo, que son efectivas al hacerlo. Sólo hay que preguntarle a Hillary Clinton, Nancy Pelosi, o Michelle Obama.

Tal vez nos sea imposible estar de acuerdo con todas las ideas políticas de estas damas, más aún, sería sumamente difícil considerarlas “santas” en su diaria labor, pero de que son efectivas cada una desde su posición y rol, eso que ni qué. En realidad, ello asusta más al “partido de los valores familiares” que las mismas iniciativas políticas de izquierda que estas féminas pudieran enarbolar. En ese grupo encontramos también figuras como Elizabeth Warren, Stacey Abrams, Tammy Duckworth y Alexandria Ocasio Cortez (esta última de corte político bastante radical ciertamente) entre otras muchas. Todas víctimas del intento de asesinato de carácter, así como de los insultos del partido más cercano a nuestro señor Jesucristo, según sus propias cuentas claro, el partido Republicano.

Llega el turno para Kamala Harris y van con todo. Por lo pronto el psicópata presidente Trump ya la califica de “monstruo” y de “comunista”, calificativos cual más ridículos y absurdos. Pero el ridículo y el absurdo son circunstancias con las que los republicanos de esta era se sienten bastante cómodos. ¿Por qué habrían de preocuparse si aún entre un treinta y cinco y un cuarenta y dos por ciento de los estadounidenses toman felices el Kool Aid servido desde el flanco derecho? ¿Por qué temer a la reacción de tal porcentaje de ciudadanos que aún creen que “izquierda” y “America” son expresiones incompatibles? Más aún, ¿por qué no seguir esa ruta si se sabe bien que cuando se pronuncian juntas las expresión es “mujer” e “izquierda” el temor es aún mayor?

La estrategia de la derecha americana para hacer frente a las mujeres de izquierda, o sea eso a lo que pudiéramos llamar “el tratamiento republicano” ya está en marcha en contra de Kamala Harris. Vamos a ver si esta resulta tan fuerte para hacerle frente como Hillary Clinton o Nancy Pelosi, figuras tan denostadas precisamente por su fortaleza e inteligencia para desafiar el sinsentido de políticos y hay que decirlo también, de una fracción de la sociedad estadounidense.

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