Cinque Terre

Javier Solórzano

Kaepernick tenía razón

La dinámica interna en EU está expuesta por el racismo y por la prepotencia policiaca.

Cuando parece que van saliendo de casos como el de George Floyd aparecen nuevos hechos de violencia que tienen a la autoridad como perpetradora y como constante.

Seguramente muchos actos de esta naturaleza no son registrados por las redes sociales, pero se presume que terminan en una suerte de palabra contra palabra ante la autoridad judicial, en donde la policía lleva todas las de ganar y más si los denunciantes son afroamericanos.

Nada de esto es nuevo. La diferencia lo están siendo las redes sociales que le dan otra dimensión a las cosas. Al hacerse públicos no solamente se conoce los actos de violencia, sino que además se convierten en denuncias.

Con sólo conocerse generan un efecto expansivo incontrolable que puede alcanzar dimensiones locales, nacionales e internacionales. La reacción en el mundo por el asesinato de George Floyd ha sido sacudida de conciencia hacia un país observado, vigilado y al mismo tiempo admirado.

La imagen de EU en el mundo está en proceso de deterioro. Estos hechos evidencian su desigualdad social a lo que se suma la cuestionada presidencia de Donald Trump, con todo y que siga contando con el abierto apoyo de la llamada “América Profunda”.

Todo lo que está pasando tiene a la sociedad estadounidense en guardia. Las autoridades están rebasadas y queda la impresión de que están perdiendo en muchos casos su capacidad de maniobra y, sobre todo, su autoridad. Los policías están al mismo tiempo al acecho y están siendo acechados por una dinámica en las calles que los tiene en la mira.

Las manifestaciones no van a parar, porque en el fondo hay un cuestionamiento ciudadano sobre la esencia misma de la vida del país.

El tema ya forma parte inevitablemente de la campaña presidencial. Trump va a tener que cambiar algunos aspectos sobre su política, quizá para sobrevivir, sobre el tema, porque la sociedad ya lo ve como parte del problema, tanto por sus discursos, acciones y desplantes como por sus actos mismos.

La sociedad estadounidense está haciendo públicos sus odios internos y la discriminación racial, la cual es obvio que no ha sido erradicada, más bien sigue siendo parte de principios y formas de pensar de algunas autoridades y de una parte numerosa de la población.

Las reacciones y protestas, porque la policía le disparó sin motivo alguno a Jacob Blake en Kenosha, Wisconsin, han unificado de manera inédita a amplios sectores de EU. Las manifestaciones de hace dos días en la ciudad mostraron además un talante propositivo y pacífico haciéndose a un lado de actos de violencia, a pesar de la abierta provocación de algunos grupos de ciudadanos agresivos y fuertemente armados.

Las cosas están tomando un giro insospechado, debido a que los muy seguidos y admirados deportistas estadounidenses se han sumado a la protesta parando sus actividades. El hecho es inédito y muestra la envidiable y ejemplar cohesión que existe entre ellos junto con su solidaridad.

Mucho tiene que ver el que en su gran mayoría sean afroamericanos. Son conscientes de que si no estuvieran en la posición de privilegio bien ganada podrían ser George Floyd, Jacob Blake, Rodney King o  lo que viven muchos migrantes.

Al paso del tiempo queda claro que Colin Rand Kaepernick, por cierto originario de Wisconsin, tenía razón al hincarse al escuchar el himno de EU previo a un partido de su entonces equipo, los 49ers de San Francisco.

“No voy a ponerme de pie para mostrar orgullo por una bandera de un país que oprime a los negros y las personas de color”; tenía y tiene la razón.

RESQUICIOS.

La posible salida de Messi del Barcelona no es cualquier cosa. No se trata sólo de dinero tiene que ver con el trato a los futbolistas, pero lo más importante es que tiene que ver con la identidad que representa un jugador de excepción para Cataluña. Messi es, además, una pieza medular del equipo más admirado de la última década.


Este artículo fue publicado en  La Razón  el 28 de agosto de 2020, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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