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Angélica Recillas

Licenciada en Comunicación.

Juárez le hace a AMLO lo que el viento a Juárez

El pasado lunes 27 de febrero a través de Facebook se publicó un video donde el dirigente del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador acepta participar en una oración que un grupo de jóvenes de Torreón reza para que “le vaya bien este esta campaña de 2018” (sic), gane la Presidencia de la República y dirija el país “como nadie”.

 

El material tiene como origen la página de una organización religiosa denominada “Jóvenes Gosén” y uno de sus miembros, Lenin Aguilera, señala que el motivo de la oración es para que México tenga un gobierno “que tema de Dios y establezca su reino por sobre todo”.

 

Si bien, López Obrador no realiza pronunciamiento alguno en el acto religioso, tampoco hace objeciones a las expresiones con evidente tinte electoral que en él se hacen, aun cuando uno de los principios básicos de la izquierda, a la que el líder de Morena dice representar, es el pleno respeto al Estado laico y pese a que el político tabasqueño alude constantemente a Juárez como el mayor referente histórico de su actividad política.

 

Aunque el video ya ha sido ampliamente difundido en las redes sociales y la prensa “alternativa y crítica” siempre está pendiente de lo que en ellas se divulga, han guardado un silencio absoluto sobre este tema.

 

No es el único episodio donde López Obrador rebasa esa delgada línea que separa a la libertad religiosa que cada individuo tiene, de los principios legales que establecen que ésta no debe usarse con fines políticos o proselitistas de los gobernantes o los aspirantes a serlo. Ni tampoco es la primera vez que los medios “de izquierda” callan cuando el dos veces candidato presidencial protagoniza estos acercamientos con expresiones religiosas, mientras que son implacables cuando se trata de otros personajes.

 

El 24 de abril de 2012, en plena campaña electoral, López Obrador recibió “la bendición” de líderes evangélicos y cristianos. El silencio de los medios y periodistas defensores del Estado laico, fue absoluto.

 

En octubre de 2015, como parte de una “gira internacional”, Andrés Manuel López Obrador se entrevistó con el Papa Francisco en El Vaticano y le hizo entrega de una medalla de Fray Bartolomé de las Casas y de una carta, en donde hace un reconocimiento a la labor pastoral del pontífice y le expresa su beneplácito por su visita a México, que en aquel momento, aún no era oficial. “En estos tiempos aciagos, su vista será de gran aliento para nuestro pueblo. Su mensaje espiritual ayudará a que no se pierda la fe en la justicia y a mantener encendida la llama de la esperanza”, indica López Obrador en su misiva

 

Medios como Sin Embargo, La Jornada y Proceso, registraron este suceso con normalidad, como si se tratase de un mitin habitual del tabasqueño en las plazas públicas del país; no hay el menor cuestionamiento a su acercamiento con la máxima autoridad de la Iglesia Católica. En cambio, estos medios fueron implacables con Enrique Peña Nieto, cuando como gobernador del Estado de México acudió a Roma para obsequiar al entonces Papa Benedicto XVI una muestra artesanal. Dicho acto es visto a la fecha, como parte del “plan de Televisa” para convertirlo en candidato y posteriormente, presidente de México.

 

En julio de 2013, se publicaron las reformas al Artículo 24 constitucional, en donde se hace referencia a la libertad religiosa, de conciencia y de convicciones éticas, además establece que las actividades de culto no deberán ser utilizados para fines políticos. Pero tanto el dirigente de Morena como la prensa que lo respalda, respetan y olvidan esta disposición a conveniencia y el legado de Benito Juárez como ejemplo de la separación de la Iglesia y el Estado. En conclusión, Juárez le hace a López Obrador lo que el viento a Juárez.

 

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