Cinque Terre

Javier Solórzano

¿Juego de vencidas?

Es probable que estemos viviendo una de las crisis más severas en la historia del suministro de gasolina. El problema tiene muchas formas de verse y, más allá de ello, las imágenes que han recorrido el país y el mundo le han dado al tema un tono aún más dramático.

El Presidente ha tomado altos riesgos. Con su estrategia inevitablemente se está enfrentando a una clase media, la misma que estuvo con él en el proceso electoral. Han dado rienda suelta a la ironía y a la crítica, pasando por una infinidad de memes, en contra del Presidente.

Pudiera ser que López Obrador estuviera perdiendo por primer vez una batalla en las “benditas” redes sociales. La razón se encuentra en que está afectando severamente la vida de muchos sectores, que tienen al transporte privado como uno de los ejes de sus vidas.

No cabe como respuesta plantear, entre otras salidas, el uso del transporte público como solución, ya que éste no puede responder a la gran demanda ciudadana. Si de por sí se vive una situación extrema, bajo una crisis como en la que estamos, es previsible lo que podría enfrentar el transporte público.

Todos entendemos que estamos en medio de una situación excepcional e inédita. Sin embargo, cuesta trabajo asumir la paciencia y comprensión a la que apela López Obrador, cuando se hace una fila de más de cuatro horas, al menos, para ser atendido. A esto se suma que la venta está racionada, lo que obliga a los ciudadanos a regresar en poco tiempo para volver a hacer la larga fila y ponerle gasolina a su vehículo.

No hay duda del gran problema que tiene el país con los huachicoleros. De nuevo traigamos a la reflexión el hecho de que no sólo estamos ante un asunto de la delincuencia organizada. El rasgo sensible de todo esto es el de la influencia que estos grupos tienen en las comunidades, en donde actúan y se desarrollan.

En muchos casos son los habitantes de estas poblaciones quienes no sólo los protegen, sino que también trabajan para ellos. Es un lío mayor porque no sólo se tiene que atacar a los delincuentes, sino que también se tiene que atender la situación por la que atraviesan muchos habitantes de estas comunidades que materialmente no tienen hacia dónde hacerse.

No queda claro qué va a pasar en cuanto abran los ductos. Cerrarlos ha puesto en jaque, por lo pronto, el “negocio” de los huachicoleros y los que los rodean.

Lo que no se ve es que se vayan a hacer a un lado por el cierre de los ductos, ni tampoco se ve que le vayan a entrar al “juego de vencidas”, al que se refirió el Presidente. Van a buscar otras salidas. Estamos ante una “actividad” que está enquistada en muchas comunidades desde hace ya varias décadas.

El problema que está enfrentando la estrategia del gobierno, por lo menos hasta ahora, es que no se ven resultados. Se habla de varios detenidos, los cuales no han sido presentados, y el costo que está teniendo el Presidente ante la opinión pública no le está siendo favorable.

Era previsible que muchos de los críticos de López Obrador encontraran en esta crisis el detonador para arremeter en su contra, suponemos que el Presidente lo tenía contemplado. Lo que no ayuda es que ante las observaciones y críticas la respuesta presidencial es agresiva y poco “paciente”, en lugar de explicar lo que está haciendo, lo cual no existe la menor duda de que es de la mayor relevancia. Va más allá de lo que sus furibundos seguidores llaman “valentía”.

Para el Presidente estamos ante una situación que requiere de tiempo y paciencia, el problema que debe contemplar es que del otro lado, para los ciudadanos todo, se remite a una urgencia de su vida cotidiana.

RESQUICIOS.

No perdamos de vista que de lo bueno que está pasando, en medio de la crisis gasolinera, es la organización que diferentes ciudadanos proponen para cargar gasolina. Hemos aprendido en las buenas y en las malas.


Este artículo fue publicado en La Razón el 11 de enero de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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