Cinque Terre

María Cristina Rosas

[email protected]

Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

“Judy”

La tragedia de las niñas actrices y los niños actores es harto conocida y se puede resumir en dos palabras: infancia robada -con todas las consecuencias que ello trae aparejadas en su adultez. Hay casos muy comentados en los últimos años,  por ejemplo, el del “pobre angelito” Macaulay Culkin, el de Lindsay Lohan, el de Britney Spears, el de Miley Cyrus, etcétera. Con todo, se pierde de vista que es un problema de larga data. Las generaciones más longevas recordarán a la preciosa niña prodigio Shirley Temple (nacida el 23 de abril de 1928) quien se convirtió en una superestrella, allá por la década de los 30 del siglo pasado. Sus rizos, su rostro angelical, le dieron la vuelta al mundo. En las familias, todos los padres querían vestir y peinar a sus hijas como a Shirley Temple quien, sin embargo, tuvo una infancia y adultez difíciles.

Shirley Temple

Los estudios Fox, que la convirtieron en estrella, le pagaban una verdadera miseria, considerando la explotación de su imagen y su aparición en diversos productos sin la debida autorización legal: apenas 150 dólares a la semana -si el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, el UNICEF, hubiese existido entonces, la Fox habría quedado muy mal parada ante la evidente explotación infantil de la adorable Shirley. La mamá se hacía acreedora a 25 dólares semanales y si la película era exitosa -y vaya que las producciones en que aparecía la menor eran verdaderos hits-, la empresa desembolsaba unos 15 mil dólares adicionales. Estas condiciones cambiaron cuando los padres de Shirley contrataron un abogado, quien negoció con la Fox aumentos salariales y bonos significativos. Eran los tiempos de la gran depresión, cuando los estadunidenses, agobiados por la crisis y el desempleo, necesitaban distraerse y entretenerse.

Pero como ocurre con todos los infantes, crecen y algunos pierden su atractivo para los estudios cinematográficos. Justamente fue “El mago de Oz”, la producción que marcaría el inicio de la debacle para Shirley Temple. La Metro-Goldwyn-Meyer buscó un arreglo con la Fox para que fuera su estrella quien encarnara a la inolvidable Dorothy. Como no pudieron llegar a un entendimiento, la MGM recurrió a otra niña, Judy Garland, a pesar de que la empresa no estaba muy convencida de que Judy fuera la elección correcta.

¿Qué pasó con Shirley Temple en su adultez? Continuó haciendo cine hasta 1950, cuando se retiró, si bien continuó en televisión, para luego incursionar en la vida política como miembro del Partido Republicano. En 1967 se integró al servicio exterior de su país, siendo designada embajadora de Estados Unidos en Ghana, Checoslovaquia y también con otras responsabilidades diplomáticas. De hecho, ella se encontraba en Checoslovaquia cuando se produjo la llamada revolución de terciopelo y estaba a cargo de la legación diplomática cuando Washington estableció relaciones con la República Checa, y ella misma acompañó al Presidente Vaclav Havel en el mismo avión que lo llevaría a Estados Unidos en visita oficial tras estos acontecimientos.

Destaca el hecho de que, a pesar de haber sido objeto de abusos de la Fox en su niñez, Shirley Temple prefirió seguir adelante con su vida, sin reclamos ni victimizaciones. Se sabe que su padre la explotaba y que tuvo un matrimonio con un borrachín que la golpeaba estando ella embarazada. Con todo, ella hablaba poco de esa etapa nebulosa de su vida, además de que no parecía haber un entorno social ni político que favoreciera ese tipo de denuncias. Shirley Temple falleció el 10 de febrero de 2014 a los 85 años de edad a causa de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica que padecía como fumadora empedernida que era. Así, a pesar de su éxito como estrella infantil -y todas las vejaciones de que fue objeto- Shirley Temple tuvo una vida larga y exitosa más allá de Hollywood.

En contraste, la vida de Judy Garland (nacida el 10 de junio de 1922) se sabe que fue tormentosa y miserable y prueba de ello es su muerte a causa de una sobredosis de barbitúricos a los 47 años (falleció el 22 de junio de 1969), casi la mitad de la edad que vivió Shirley Temple. Su vida también estuvo llena de abusos y explotación, tanto por parte de Louis B. Meyer como también por parte de sus representantes. Tuvo cinco matrimonios y tres hijos: Liza Minnelli -fruto de su matrimonio con Vincent Minelli- y Joseph y Lorna Luft -procreados con Sidney Luft. Su salud financiera siempre fue mala, no obstante el éxito tan enorme que acumuló en su corta vida. El consumo de sustancias psicotrópicas, su alcoholismo y su comportamiento errático -que incluye un intento de suicidio-, le cerraron muchas puertas. Garland era una persona insegura en torno a su apariencia: con una estatura de 1. 51 m, los productores se lo echaban en cara. Louis B. Meyer en particular, insistía en llamarla “fea”, destacando que había montones de bellas actrices que podían reemplazarla.

Con todo, Judy Garland es considerada una de las grandes figuras del entretenimiento, un ícono del Hollywood. Es también ícono de la comunidad gay y su Dorothy es la más recordada frente a todas las adaptaciones y películas que se han hecho a propósito de la novela de Frank Baum, “El mago de Oz”. La versión de 1939 que estelarizó Judy Garland, es aclamada como una de las mejores y a 81 años de su estreno, sigue siendo vista, disfrutada y admirada por diversas generaciones.

Judy Garland

Por todo lo anterior, llevar al cine la vida de Judy Garland -cuyo verdadero nombre es Frances Ethel Gumm-, no es sencillo. Judy (2019), es una adaptación cinematográfica de la obra de teatro “Al final del arcoíris”, que dirige el británico Rupert Goold. El hecho de que Goold se desempeñe sobre todo como director de teatro y sea el responsable de la adaptación cinematográfica, explica algunos de los desaciertos de Judy.

La película narra la vida de la diva en sus últimos años, cuando, agobiada por las deudas, la imposibilidad de dar manutención a sus hijos y al no poder controlar sus adicciones, se ve obligada a ir a Londres a trabajar, dado que en Estados Unidos nadie quiere contratarla, justamente por su errática e impredecible conducta. Judy quiere la custodia de sus hijos, pero no puede obtenerla al carecer de un hogar y de recursos para la manutención. Ir a Londres le implica alejarse de sus pequeños, algo que la entristece profundamente. En la película se muestran flashazos de la adolescencia de la actriz, cuando filmaba “El mago de Oz” y era hostigada por Louis B. Meyer, quien abusaba de ella no sólo psicológica sino muy posiblemente de manera física. La película va y viene con la Judy Garland adulta en Londres y la Judy Garland adolescente en Estados Unidos. Se muestran momentos crudos de la niñez y adolescencia de la actriz, cuando los estudios no la dejan siquiera comer y le proporcionan barbitúricos y otros supresores de apetito “para que no engorde.” La explotan con jornadas laborales extenuantes y, en suma, le roban su infancia. La Judy Garland adulta es una persona que tiene más momentos malos que buenos: cuando está medianamente sobria, entrega grandes interpretaciones, cuando no, cae en el escenario por los efectos de las drogas y el alcohol.

Uno de los problemas con la propuesta de Goold, es que la trama es floja. El director parece haber querido evitar una postura en torno al me too, la idolatría de la comunidad gay, la explotación infantil en que incurren los estudios de cine y televisión, etcétera. Lo que se observa en la película son pinceladas sin una trama coherente ni debidamente estructurada y eso lleva a que esta producción se torne aburrida por momentos. Que Judy Garland tenía adicciones, es harto conocido. Pero armar una película de dos horas de duración sólo sobre eso, puede fastidiar al espectador.

Sin embargo, la actuación de Renée Zellweger merece una mención especial. Es ella quien saca avante la película. Cabe destacar que Zellweger ni se ve ni canta como Judy Garland. Pese a ello, su interpretación es tan genuina y comprometida que logra que el espectador sienta que efectivamente está frente a la sufrida actriz y cantante. Pienso que a Renée Zellweger le pasa algo parecido en Judy que a Meryl Streep en “La dama de hierro”. Quienes hayan visto la película de 2011 que dirigió Phyllida Lloyd, podrán corroborar que la trama de la misma es tediosa y aburrida. Empero, la caracterización de Meryl Streep es sublime: no es la Streep interpretando a Margaret Thatcher: es Margaret Thatcher en la pantalla grande. Lo mismo aplica para Renée Zellweger: si existe una buena razón para ver “Judy” es por la actuación de su protagonista.

Renee Zellweger, en “Judy”

Algo que da mucha verosimilitud en las caracterizaciones de, por ejemplo, artistas y cantantes -y aplaudo que así se haga de un tiempo a la fecha- es que los actores y las actrices protagonistas canten con su propia voz. Fue muy refrescante, por ejemplo, escuchar a Taron Egerton, con su voz, interpretando los éxitos de Elton John en “Rocketman”. Ahora escuchamos a Renée Zellweger con su voz, cantando las canciones de Judy Garland y lo hace bien. Que conste que, en Chicago (2002), la Zellweger tuvo un rol más bien secundario frente a Catherine Zeta-Jones, quien cantó y bailó e hizo ver a Zellweger torpe y errática. Zeta-Jones vio coronado su desempeño con un premio Óscar como mejor actriz. La texana Renée Zellweger, en cambio, brilló mucho más con la zaga de Bridget Jones, películas para las que aumentó de peso y aprendió a fumar y a hablar como británica. Más tarde vino su declive con una muy mala prensa debido a sus tratamientos cosméticos, pero, como se puede observar en “Judy”, Renée Zellweger se reinventó a sí misma y lo hizo de buena forma.

De no haber sido por Zellweger, “Judy” se habría ido en blanco en las nominaciones para los premios de esta temporada. La actriz ya se alzó con el Globo de Oro y para los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood que se definirán el próximo 9 de febrero, compite con Scarlett Johansson -por “Historia de un matrimonio”-; Cynthia Erivot -por “Harriet”-; Saoirse Ronnan -por “Mujercitas”- y Charlize Theron -por “Escándalo”. Mientras esto sucede, el espectador puede disfrutar de la gran actuación de Zellweger como Judy Garland en una película deficiente.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password