Cinque Terre

Orquídea Fong

[email protected]

Periodista/comunicóloga egresada de la UNAM.

John & Sabina: el pleito no es un asunto de género. Canal Once debe retirar el programa

Veo en Twitter una tendencia a favor de Sabina Berman (#SabinaNoEstásSola), en sororidad por el pleito que sostiene con el impresentable John Ackerman. Se afirma que se trata de un caso de acoso laboral por motivos de género. A mi juicio no lo es y considero que hacer de Sabina Berman el momentáneo emblema del acoso laboral que sufren muchas mujeres infinitamente menos privilegiadas que ella es, justamente, jugar en contra de dicha causa.

Ello no quiere decir que Sabina Berman no se merezca toda la sororidad del mundo, como nos la merecemos todas las mujeres. La sororidad es algo que respeto y ejerzo. Pero es fundamental discernir con claridad, ya que va de por medio la comprensión básica de algunos postulados feministas.

Considero que lo que hace Ackerman no es violencia de género. En todo caso es un pleito político que evidencia la imparable descomposición al interior de los afines al actual gobierno, que se cae a pedazos.

Sí, Ackerman es un corrupto, autoritario y abusivo. Y ciertamente tiene más poder que ella, debido a su matrimonio con Irma Eréndira Sandoval. Pero Berman no es ninguna desposeída y por supuesto que es tan impresentable (por otros motivos) como él.

1.- John Ackerman y Sabina Berman son igualmente ventajosos, acomodaticios y propagandistas del régimen, del cual se han beneficiado política y económicamente.

2.- Ambos son igualmente responsables por encabezar una emisión de propaganda para la “Cuarta Transformación” que se hace con dinero público, en un medio de comunicación público (Canal Once) que, así, se usa como medio gubernamental. No: no es lo mismo un medio público que un medio gubernamental.

3.- Ackerman es un descarado, que busca medrar en todos los ámbitos en que se inserta. Busca sacar raja política y económica en la UNAM, Canal Once, el INE, la Secretaría de la Función Pública, La Jornada, Proceso y donde se pueda. Berman no es mejor, éticamente hablando, aunque no tiene tanto talento para el arribismo.

4.- Desde que llegó la actual mafia en el poder, Sabina ha buscado colarse, como muchísimos otros que se han arrastrado gratis ante el presidente López Obrador para ver si les caen migajas. A ella le tocó una migaja de cierta consideración: ser co-conductora de John & Sabina, un programa de dizque análisis, cultura y “humor” que desde su primera emisión evidenció su filiación con la 4T. Sabina fue, durante muchos programas, parte de semejante atropello y su argumento más “fuerte” en este pleito es acusar a Ackerman de “traicionar” a la 4T. Cuando lo que debiera estar realmente a debate es el hecho de que ambos son cómplices de una ilegalidad, pues se trata de un programa televisivo hecho con recursos públicos que no debe tener ninguna vinculación (así sea mínima) con la actual administración. Ello, por más que los oficialistas afirmen que es parte de la libertad de expresión. No: la libertad de expresión no ampara la propaganda a favor del gobierno en turno en medios de comunicación públicos. Pero son cínicos y corruptos.

5.- Es bien conocida la vocación autoritaria de Ackerman. Berman lo dijo bien: es un “tiranito”. Pero esa tiranía va pareja: Ackerman lo mismo calumnia, humilla y ataca a hombres que a mujeres. Su enemigo o enemiga es quien cuestiona la endiosada imagen que tiene de sí mismo.

6.- En ese sentido, es comprensible que hiciera oídos sordos a los puntos de vista de Sabina en el programa. Eso no lo dudo. Que sintiera que era SU programa. Y, desde su lugar, Berman hizo bien en protestar porque sus puntos de vista fueran tomados en cuenta. Pero nuevamente, no veo que se trate de motivos de género. Si en lugar de una mujer, Ackerman tuviera un compañero de programa varón, hubiera hecho exactamente lo mismo. El doctor-doctor tiene que ser el rey, allí donde se pare.

7.- Aquí el verdadero meollo es este: el programa a John & Sabina no debe seguir al aire. Nunca debió existir y Sabina es cómplice de semejante atropello. Es un insulto a los televidentes y a la ciudadanía e implica el uso ilegal de un medio público. Canal Once debe retirar el programa. Al respecto, recuerdo al lector que la serie ya ha costado al erario más de 4 millones de pesos.

8.- En esta coyuntura, Sabina Berman se ha ganado el apoyo de muchas feministas porque de repente resultó “víctima” del detestable Ackerman. La muestra de sororidad en Twitter que se ha generado es notable y por supuesto, cada quien se manifiesta a favor de quien quiere y lo que quiere. En este caso, yo no defiendo a Berman. Y es que ella no es víctima: es partícipe de un pleito de poder. Y pelea en igualdad de condiciones mediáticas e intelectuales.

9.- Sabina Berman no es ninguna tullida frente a Ackerman. Y es igualmente calumniadora y mentirosa (recuérdese sus calumnias hacia Enrique Krauze), solo que no ha construido tan eficaces conexiones de poder como Ackerman. Es una mafiosa, igual que él, solo que de menor calado.

Por todo ello es que considero que, en este exclusivo caso, Sabina Berman no es víctima de violencia de género, aunque no dudo que, como toda mujer, haya sufrido a lo largo de su vida acoso, discriminación, violencia verbal, psicológica, física y/o sexual. Y que Ackerman, como varón, tenga de su lado las ventajas que a los varones les brinda una cultura machista.

Es decir, si consideramos que Berman, como mujer, ha tenido muchas menos ventajas en lo general que Ackerman, como hombre, entonces se puede hablar de desigualdad. Pero ésta es estructural, no coyuntural.

Este pleitito es una coyuntura, y en ella, Sabina no es víctima.

 

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password