Cinque Terre

Angélica Recillas

[email protected]

Licenciada en Comunicación.

Jenaro Villamil antes defendía al EZLN y ahora lo descalifica para congraciarse con López Obrador

“Durante la marcha de 2001, cuando la comandancia zapatista llega hasta la Ciudad de México y la comandanta Esther habla en la tribuna de San Lázaro para defender la ley indígena, las relaciones entre el EZLN y los medios audiovisuales habían cambiado. Se rompió el cerco militar y mediático. Televisa les ganó una entrevista exclusiva con el subcomandante Marcos, realizada por el periodista Julio Scherer. A pesar de que los recursos de Canal Seis de julio siempre han sido precarios, logró tener con sus cuatro cámaras imágenes de un Zócalo capitalino abarrotado y la mejor toma de la entrada de los comandantes al corazón de la Ciudad de México”. Así contó Jenaro Villamil el 22 de septiembre de 2003 en La Jornada, la forma en que los realizadores Víctor Mariña y Mario Viveros, prepararon un documental sobre la historia del EZLN.

La Jornada

El 4 de mayo de 2012, en un artículo dedicado a Carlos Monsiváis, Villamil recordaba: “Para Monsiváis los triunfos y las batallas mejor ganadas por las izquierdas y las minorías fueron las victorias culturales. Las causas perdidas en el terreno del poder son las victorias en los terrenos de una nueva ética ciudadana. Por ejemplo, para Monsiváis, las victorias más importantes del movimiento zapatistas del EZLN y del lopezobradorismo, en vigencia, no fueron la toma de Palacio Nacional sino la construcción de una nueva dignidad de los que nada tenían, más que el honor de la congruencia”.

Cuartoscuro

El 19 de junio de 2012, a la luz de las campañas en busca de la Presidencia de la República, en un texto para el sitio web de Proceso, Villamil acusó una guerra sucia en contra del movimiento estudiantil #YoSoy132 y advertía: “No es nueva la receta para infiltrar y dividir a los movimientos sociales. En 1994, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari fracturó al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y utilizó el testimonio de un desertor, Salvador Morales Garibay, quien le proporcionó al Ejército Mexicano datos muy delicados de los sitios de la guerrilla zapatista. Luego aparecieron en reportajes y en un libro que acreditaron el discurso oficial priista: El EZLN no se trataba de un movimiento indígena genuino sino de una maquinación política para afectar la bonanza salinista”.

El 1 de enero de 2013, ya con Enrique Peña Nieto como Presidente de México, publicó en el mismo semanario un artículo titulado: “EZLN y Peña, los tiempos cíclicos de los mayas”. En el siguiente extracto se refleja la percepción del autor sobre el zapatismo ante el retorno del PRI a la presidencia:

“Mientras la milagrería sobre el “fin del mundo” proliferaba en los grandes medios de comunicación, en las comunidades de Ocosingo, San Cristóbal de las Casas, Palenque, Altamirano y Las Margaritas, miles de mayas zapatistas protagonizaron una marcha que anunció el inicio de un nuevo ciclo del EZLN frente a la reciente administración federal de Enrique Peña Nieto.

Esta forma eficaz y de alto impacto, volvió a recordarnos que hace 19 años se inició una rebelión en Chiapas no para reclamar cargos de elección popular, puestos de gobierno o cambios legales sino para resistirse frente a un imparable proceso de etnocidio que un modelo político y económico depredador les ha impuesto a los mayas vivos, no a los de las estelas ni a los que Hollywood filma como si fueran culturas muertas.

La reaparición del EZLN en el escenario “occidental” y frente al inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto no era algo calculado por el propio equipo del mexiquense. Cada 1 de enero se espera un posicionamiento del ejército que en 1994 golpeó en el corazón del orgullo salinista demostrando que México no era un país del primer mundo y millones de indígenas estaban excluidos de esa operación propagandística. Desde hace 4 años se creía que el EZLN estaba limitado sólo a las comunidades que gobierna de forma autónoma y que había perdido la fuerza de su principal vocero, el subcomandante Marcos.

En la sociedad del espectáculo político es difícil entender y captar las señales de movimientos como el EZLN. Por eso, su capacidad para volver a atraer la atención constituye el inicio de un nuevo ciclo. No se consideran derrotados sino traicionados. No están resignados sino dispuestos a la lucha y la resistencia”.

Cuartoscuro

Bastaron seis años para que Villamil, por obra y gracia del arribo de Andrés Manuel López Obrador al poder, cambiara la opinión que por muchos años tuvo sobre el EZLN, yendo incluso en contra de lo que él mismo escribió. En un texto publicado en el número más reciente de Proceso,  para recordar 25 años del movimiento rebelde, recapitula parte de su historia, pero no deja de reprocharle tácitamente su distanciamiento del gobierno en turno.

“A un cuarto de siglo de distancia, justo sus virtudes se convirtieron en sus limitaciones a nivel político. Su primera gran apuesta por trascender las fronteras de Chiapas y colocar en el centro político nacional las demandas de los Acuerdos de San Andrés, durante la Marcha del Color de la Tierra del 2001, en el inicio de la alternancia foxista, derivó en una gran decepción, frustración y repliegue del EZLN. Su apertura se convirtió en cerrazón defensiva”, dice en uno de sus párrafos. Es decir, ya quedó atrás aquella descripción de la entrada triunfal del zapatismo al corazón de la Ciudad de México.

Luego agrega: “La victoria de López Obrador en 2018 y la dinámica irrefrenable de la cuarta transformación vuelve a colocar al EZLN y a la izquierda de Morena en el gobierno en posiciones confrontadas. Ante la ausencia de una oposición partidista fuerte, articulada y con credibilidad, el EZLN busca llenar ese espacio vacío, pero con diferencias sustanciales”. Tras citar fragmentos de discurso del subcomandante Moisés en contra del Tren Maya, Villamil concluye:

“La gran capacidad que tuvo el EZLN para encabezar iniciativas nuevas, propositivas se desvaneció en el aniversario 25 de su irrupción pública. Su causa sigue vigente y sus demandas son claras. Lo que ya no parece funcionarles es un discurso cada vez más sectario, desconfiado y sin interlocución con el resto de la sociedad mexicana”.  Por el hecho de ser López Obrador el presidente en funciones, para Villamil el EZLN dejó de ser el movimiento en rebelión que no reclamaba cargos y en resistencia ante un modelo depredador impuesto a los mayas vivos.

Para reafirmar su giro de 180 grados hacia el zapatismo, el reportero reprodujo en su cuenta de Twitter el cartón del monero Rodríguez para El Heraldo de México, donde aparece un representante del EZLN, al que se denomina el Subcomandante Yo Mero, diciendo “Estaríamos mejor con el partido tricolor”. Al calificarlo como “excelente”, convalida su mensaje en el que se asocia al EZLN con el PRI, olvidando su denuncia de hace seis años de cómo se usó ese discurso para desacreditar lo que para él fue un movimiento social.

La “cuarta transformación” por lo pronto ha llegado a ciertos medios y periodistas que antaño presumían su distancia con el poder y hoy hacen hasta lo indecible, incluso ir en contra de su propia historia, con tal de congraciarse con él.

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password