Cinque Terre

Carlos Urdiales

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Javier vs Javier: para estridente, estridente y medio

Estridente: adjetivo que describe a quien es llamativo, presenta un contraste violento o produce una impresión fuerte. Rumbo al 1 de julio, la estridencia y los estridentes campearán.

Encabezado un tanto mañoso, porque el aterrizaje del expriista, expanista ahora, como vicecoordinador de mensaje y nuevo (no único) vocero de José Antonio Meade, Javier Lozano Alarcón, no es respuesta directa al ataque-denuncia de su tocayo Javier Corral en contra de: Gobierno federal, Secretaría de Hacienda (Videgaray y Meade) y PRI (Beltrones, Gutiérrez y Duarte).

La jugada del gobernador de Chihuahua es, por concatenación, una a favor de Ricardo Anaya, incluso hasta de López Obrador, porque es evidente que lo primero es poner fuera de combate a uno de los tres más fuertes precandidatos, para que la final sea entre dos y no cosa de tres.

Con estilos diferentes, tanto López Obrador como Ricardo Anaya, son estridentes, junto con sus escuadrones más próximos.

AMLO es magistral para jalar reflectores de la opinión pública a dónde se pare; sin artes oratorias, el candidato de oficio habla de amnistía a delincuentes, unge al colosista-foxista, Alfonso Durazo, y dibuja una fantástica (por imposible) Guardia Nacional de 400 mil elementos; vidente el de Macuspana, anticipa cambio de candidato priista, infla a Margarita: ignora a Ricardo.

Dueño de su frente, Ricardo Anaya usa la grandilocuencia como escudo para evitar enfrentar que su familia, “siempre presente”, estuvo ausente, recibiendo educación adecuada en Estados Unidos, no aquí, para cuadrar la discrepancia de su ingreso-gasto que la envuelve en su pleito con un periódico, mientras anuncia que lo atacan por valiente, honesto y trilingüe.

La estridencia de Anaya hace eco y suma a nuevos grandes amigos (por ahora), mientras destierra a sus adversarios (antes aliados); el gobernador de Chihuahua denunció un complot financiero de Estado por 700 mdp en contra de su burocracia y acusa que todo es por balconear a su antecesor, el pillo en fuga César Duarte.

Corral Jurado es mediático, dotado tribuno, cercanísimo a periodistas antisistémicos, duros; el presidente Peña Nieto le atina cuando apunta que más que una denuncia, lo de Corral fue, es y será, un acto político; digo yo: uno de campaña.

Que Javier Lozano, melómano, concertista de piano, tuitero pendenciero, aparezca al lado del ciudadano Meade, es sintomático. La campaña priista-verde-aliancista necesita estridencia; cada golpe no contestado mina su capacidad de respuesta.

En una batalla de rudos contra rudos, al técnico de la contienda le viene bien un antídoto azul; alguien que a pesar de su origen priista, abrevó del PAN calderonista lo suficiente para saber dónde duele, dónde pegar y con qué golpear.

Los contingentes toman forma, las campañas alternas de Miguel Ángel Osorio Chong, Luis Miranda y otros en busca de espacios legislativos serán la flotaescudo del barco capitaneado por José Antonio Meade. La batalla promete.


Este artículo fue publicado en La Razón el 11 de enero de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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