Cinque Terre

Rubén Aguilar Valenzuela

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Consultor, profesor y articulista y exvocero presidencial

Instituto Cultural Cabañas

Guadalajara, Jalisco

De 1997 es la declaratoria de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco de este edificio.

Edificio

Es un proyecto del arquitecto Manuel Tolsá. Se inicia en 1805 y termina en 1845. Al arranque la dirección estuvo a cargo del alarife José Gutiérrez. El edificio, obra maestra del neoclásico en México, tiene 23 patios, 106 habitaciones, 72 pasillos y dos capillas, en una superficie de 23,448 metros cuadrados.

La construcción se asemeja al Palacio de Minería de la Ciudad de México, que también es obra de Tolsá. De manera particular en el pórtico vestibular remetido, el patio de acceso, las puertas laterales centradas con los paños laterales de la fachada y el remate del patio de acceso con el elemento principal de la composición que es la capilla, según estudio de Víctor Jiménez.

La capilla se aparta de los esquemas comunes de los templos cristianos de planta de cruz griega o latina. La cúpula, plantea el arquitecto Ignacio Días Morales, es también especial que consistente en “la transición mediante una sección esférica entre el círculo de las pechinas, y otro de menor diámetro, en armónica proporción con el edificio, que es el desplante de la columnata de la cúpula”.​ Se desplanta sobre dos series de dieciséis columnas, jónicas las interiores y dóricas las exteriores. El remate es una semiesfera casi perfecta que termina en una pseudo-linternilla que tenía originalmente una escultura de la Caridad. Las bóvedas se levantan sobre arcos torales y lunetos de medio punto, peraltados.

Historia

En 1779 llega a la capital de la Nueva Galicia el obispo Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, para sustituir al obispo fray Antonio Alcalde que había fallecido. En un inicio se propuso crear una institución para albergar a los huérfanos, pero el rey Carlos IV ordenó – a través de la Cédula expedida en San Ildefonso el 5 de septiembre de 1803 – la ampliación de la finalidad, para que se admitieran ancianos de ambos sexos, lisiados, enfermos habituales, huérfanos y caminantes pobres, así como que diera educación y corrección a menores.

La obra se llamó en su origen Casa de Caridad y Misericordia y se financió vía las donaciones particulares, la aportación indígena del agua que producía el Ojo de Agua de San Román, de San José de Analco, por las rentas episcopales y la producción de las haciendas Zapotlanejo, El Salitre, Santa Rosa y Rancho de Juanacastro, propiedad del obispado.

En 1805 se inicia la construcción y en 1810, aún sin estar concluida, la institución inicia labores que tiene que suspender por el incio de la Guerra de Independencia. Aquí se instala un cuartel. En 1828, el clero recupera el edificio e inicia los trabajos para su restauración y reconstrucción, bajo la responsabilidad de Martín Ciprés. En 1829 abre sus puertas exclusivamente como hospicio ya con el nombre de Hospicio Cabañas en honor de su fundador.

En 1836, el recién nombrado obispo Diego de Aranda y Carpinteiro se propone concluir la construcción y es el tapatío Manuel Gómez de Ibarra, discípulo de José Gutiérrez, quien se encarga de las obras. La capilla fue lo último que se levantó y el proyecto de construcción original se concluye a fines en 1845. En 1850, la administración del hospicio pasa a manos de las Hermanas de la Caridad.

La Nacionalización de los bienes eclesiásticos de las Leyes de Reforma de 1857, afectaron las instalaciones del hospicio. Se pierde la huerta, ubicada en el frente oeste del edificio, cuya superficie de cuatro manzanas se fracciona en cuarenta lotes que se ceden a particulares por periodos muy largos o indefinidos. También se le recortaron los lados norte y sur, que se prolongaban hasta el río de San Juan de Dios. En una parte de ellos se construye la Plaza de Toros del Progreso.

En 1874 las Hermanas de la Caridad se ven obligadas a dejar la dirección de la institución cuando son suprimidas las órdenes religiosas del país, al mismo tiempo que el clero retira la donación que anualmente hacía para el sostenimiento del lugar. Es a partir de entonces que las autoridades civiles toman la conducción del hospicio. En 1883 se expiden las Bases Reglamentarias del Hospicio en Guadalajara. En 1980 deja de funcionar como asilo. En ese año los niños que ahí vivían fueron trasladados a nuevas instalaciones. En 1983, ya restaurado, abrió sus puertas como sede del Instituto Cultural Cabañas (ICC) dedicado a la promoción y difusión de la cultura.

Murales de Orozco

José Clemente Orozco pintó los murales en lo que hoy se conoce como la Capilla Clementina, en su honor, entre 1937 y 1939. La obra la patrocina Everardo Topete gobernador del estado de 1935-1939. En este tiempo pinta en tres edificios en Guadalajara: Los primeros murales son en el Paraninfo de la Universidad; los segundos en la escalera principal del Palacio de Gobierno y los terceros de el Hospicio Cabañas.

Sobre catorce tableros, ocho pequeñas bóvedas y una enorme cúpula pintó 57 frescos en 1,250 metros cuadrados de superficie. En los frescos, Orozco hizo referencia a la vida prehispánica, al choque cultural durante la Conquista, a la fundación de Guadalajara y tocó escenas de la realidad contemporánea. El fresco más importante, de un conjunto muy valioso, es El Hombre en llamas. Está en la cúpula de las capillas. Para algunos críticos de arte esta es la obra cumbre del muralista.

Comentario

El edificio de Tolsá es extraordinario. Es una expresión poderosa de la propuesta del estilo neoclásico caracterizado por la elegancia, la austeridad de los elementos y la grandeza de las dimensiones. El arquitecto valenciano integra muchas innovaciones que en el diseño del conjunto. Es notable que a la muerte del obispo Cabañas el edificio se continuara según los planos originales y también que haya podido sobrevivir a las Leyes de Reforma y a las siguientes décadas. Es una obra excepcional de la arquitectura de fines de la Colonia y principios del México independiente.

Uno goza al caminar entre los pasillos y pasar de un patio a otro. El ver desde distintos ángulos la cúpula de la capilla mayor y los arcos de cantera. De admirar la proporción del conjunto y de cada una de sus partes.

Los murales tienen una enorme fuerza expresiva y una extraordinaria calidad artística. El Hombre en llamas siempre me impacta. Las escenas de la lucha entre indígenas y conquistadores son de un gran dramatismo. Orozco era consciente del valor de lo aquí realizado y en carta al gobernador de Jalisco Silvano Barba le dice que estos muralesera “la mayor de todas las ejecutadas durante la época de la pintura mural mexicana, iniciada en 1923”. 


Twitter: @RubenAguilar

 

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