Cinque Terre

José Yuste

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Analista financiero.

¿Impuesto para ricos?, ¿y si comenzamos con evaluar y transparentar el gasto?

El diputado de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, aprovechando la visita del presidente argentino, Alberto Fernández, propuso un impuesto a las fortunas. En diciembre pasado, Argentina votó a favor de un “Aporte solidario y extraordinario de las grandes fortunas”.

Según los cálculos argentinos, allá obtendrán hasta 3,500 millones de dólares adicionales por gravar las grandes fortunas, las de arriba de los 2.5 millones de dólares, con un impuesto de entre 2% y 3.5 por ciento. El impuesto aportaría un 0.7% del PIB que serviría para hacer frente a la crisis sanitaria de covid-19. Quienes tienen otros datos y están en contra, dicen que los grandes capitales se fugan del país, que ha sido un golpe a la confianza empresarial, y sólo se busca la forma de evadir el nuevo impuesto.

SE COBRARÍA A 173 MIL PERSONAS

Para Ramírez Cuéllar, en México se podría tener un impuesto a la fortuna “por única vez” (ajá) a quienes tienen una fortuna mayor a un millón de dólares. Se gravaría a 173 mil personas, las más ricas de las ricas, que sólo representan el 0.13% de la población. Una pregunta, ¿ahí también entrarían políticos, incluso ligados a la 4T? O sólo, ya sabe, para los adversarios.

El impuesto a la fortuna existe en varios países europeos, como España, Suiza o Suecia. Incluso en Latinoamérica tienen algo similar Uruguay y Colombia.

Hay una fuerte discusión de cómo hacerlo y hay dudas sobre su efectividad.

En México sería mucho mejor una reforma tributaria que mejore la progresividad fiscal, es decir, que pague más quien gane más.

En el mundo, quien más defiende este tipo de impuestos al patrimonio es el economista Thomas Piketty, que en su más reciente libro, Capital e ideología (publicado en México por Grano de Sal), habla de la posibilidad de imponer este tipo de impuestos a Jeff Bezos o a Mark Zuckerberg. También habla del impuesto a la herencia. O del impuesto a la propiedad (que en México es el predial). Pero hasta el mismo Piketty termina sumando los impuestos y pidiendo transparencia en los gastos.

En estos momentos de desconfianza de la inversión privada, por la cancelación del aeropuerto de Texcoco, Constellation Brands, el maltrato a la industria farmacéutica y, ahora, la pugna con las inversiones privadas en energía, ¿de verdad es necesaria esta discusión?

Acabamos de ver la revisión de la Cuenta Pública 2019 por parte de la Auditoría Superior de la Federación. La verdad, se puede hacer una gran mejoría en el ejercicio del gasto, en transparencia y eficiencia. Basta con ver los estudios de México Evalúa sobre el ejercicio del gasto. Lo que falta es transparentarlo y mejorar la eficiencia en programas esenciales, como la compra consolidada, que ha sido un desastre, o el Seguro Popular. Evitar las adjudicaciones directas y, además, afinar mucho más los programas sociales, como lo ha detallado el Coneval.


Este artículo fue publicado en Excélsior el 24 de febrero de 2021. Agradecemos a José Yuste su autorización para publicarlo en nuestra página.

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