Cinque Terre

Fernando Dworak

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El humor oficial

No hay nada, se ha dicho, que un humor inteligente no pueda resolver en carcajadas, ni siquiera la nada… la risa, como una de las más fastuosas prodigalidades del hombre, y hasta los límites del desenfreno, está al borde de la nada, nos la ofrece como garantía.

Pierre Piobb

Hace poco más de siete años fui invitado por The Daily Show para hablar sobre campañas negativas y su prohibición en México desde la reforma electoral de 2007. En el sketch que resultó de esa filmación, llamado “Breaking Ad”, se hizo mofa de Peña Nieto en un spot como lo harían los estadounidenses, de Josefina Vázquez Mota, de mi persona en algunos momentos y de lo absurda que es una regulación basada en la prohibición. Quiero compartir dos anécdotas de ese día.

La primera: no se hizo mofa de López Obrador, aunque sugerí dos o tres cosas. La respuesta de mis entrevistadores: assholes are not funny (los idiotas no son graciosos). Al día de hoy, y a propósito del tema del sketch, reconozco que nuestra absurda normativa electoral hizo que los partidos cayeran en una zona de confort que ayudó a que triunfara alguien que, a final de cuentas, tiene un lenguaje comprensible y que suena popular.

La segunda: unos días después que se transmitió el sketch, me escribió una estudiante francesa que estaba trabajando su tesis de periodismo sobre el impacto de The Daily Show y quería preguntarme algo: ¿por qué, siendo yo alguien “serio”, accedí a participar en un programa de sátira política. Mi respuesta: porque hay cosas que sólo se pueden decir a través de la comedia.

Tan importante son la comedia y la sátira para repensar el poder y la autoridad que, hasta hace poco, la actividad se restringía a los bufones: personas que, por su apariencia personal, eran las únicas que podían ejercer la burla en las cortes. Aunque una sociedad libre permite el libre flujo del humor, todavía los líderes autoritarios y recientemente los populistas intentan censurarlo o, de ser posible, domesticarlo. La razón: si una persona se ríe de algo, encuentra nuevas posibilidades sobre un problema y hace que el poder pierda la seriedad que algunos quieren darle.

Fiel a la tradición autoritaria, el actual gobierno ha hecho todo lo posible por generar su humor y censurar el ajeno. Desde amenazas a moneros propios, programas de televisión que impulsan un humor confrontativo y personalizado, moneros otrora críticos que se convierten en militantes y el fomento de bromas simples a partir de las expresiones coloquiales del ejecutivo, se ha intentado domesticar al chiste. De nosotros dependerá mantener vivo el espíritu de la sátira.

Veamos dos ejemplos recientes de humor oficial, tanto premeditado como involuntario.

Stand-up y proyección

Aunque está de moda y cualquier persona cree que puede hacerlo, es raro encontrar a alguien que haga buena comedia stand-up. La razón: el artista debe tener primero la capacidad de reírse de sí mismo en aspectos que no le son cómodos, y a partir de ahí tejer una narrativa de complicidad con los demás, donde la broma de desborde del complejo personal al absurdo colectivo, mostrando que nada ni nadie se salva de la furia redentora de la risa.

El pasado 24 de septiembre, como parte del programa de televisión “John & Sabina” de Once TV, la actriz Blanca Salces realizó lo que llamó un stand-up sobre el tema que ocupó al programa: la ciencia en la 4T. Aunque la comunidad científica se escandalizó, y quizás con razón, me interesa más bien revisar este sketch según dos elementos: qué transmite Salces de sí misma y el tipo de humor que fomenta.

Si un buen artista de stand-up parte de un aspecto incómodo de sí para montar un guion, Blanca Salces justifica su participación y nos revela su “trauma” con esta frase: “Esto va a sonar controversial y oscurantista, pero para mí, la ciencia y la innovación tecnológica pueden tomarse un descanso. Por favor, tomen en cuenta que esto se los está diciendo una física. Trunca. Y probablemente estoy loca, pero denme chance”.

Es decir, su relación con la ciencia es directa, y basada en una carrera que dejó trunca. No habla sobre cómo encontró su vocación como actriz al cursar una carrera que quizás no le correspondía, reírse de la complejidad de un tema, o quizás el alto grado de especulación que puede tener la física moderna: el hecho de presentarse como alguien que dejó trunca una carrera da pie para hacer una rutina donde afirma que el 80% de la ciencia en México vive del erario, tenía ex novios o profesores locos y por ello se debe dar un descanso a la ciencia y la innovación tecnológica.

Si la calidad del humor se puede definir a partir del tipo de relaciones que crea, ¿qué nos dice el stand-up de Salces? Que cada vez que la ciencia soluciona un tema, por lo general genera otro, que poner a la ciencia al servicio de industrias comerciales y bélicas es más peligroso que poner a tus hijos al servicio del padre Maciel, y que la industria del entretenimiento ha mostrado que los peores villanos son científicos locos. Cuando el humor se basa sobre lugares comunes y relaciones simplistas para provocar la risa fácil, no se tiene comedia, sino kitsch.

Pero lo más relevante es el tinte político: hay una ciencia “neoliberal”. Es decir, cuando se acepta que la búsqueda de la verdad a través de un método de hipótesis, prueba y comprobación o reputación puede tener un sesgo ideológico, se está negando de hecho que esa misma verdad o la objetividad existan. En palabras de George Orwell, el objetivo implícito de esta línea de pensamiento es un mundo de pesadilla donde el Líder, o un grupo gobernante, no solo controla el futuro, sino también el pasado.

Por ejemplo, los nazis hablaban de la existencia de una “ciencia judía”, contrapuesta a la “ciencia aria” y los soviéticos desacreditaban líneas de investigación enteras a partir de su apego o no al marxismo. De ahí resulta irónico que Salces haya mencionado a Mengele para decir que ser científico no hace a una persona buena.

En breve, se puede concluir que el humorismo de Blanca Salces comparte el mismo estado que su carrera de física.

Una confesión final: hace meses juré no volver a un show de stand-up porque un cómico creyó que era una oportunidad para hacer chistes ofensivos e insultar a quienes no nos reíamos de sus chistes. Sin embargo, podría romper mi juramento bajo tres condiciones. La primera: que Carlos Ballarta haga una rutina brutalmente honesta sobre su participación en “La maroma estelar”. La segunda: que un votante arrepentido de López Obrador aprenda a no tomarse en serio y haga un buen espectáculo a partir de su pifia. La tercera: que algún militante desencantado de cualquier partido que hable sobre cómo sus ideales chocaron con la realidad.

La culminación del humor negro

Este poder de conciliación de la vida y la muerte es, sin duda alguna, el principal atractivo de que dispone México

André Bretón

Un lugar común entre diversas nacionalidades es atribuirse el origen del surrealismo o de lo kafkiano, lo cual es algo natural: todos creemos que el absurdo es un atributo propio. Por ejemplo, he visto a personas de cinco naciones decir que algún artista del surrealismo como Dalí o Bretón visitaron sus países y juraron no volver porque ya vivían el surrealismo desde siempre.

Sin embargo, nuestro país tiene de hecho una relación especial con el surrealismo, aparte de que Leonora Carrington y Remedios Varo eligieron esta tierra para vivir. El propio André Bretón nos tenía en alta estima y en varios escritos habló sobre cómo nuestra cultura le evocaba imágenes surreales, inspirando su obra. Un ejemplo es el ensayo Recuerdo de México, del que se tomó el epígrafe. Quiero transcribir una cita de la introducción a su Antología del humor negro:

El triunfo del humor en el terreno plástico, en su estado puro y manifiesto, parece tener que situarse en una época mucho más cercana a la nuestra y reconocer como su primer y genial artesano al mejicano [sic.: se trata de una edición española] José Guadalupe Posada que, en unos admirables grabados sobre madera de carácter popular, nos sensibiliza hacia las agitaciones de la revolución de 1910 (las sombras de Villa y Fierro deberán ser interrogadas, concurrentemente a estas composiciones, sobre lo que pueda ser el paso del humor de especulación al de acción; Méjico [otro sic. por lo mismo], con sus espléndidos juguetes fúnebres, afirmándose, además, como la tierra elegida del humor negro).

Hace unos días vimos un ejemplo de humor involuntario que no sólo culmina las visiones de Bretón, sino que le dan un nuevo giro al terreno de lo abiertamente macabro: el 26 de septiembre pasado, el gobierno lanza un logotipo oficial de la tragedia de Ayotzinapa, posando los principales funcionarios, incluido el presidente, con una playera negra. Se negó la llamada “verdad histórica”, afirmándose en cambio que en realidad no hay verdad, o que ellos la tienen, pero no se puede comprobar. De esa forma, al incorporarse este doloroso acto en la narrativa de legitimación del régimen, se concilian la vida y la muerte al institucionalizarse el agravio.

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