Poquita feOpinión

El huevINE de la serpiente: a sus pies, chairitos

Ahora no saben cómo zafarse, aunque tienen la lección del Cacique de Macuspana: “échale la culpa al pasado”.

Por Agustín Sánchez González ·

Hace unos poquitos años, el poderoso grupo político que nos domina se volcó en elogios hacía una señora que venía del norte, de Sonora, más precisamente, y que venía a presidir el Instituto Nacional Electoral, una institución que, hasta antes de ella, gozaba de un gran prestigio, a pesar de los pesares.

Doña Guadalupe Taddei Zavala parecía una reina, según su admirador, socio y cómplice de fechorías; parecía una discreta mujer, una provinciana, una señora que parecía haber escapado de alguna iglesia donde era catequista o una burócrata detrás de una ventanilla recibiendo oficios.

Según el presidente López Obrador la señora Taddei compartía los valores de la 4T, pues “tiene profesionalismo, es honesta, incapaz de actuar como el presidente saliente. Es una mujer íntegra”.

Y la presidenta Sheinbaum se alegró: con esa sonrisa coqueta y grotesca, afirmó que su llegada abriría una nueva etapa en el INE. “Ya no va a haber los privilegios que había antes. Ya no va haber un propagandista en contra de la Cuarta Transformación, ahora va a haber más democracia, así de sencillo”.

Y cuando la reina, según “¡Ay cómo eres, Alfredo!”, mostró el cobre, todo MORENA se quiso deslindar, a pesar de que durante los tres años que duró el reinado de Lupita, la alabaron.

Ahora no saben cómo zafarse, aunque tienen la lección del Cacique de Macuspana: “échale la culpa al pasado”.

Uno de sus mayores promotores, el gobernador de Sonora y presidente del Consejo nacional de MORENA, Alfonso Durazo, es decir, un “machuchón”, quien tiene en su nómina a un principito, hijo de la Reina (A) Taddei, como parte del coro presidencial dijo que “la democracia no es un negocio” y responsabilizó al pasado priista de los hermanos Hernández Casillas, al igual que lo había hecho la señora Sheinbaum, quien además culpó al salinismo de ese complot en su contra y fijó los orígenes de la corrupción en aquel gobierno.

No debe estar equivocada, pues Andrés Manuel López Obrador votó por Salinas en 1988, como lo hicieron, también, Marcelo Ebrard o el propio Alfonso Durazo, priistas de cepa, igual que Manuel Bartlet y del 80% de la nomenclatura de MORENA.

Durazo tuvo un destacado papel en el salinismo, fue secretario particular de Luis Donaldo Colosio, cuando fue presidente del PRI (1989-1992), igual que cuando fue secretario de Desarrollo Social (1992-1993) y, mejor aún, al convertirse en candidato a la presidencia.

Durazo ya se asumió como “autor intelectual involuntario” al reconocer que impulsó el nombramiento del clan Taddei y, hasta hoy, su secretario particular, es uno de los principitos de la Reina Taddei.

Como en el feroz anticomunismo, o en el macartismo, todos los enemigos y los críticos de los MORENOS son los enemigos del Pueblo S.A.

Y sí, comparto la opinión de la señora Sheinbaum: la corrupción viene desde aquellos años, y hoy se ha enquistado, como el huevo de la serpiente.

La corrupción “a sus pies, chairitos”.

Sigue leyendo