Cinque Terre

Javier Solórzano

Honestidad, experiencia y capacidad

La disyuntiva entre expertos, capacidad y honestidad, no necesariamente lleva a solucionar los problemas de la gobernabilidad. Todos los Presidentes nos han asegurado que si algo va a distinguir a su Gobierno, es porque estará integrado por los más preparados y honestos.

Sin duda, la honestidad, los principios y la ética son los elementos que le dan sentido a la gobernabilidad; sin embargo, todo tiene que ver con todo y todo es mutuamente dependiente.

Lo que distingue a López Obrador, en comparación con otros mandatarios, ha sido el énfasis que ha puesto en el tema de la honestidad, por encima de la experiencia, la cual está ligada a la capacidad de las personas. Para el Presidente, el nombre del juego es la honestidad y hacer a un lado, de manera tajante y definitiva, al compadrazgo y al amiguismo.

En el fondo, este criterio no ha sido del todo cumplido. Su círculo más cercano está compuesto por personajes que fundamentalmente se han distinguido por serle leal. No se pasan por alto sus capacidades, pero bajo el estilo personal de gobernar del Presidente, pareciera que cuenta más la lealtad, que la experiencia y quizá también la capacidad.

Quienes gobiernan saben lo importante que resulta tener cerca a quienes son leales, defienden el proyecto de Gobierno y que son “su gente”, en las buenas y en las malas. Bajo este esquema, es común que la capacidad y la experiencia tiendan a ser poco valoradas.

En muy pocas ocasiones se ha presentado en el país continuidad entre un Gobierno y otro. Pocas veces repiten los secretarios de Estado, porque se interpreta que pudiera ser que, por un lado, no dejen de ser leales a quien originalmente los llamó, pero también porque, independientemente de su capacidad, se les ve como “más de lo mismo” sin siquiera evaluar sus capacidades y lo que hicieron.

Los gabinetes se forman fundamentalmente con base en la confianza, la cual en muchos casos se busca verla como un elemento de capacidad, sin que necesariamente lo sea.

En los gobiernos de Veracruz y Morelos se presentan estas dinámicas, lo cual tiene en graves problemas a los dos estados. La lealtad y compadrazgo van por delante, haciendo a un lado la capacidad y la experiencia para gobernar.

Se ha olvidado que las decisiones de los electores se fundaron en el desazón colectivo. La decisión tuvo más que ver con quienes gobernaban que con quienes gobernarían.

Sin duda, la honestidad es un elemento central y medular en y para la gobernabilidad. Sin embargo, por más que se les reconozca como una pieza incontrovertible en sí misma, o con lo que el mandatario llama “un 90 por ciento”, no da para enfrentar los brutales y desafiantes retos de la gobernabilidad.

Tiene razón el Presidente cuando insiste en el tema de la honestidad, y más bajo los altísimos niveles de corrupción en que todavía vivimos. La corrupción corre por los gobiernos y por los funcionarios de casi todos los niveles; sin pasar por alto las responsabilidades del sector privado y de nosotros, los ciudadanos.

El problema es que al colocar a la honestidad como casi factor único para formar un Gobierno, se pierde de vista y, sobre todo, se soslaya la experiencia y particularmente la formación profesional, que permite el mejor de los diagnósticos sobre los problemas de la sociedad.

Lo que nos frena es un cambio de mentalidad. La honestidad debería ser un valor social y una forma de vida.

Mientras llegan a plenitud esos días, resulta fundamental la experiencia y la capacidad, porque además de su valor, en sí son elementos que alientan la formación, capacidad y profesionalización esenciales para la transformación.

RESQUICIOS.

Doña Gloria debe tener más de 80 años. Toda su vida se ha dedicado a vender billetes de lotería. Sirvan estas líneas como reconocimiento a un trabajo que “me ha hecho feliz”. Sirva también para agradecerle su lectura diaria de LA RAZÓN y de los QUEBRADEROS, los cuales guarda en su morral; gracias conmovedoras.


Este artículo fue publicado en La Razón el 2 de diciembre de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.

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