Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Un homenaje a Popeye y a su dibujante

Elzie Crisler Segar. Es casi seguro que este nombre nada les diga, pero si agrego que fue un reconocido historietista estadounidense en los años 30 y 40 tal vez llame su atención, y me parece que si añado que fue el creador de un personaje que lo trascendió como artista, quizá ya estén interesados al saber que me refiero a Popeye, un marinero fortachón, personaje de cómic y dibujos animados, quien debutó un día como hoy en 1929, en el New York Evening Journal.

El término “Ojo saltón” era común entre los marineros y así es Popeye con su ojo saltón y su boca de lado para recargar ahí su inseparable pipa de caña de maíz; sí, hubo un día en que desde la prensa o en el cine se fumaba, no juzguen a nuestro héroe fuera de contexto, por favor ni aludan a su novia Olivia, que era tremenda con su mirada pizpireta, el entrelazamiento de sus manos y la cadera levantada, para sacar de sus casillas al aborrecible (y acosador dijeran los jóvenes de hoy), Bluto, quien sólo apareció una vez en las tiras y fue muy relevante en los cortometrajes (a partir de 1933) los dibujos animados para la televisión desde 1957).

No sabemos, nunca lo sabremos, cómo perdió el ojo derecho el capitán Popeye (el otro es azul) ni cómo consiguió ser altamar independiente; también ignoramos si tenía muchos pantalones de mezclilla o nada más uno porque siempre tuvo enfundados unos así junto con sus camisas a veces negras y a veces azules de acuerdo con la gorra que traía si era de capitán o la del trajín cotidiano. También sabemos que a Popeye le disgustan las verduras pero come espinacas que le dan una gran fuerza para vencer a los villanos (éstas de algún modo, en los dibujos animados, no en las tiras, son el antídoto contra Bluto porque su ancestro fue enemigo de Hércules quien comía espinacas para lograr su vigor descomunal). Casi lo olvido, en los dibujos animados Popeye se enlistó con el Ejército de Estados Unidos, en 1941, es decir, cuando ocurría la Segunda Guerra Mundial y su traje de soldado marino lo uso hasta los años 60.

Hay que decir, en beneficio de este buen hombre que alguna vez sirvió a la marina, que él no fue el personaje principal cuando se publicó la primera tira, hace 90 años sino Oliva Olivo y su hermano Castor Olivo además de su novio, sí, lo leyeron bien, su novio, se llama Ham Gravy; Popeye únicamente fue un marino contratado por ellos para pilotar un barco y cazar una gallina mágica. Pero la fama de Popeye fue creciendo y Oliva dejó a su novio para liarse en amoríos con el héroe quien, ya para entonces, sonaba su pipa como locomotora.

Las aventuras en el comic son mucho más complejas que la adaptación televisiva. Quien lo haya leído o se atreva a leerlo conocerá a la última bruja sobre la tierra o a un niño sin pelo, y por eso “Cocoliso”, quien le llegó a Popeye por correspondencia o sabrían quién es Eugene the Jeep, un animal amarillo del África (¿antecedente de los Pokemon?) y Pilón, un hombre simpático y regordete, flojo como él solo y comelón también, con una deuda impresionante porque pedía fiadas sus hamburguesas que comía con un denuedo digno de mejores causas si es que pensamos en que las espinacas eran más sanas y según la convicción de la época dadoras de energía.

Elzie Crisler Segar murió en 1938 pero a Popeye aún le esperaban largas travesías durante los años siguientes de la mano de otros guionistas y dibujantes, incluido el fiel colaborador del dibujante, Bud Sagendorf, quien intentó mantener el trazo y las aventuras originales de la tira (quizá el tatuaje más pronunciado, porque todo marino que se respete, tiene tatuajes y, más, un ancla).

Hace unos meses caminé por las laderas del río Lys, en la ciudad de Gante, Bélgica, y llamó mi atención una casona, seguramente de finales del siglo XVII, que ahora es un hotel; arriba en la entrada hay dos aves, el pico de una apunta a la salida del río rumbo a altamar y la otra dentro de la ciudad. Es decir, esa casona era un sitio donde las putas se divertían con los marinos y sabían, ellos también desde luego, que la despedida casi inmediata era inevitable, y por lo cual debemos deducir que “Un marino tiene en cada puerto un amor” es, en realidad, un eufemismo que esconde o disimula los ardores aplacados en otras humedades. Pero no es el caso de Popeye, nunca llegó a un puerto sino que tuvo un ancla entre la fantasía de los enemigos formidables, el modo de vida americano, claro está, y a su Oliva Olivo, tan sensual y arrobadora como siempre.

(Aquí va el fondo del estribillo que hizo popular la serie animada)

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