Cinque Terre

Eva Alejandra Ávila

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Hombre mirando al interior

Despertar. Sentir la vida entrando por tus ojos, oliendo al sitio que te acoge ahora. Te levantas e inicias la rutina. En la calle, mientras ves pasar un millar de autos, te viene a la mente una idea: los ciclos son como un , algo mayor, una repetición continua de un día que pasa como cualquier otro, hasta completar semanas y meses y años, una vida que es como muchas vidas que se repiten sin cesar. Hoy te sientes bien y este tiempo, que es justo la mitad agonizante de un ciclo de 365 días, es el testigo callado de tu insaciable vida.

Caminas y la ciudad te envuelve en su manto ruidoso. Subes a un taxi que avanza tan solo un poco antes de parar su marcha y quedar atascado en el tránsito, una maraña lenta de vehículos y personajes impacientes y molestos. Tu mirada se pierde de pronto en el caminar sinuoso de una hermosa mujer. Intentas entonces descubrir su nombre viéndole la figura, acariciando con la mirada su cabello movido sensualmente por el viento, tocando con los ojos sus labios tiernos, posando tu deseo un rato en sus bellos pechos. La verdad cualquier nombre te daría lo mismo, porque con o sin él, sabes que su imagen te acompañará esta noche. La admiras y, atento a cada uno de sus detalles, pasas a su lado viajando en el auto que logró al fin acelerar su marcha.

Cierras los ojos intentando fijar su figura en tu mente, pero no puedes evitar que una visión se adueñe de ti: ahí está, viene ella de nuevo para instalarse como un toque dulce, cálido y primigenio. Ella sonríe para ti desde tu propio recuerdo, esa primera mujer que te gustó de verdad. Estás allí, es el hogar, mientras la tarde se mete cálidamente luminosa por la ventana de la sala familiar. La pantalla del televisor te regala su presencia, su cabello que cae sobre ese que te ha parecido el más lindo rostro hasta entonces visto; tu mirada se entretiene un instante en su sonrisa que muestra sus bellos dientes y se escurre luego sobre su cuerpo… tu vista se detiene a contemplar sus medianos pechos y recorre ansiosa sus caderas suaves, luego en sus largas piernas. Por primera vez esa sensación se deslizó tibia y punzante en medio de ti.

El auto se detuvo abruptamente, al igual que ese viaje intenso que ya tenía lugar en tu cuerpo.

Siempre solo

La mañana pasó tan rápido. En la oficina casi todos se han marchado. La hora en el reloj te roba la atención. Cierras la puerta con seguro, avanzas hasta tu sillón. Tomas tu teléfono móvil… es la hora y estás dispuesto a encontrarla.

You have poison in your heart
Yeah I’m sure of it I knew right from the start
From the moment we met

Ella entra en aquella habitación apenas iluminada por una tenue luz. Intentas levantarte y acercarte, pero ella mueve la cabeza diciéndote que no. Intentas pronunciar su nombre y ella llevará su dedo índice hasta sus labios en señal de que debes callar, guardar silencio. En el lugar comienza a sonar una música cadenciosa y ella comienza a moverse junto a ti levantando su falda de manera provocativa.

You know we have to break up You’ll always be alone
You know you’ve never ever
been a friend
Now we’re closer to the edge
Oh oh oh, no
Oh oh oh, no

Sus ojos te miran, sabes bien que te desea. Su cuerpo se mueve al ritmo lento de la música, su blusa se abre para dejarte ver sus pechos. Ella te ofrece tocarlos levantando tu mano y colocándola debajo de su sostén.

There’s poison in your mind
Yeah I’m sure of it
You’ve never been that kind
With all due respect
You know it’s time to break up
You’ll always be alone

Tus manos diestras actúan, hacen el trabajo en un segundo. Ella deja caer su sostén a tus pies mostrándote su suave espalda. Tú intentarás sujetarla para llevarla hasta tu regazo, pero ella se aleja contoneándose. Ella gira para que puedas ver sus frondosos senos. La música se extiende por el recinto mientras su cuerpo va quedando poco a poco libre, desnudo, decidido a entregarse, justo frente a tus ojos.

You know you’ve never ever
been a friend
Now we’re closer to the end
Oh oh oh, no
Oh oh oh, no

Sus pasos se encaminan hacia ti. Se aproxima tanto que al fin puedes ver el color de sus ojos; tanto que puedes sentir su respiración; tan cerca que adviertes el latido de su corazón moviendo ligeramente sus pechos. Sus labios se abren lentamente, se acercan de tal manera, pero no te tocan. Sus piernas se separan mientras su cuerpo se contonea sobre tus piernas. Puedes verla entera, al fin. Sus piernas fuertes, sus muslos suaves, su sexo terso.

We’ve been walking far too
long this icy road
My broken heart is colder than
a stone
I know you’ve never ever been
a friend
Now you’ve pushed me to the
end
Oh oh oh, no
Oh oh oh, no

Puedes olerla, el perfume sereno de su cabello, el deseo que aparece en su entrepierna que requiere tu toque ardiente, inmediatamente, desesperadamente. Tu cuerpo es ese abismo que ahora se regocija. Su boca se abre y ella toma tu mano derecha y lame sensualmente tu dedo cordial… tu mano corre libre hasta el lugar donde el placer se ha vuelto un mar inquieto.

We’ve been walking far too
long this icy road
My broken heart is colder than
a stone
I know you’ve never ever been
a friend
Now you’ve pushed me to the
end
Oh oh oh, no
Oh oh oh, no
Poison Heart/Martin L. Gore/Depeche Mode

Su imagen es tan fiel, tan próxima, tan tuya. Sus bocas se acercan. Ella posa un beso en la comisura de tus labios antes de decirte adiós…

Bajo el cotidiano tú

La casa es la misma de siempre. Las caras, el sabor de tu alimento es igual que siempre. Cada cosa en el lugar habitual, cada hora que pasa, cada palabra pronunciada, cada búsqueda incesante que te hace vivir. Ya pasó una nueva noche y tú eres el mismo hombre, tu nombre, tu imagen son exactamente los mismos. Te ves al espejo y le sonríes a ese tú que te agrada y que te hace sentir satisfecho. Sin embargo deseas algo más, ese encuentro que no sabes dónde está o quién será, uno que te devuelva la curiosidad de aquellos días cuando todo era novedoso, ese tiempo.

De vez en cuando un olor, un sabor, un tenue roce, unos labios, un timbre de voz, unos ojos, un vaivén quizá, te traen una emoción inquietante que te llena el cuerpo y te devuelve luz al alma y ese estar de nueva cuenta apasionado, sintiéndote el tú que a veces no adviertes más.

Suele ser que un sueño te recuerda los deseos ocultos bajo el cotidiano tú que se escapa en el subconsciente y que desearía tener una oportunidad más, muchas vidas más, vivir por siempre. Te ves al espejo y te sientes feliz, con ganas de encontrar en algún lugar algo nuevo.

Te sonríes y saldrás de casa a comenzar un nuevo inventario para tu mirada.

Donde llueve ahora

Si la vista pudiera partiría hasta ti para alcanzar tu textura toda y la tibieza de tu presencia; iría a experimentar la suavidad de tu entrepierna, a robar un poco la humedad exquisita de tu boca… la vista sería ese temblor de mano posado sobre tus voluptuosos pechos, los que se ofrecen seductores desde ese inerte tú.

Si la vista pudiera, te alzaría para dejarte en vilo y, suspendida aún en tu aroma eternamente juvenil, te traería hasta aquí para posarte sobre mí y, tú ansiosa y candente, arderías ahí donde llueve ahora.

Si la vista pudiera, te tomaría del cabello hasta poder entrar en ti mientras abres tiernamente esos labios que me sonríen siempre, para acabar después esta ansiedad, mientras mi lengua se regocija en tus pezones tiernos que nunca me han de saciar.

Cierra los ojos…

Los viajes, ese ir y venir que nunca acaba. Después de un día de arribos, resolver pendientes y no parar, estás en el cuarto de hotel. Dejas todo en la mesita de trabajo. Te libras de tus zapatos y antes de ir a la cama te darás un baño. Sientes el agua correr sobre tu cuerpo suave, cálida y húmeda como el sexo de una mujer. Imaginas una cintura, unas caderas portentosas y tú buscando un lugar para ingresar a ella.

Estás sentado en la cama, observas tus pies, están cansados. Antes de apagar la luz te detienes a ver tus manos. Las miras y te imaginas todo lo que ellas han podido tocar, cuánto desearían haber sentido, un sin fin de texturas que se habrán negado a ser tuyas. La luz se apaga. Tu cabeza ahora está sobre la almohada y te pierdes unos instantes en la textura del techo de la habitación.

Las sombras que apenas se dibujan azuladas a tu alrededor, son resultado de la noche que te acompaña y te abraza. Tienes de pronto esa sensación de caer al vacío, abres los ojos y te das cuenta que ya te estabas quedando dormido. Sin esperarlo ves que alguien se acerca a ti con sigilo. No ves su rostro, pero sus caderas apenas atisbadas en la oscuridad te dicen que es ella. Quieres moverte pero tu cuerpo no te deja. Desearías encender la luz, pero no puedes. Ella se acerca hasta poner sus pechos desnudos sobre ti. Te besa despacito el cuello, la mandíbula, sube hasta tu oído derecho.

–No digas nada, no hagas nada, lo haré todo por ti –te dice en secreto.

Durante un instante permanece besando tu rostro, luego acerca su nariz a la tuya.

–Este es mi beso esquimal ¿te gusta? ¿Sí?. No digas nada.

Su boca se abre poco a poco, sus labios han alcanzado los tuyos y tú instintivamente los abres para dejar entrar a su lengua traviesa. Después de un largo beso que correspondes efusivamente, ella muerde tu labio inferior suave luego apasionadamente hasta encender por completo ese deseo que se revuelve en tu vientre y te exige poseerla.

Intentas moverte, pero no puedes, ella ríe quedito y se acerca a tu oído para decirte sosegadamente.

–¡Hey, recuerda la regla! Yo haré todo por ti. Te portaste mal y ahora agrego otra condición. Debes cerrar los ojos porque no te dejaré ver, no debes ver. Tu único derecho es sentir. ¡Anda, cierra los ojos!.

Aunque intentas decir que no y revelarte, estás perdido. Cierras los ojos. Sus manos te acarician el cabello, siguen el contorno de tu rostro. Su boca besa tus ojos. Sus manos se escapan por tu cuello, para viajar enseguida por tus brazos; regresan al torso para que sus dedos apenas te rocen. Sientes entonces una corriente eléctrica, placentera y deliciosa, recorriéndote todo. Ella está sentada sobre ti, pero no te ha dejado entrar. Su lengua recorre tu pecho, baja a través de ti hasta llegar a tu cima. ¡Quieres verla! ¡Exiges verla! Deseas guardarla en tu memoria para siempre tocándote de esa manera. Abres los ojos y ella se detiene.

–¡Shshshhhh! Te dije que no se vale ver. La próxima vez me voy porque ese será tu castigo si no sigues las reglas.

Doblegado sigues sus órdenes. Tus ojos se cierran para dejar entrar hasta tus sentidos un gemido, su cálido interior, su suave piel; su olor que ahora te vuelve loco; sus manos tocándote de nuevo; el sabor de su saliva en tu boca, de sus briosos pezones en tu lengua. Ella te ha permitido entrar a su cuerpo, pero ahora te devuelve a la noche mientras tú estás deseoso de vivir, de morir dentro de ella. Ahora abre lentamente tus piernas, de verdad te ha sorprendido. Te besa tiernamente y luego su lengua te recorre por completo, debajo de ti, detrás de tuyo, muerde luego tus nalgas, recorre tus muslos y tú estás a punto de estallar. Su cuerpo regresa y de nuevo habitas en ella, mientras se mueve lento y toma tus manos para que toques sus pechos, para alejarlas después y unirlas a las suyas mientras te hace levantar los brazos. Su movimiento es ahora rápido y tú no lo puedes evitar más. Ella gime y tú te dejas llevar por esa sensación suave, cálida y húmeda como el sexo de una mujer. Ambos encuentran al mismo tiempo la más grande delicia que trae consigo la entrega. Abres los ojos. La luz de la ventana te hace verla envuelta en un halo azul. Ella sonríe para ti antes de no ser más.

Tiempo de todo y de nada

Ayer fui a dormir pensando en despertar, deseando encontrarte aquí ¿estarías de nuevo aquí? Antes de caer al abismo del sueño y de abandonar la lógica de mis pensamientos, imaginé de ti. Tuve el deseo de olvidar que soy un hombre que vive de lo concreto, que subsiste de la objetividad de aquello que le rodea.

Fantaseé que era otro para poderte hablarte y suponer que me escuchabas, que así, más allá de montañas y océanos, de tiempos y conceptos del bien y el mal, podría pedirte que vistieras para mí de esa manera que me gusta.

Desde mi cama, con la cabeza en la almohada tendría el poder de invitarte, de imponerte este pensamiento. Te vi entonces en esa memoria de figuras que me acompaña a todas partes, la que estaba tan lúcida en aquel punto. Cerré los ojos y te hallé silenciosa, complaciente, tú.

Tus ojos me vieron profundamente y caí al fin en un sueño profundo. Ya inmerso en los oleajes del subconsciente te vislumbré de nuevo. Ese rostro que es los rostros; tu cuerpo, inventario portentoso de siluetas y contornos, de volúmenes y texturas. Estabas ahí única, obsequiosa y paciente para ser sólo mía, entregándote a la delicia que es este mirar, sin temer nada. Y me hallé deseoso de sentir la llama que consume mi alma, de sentir que la vida me alcanza para ver la felicidad, ésta que es sin estar.

Abrí los ojos y era de nuevo el día. Intenté ubicarme en el espacio. En la ventana apenas se asomaba un dejo de amanecer. Caminé cada uno de los pasos hasta el tocador. La calma que acompaña a la madrugada moribunda, se quedó un instante hasta que escuché a los perros ladrar a lo lejos. Abrí la ventanilla para ver un toque de sol en el cielo, luego oriné y sentí ese minúsculo éxtasis que asiste en el mismo acto. Lavé mis manos y enjuagué mi cara; tomé una toalla y me sequé. Encontré mis ojos adormilados en el espejo. Luego te busqué. Te presencié quieta ante mi vista. Me dirigí a ti mientras todo permaneció en medio de un penetrante silencio.

–Déjame mirarte –te dije–, porque así es como te prefiero.

Amordazado fui por el deseo ¿Qué otra cosa puede hacer este hombre que no sea mirar y desear y desbordar esas ganas? Y estabas ahí, me miraste sin preguntar nada. Te dije como si de verdad me escucharas.

–Nunca preguntes por qué, sólo acepta estar así como lo haces ahora. No prometo, no prometes nada.

Te vi y fue tan simple deslumbrarme. Te vi y fue tan fácil ser yo, este que sólo mira, del que no hay más. Me dejé arrastrar por el frívolo deseo que me acompaña a todas partes y tú te quedaste así, vestida para mí, haciéndome feliz. Te rogué, insistí que no te fueras.

–Quédate vestida de luz y lejanía. Porque es tan sencillo hacer girar mi mundo si te quedas así, en mí, suspendida en un tiempo sin tiempo.

Pude sentirte en mí aunque no te toqué; pude poseer al tú distante y fuiste tan mía, tan infinitamente penetrada por la vista, por estos ojos que se me antoja también fueran tuyos, de esta suerte podrías ver a través de ellos y comprender qué tan simple es entregarte a este propósito: hacerme un hombre feliz.

Me sonreíste y te quedaste quieta, vestida de luz y distancia, silenciosa y suspendida en un tiempo que no es tiempo sino estado de descomposición, tiempo de todo y de nada. Te miré más allá de ti y fue el momento justo.

Mi yo se desbordó y tú sonreíste, acariciándome con esa mirada azul que tiene todo aquel que siempre se marcha.

Lo inmediato y lo fugaz

Slow, slow Slow as you can go So I can feel all I want to know Slow, slow I go with your flow. Lento. Así comienza, cada vez, cada tiempo. Contactar, conversar, leer o escuchar, da lo mismo.

Let the world keep it’s carnival pace I’d prefer to look onto your beautiful face What a waste. Su vida se reduce a la soledad o a la insatisfacción, a sueños imposibles, al deseo de ser alguien más, como es para casi todos los seres humanos, pero tú lo has aprendido: ellas son más vulnerables.

And the starts Continue to fly by I don’t have one desire to understand why I don’t try. Lento, no importará tardar un poco para obtener tu recompensa. Tú has sido siempre el dueño de ti mismo, de tus necesidades, de tu presente y tu futuro. Tú racional, orgulloso de saber y ejercer el poder del autocontrol, porque lo has usado para dirigir tu vida, la compartida y la que juegas en solitario; tú que no esperas nada de dioses o de suertes o de los azares diarios.

Slow, slow Slow as you can go I want my sense to overflow Slow, slow. Lento. Así te lo has propuesto, hasta que… sus palabras fueron, tal como lo esperabas, ese punto de partida que estabas seguro llegaría tarde o temprano. ¿No fue así? Siempre es así.

It doesn’t show I don’t need a race in my bed When speed’s in my heart and speed’s in my head Instead. Una frase y, lento. Insistes e insistes y, a fuerza de acompañar su estado de soledad, paso a paso vas cultivando la maleabilidad de su género… y al fin lo has logrado.

It’s tempting for fools to rush in When something’s so good why should we rush and fail? It’s the same. Llaves mágicas son tus palabras. ¡Funcionan! No importa su edad, su profesión, su vida marital, si es soltera, viuda o divorciada: “Tú decides” y se cae un velo; “tú confía” y se abrirá una puerta; “debes creer en mí” y ella, ellas cederán en el juego.

Slow, slow
Slow as you can go
That’s how
I like it
I like it

Lento, pero lo has logrado. Sus palabras, su imagen, leer todas las frases trilladas y burdas del mundo lo valdrían, porque cada vez tú ganas lo que siempre anhelas desde el inicio: un trozo oculto de su vida, una que ahora te pertenece sólo a ti.

I don’t need a race in my bed When speed’s in my heart and speed’s in my head Instead Lento tocarás sus curvas, su cuerpo, su gesto. Lento, mira y lograrás saciarte y, en un sólo toque, desaparecerá para dar paso a un nuevo intento…

Slow, slow
Slow as you can go
That’s how
I like it
I like it

Lento su imagen se desvanecerá y dejarás que se vaya, porque no hay promesas, no hay lazos, ni compromisos, ni sentimiento distinto al placer inmediato y fugaz… porque nadie y nada se quedará para rondarte o quitarte la sensación de ser el dueño absoluto de tus actos, tus deseos y tus pensamientos.

Slow, slow
Slow as you can go
That’s how
I like it
I like it

Lento… tal vez mañana lo intentarás con otra vida insatisfecha y vacía, empezarás otra vez este juego que siempre negarás pero que te fascina disfrutar en solitario.

That’s how
I like it
That’s how
I like it

Slow/ Martin L. Gore / Depeche Mode

Lento darás vuelta a esta página… Ya vendrán otras más.
Porque el amor es un pájaro
de alas maravillosas
y la imaginación portentosa
el único vehículo que nos permite
disfrutar y amar y desear en libertad,
esa amiga curiosa
que nos conoce
y nos intenta
y nos tienta
y nos acepta
tal como somos.
Y si eres un ave
que vive del aire,
y que es aire
¿Cómo no habría entonces,
ahora mismo,
dejarte en libertad?
Alas para soñar…

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