Cinque Terre

Regina Freyman

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Maestra en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana y profesora del ITESM, campus Toluca

Herencia

Un hermano es un viajero que permanece contigo durante toda la vida
Susan McHale

Los genes con los que naces son todos lo que vas a tener. No se puede comprar o intercambiar por mejores nos dice Bill Bryson pero Susan McHale estudia la influencia que tienen los hermanos en el desarrollo, con ellos sí intercambias actitudes, copias conductas y eliges, a partir de su presencia en tu mundo, un “nicho”.

La palabra nicho viene del italiano nicchio que alude a la concha de molusco, una forma de escondite, un lugar que proclamas propio como cuando te sitúas en un lugar del jardín afirmando tu espacio después de que se declaró la “guerra” en el juego de “Stop” o cuando encuentras el mejor escondite de la casa y te proclamas su regente. Los mayores generalmente elegimos primero. Nos cuenta Susan McHale en los estudios que hace sobre la influencia de los hermanos para moldear la identidad. Mariana mi hija lo supo desde muy chica cuando elogié uno de sus dibujos y me dijo, no mamá lo de la pintura es de mi hermana yo buscaré otra cosa (tal vez ahí comenzó a dibujarse su destino como psicóloga).

Este proceso de elección de las diferencias se denomina “desidentificación entre hermanos” nos dice McHale, especula que los niños tratan de maximizar los recursos en términos de tiempo y atención de sus padres. Eligen una esfera que es exclusivamente suya, que permita que pasen tiempo con sus padres cuando no tengan que competir por la diligencia familiar.

Todo esto pienso de camino hacia el juzgado. Mi hermano me dejó una herencia, bienes que no esperaba y que agradezco. Desde que lo supe me quedó muy claro que no era su obligación y mi gratitud no se lía con el monto sino con el gesto.

Mientras iba por Reforma rumbo al juzgado, pensaba mi experiencia en las viñetas de un cómic. Una vista lateral de la mujer sin miedo dispuesta a exigir o justo. La herencia de mi hermano había comenzado desde la infancia. Me regaló con tantos juegos y viajes, con tanto cariño y charlas apasionantes, latían en mí sus gustos y aficiones. Hoy que juego a ser abogada, descubro nuevos textos apasionantes, sentí que con la mirada nos dábamos cita en alguna lectura, en un artículo de la constitución. Gracias a este incidente un alud de amigos y familiares me apoyan como mentores en whats, vocecitas a lo Pepe Grillo que me dan ánimos. Como mi amiga Isy, mis primas, mis tías.

Llegué temprano al centro y entré a desayunar a Sanborns pero temí no llegar a tiempo así que empaqué el desayuno y le regalé a un niño que pedía limosna a la salida. Al llegar al punto de encuentro, la abogada ya estaba ahí. La siguiente viñeta de mi cómic es ante la cola del juzgado para subir al piso 14. La verdad es que en un principio me sentía desamparada al venir sola al juzgado pero me creció la fuerza, eso que llaman empoderamiento y que imagino como si de las manos de la heroína de mi cómic le surgiera un báculo como de regente, como del chamán de la tribu. Seguro un símbolo fálico, qué le hacemos, en una cultura patriarcal toda agencia tiene símbolos masculinos. La abogada me gusta como persona, emana fuerza y dulzura a la vez, sentir que íbamos subiendo juntas me hizo pensar en todo el terreno que hemos ganado subíamos ambas. Sin embargo, tomé decisiones que no gustaron y las voces masculinas se hicieron presentes tras bambalinas. Aún hoy, la última palabra en muchos ámbitos, proviene de la testosterona. Pensé en la Sheinbaum, la regenta de mi ciudad y cómo es que ella nos estropea la idea de una mujer presidenta porque no es autónoma, porque obedece la voz que le manda desde arriba, porque acepta que la represente quien le imponen, para mí se ha convertido en el peor ejemplo del machismo y de la sumisión femenina, una juanita institucional. Y paro los que no recuerden les aclaro que Juanito es el nombre de un viejo impostor, un artilugio usado por el presidente que se las da de prestidigitador.

Mi última viñeta es un una foto como final del episodio desde el catorceavo piso del juzgado donde se puede ver fuertes erguidas y atemporales a la Torre latinoamericana y el blanco, amplio y ecuánime Palacio de Bellas Artes.

Tengo herencia de mil modos, la genética y la cultural, la que tomo y la que me conceden. He dejado de pensar que la última palabra es grave o de tenor, no es un grito y menos es un empujón. Nos cuesta trabajo entender que no hay nadie sobre nosotros, que no hay padre o jefe, pareja o hermano mayor, que se es dueño de los actos y de la propia voz. Que no hay que llegar a casa pensando a quién hay que atender, ya no se tiembla al cruzar por el umbral, ni se permite la crítica sistemática porque “pobrecita es apenas una mujercita”.

Sin consensos ni escatimoso aquí cada uno sube la escalinata a su aliento y no se vale empujar. Las tiranías hoy ya no se sostienen, sólo aquellos que suponen que están presos o a quienes la nostalgia les invita al fanatismo. Mientras esto escribo Cuba se revuelca y no comprendo que haya quien esa causa defienda. Se argumenta contra el materialismo, los abusos del capitalismo y la era de la manipulación, pero ahí el captor es uno mismo, los deseos desordenados y la mala planeación. No es lo mismo estar cautivo y que te cierren toda crítica y comunicación. Ser heredero de aquello que no es tu decisión. Mientras este tema se resuelve gozo de cada legado que se aparece por donde voy.

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