Cinque Terre

Armando Reyes Vigueras

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Periodista

El gran distractor

Mucho se ha dicho acerca de la capacidad de López Obrador como comunicador político. Distintos actores reconocen su genio en este campo, pero en lo que se refiere a sus logros como gobernante hay varias dudas visto lo sucedido en casi un año al frente del Ejecutivo Federal. Pero no es algo que preocupe al presidente, ya que a cada error corresponderá un distractor para mantener su imagen a salvo.

Tapar el sol con un distractor

Si algo caracteriza al lopezobradorismo es la propaganda a la que recurre tanto para ganar elecciones como para apoyar su labor ahora como gobierno.

Cada decisión, recorrido, declaración, programa o política pública es apoyada por miembros del grupo en el poder, reforzando el discurso del líder a cada momento y a pesar de que pudiera significar una contradicción a lo dicho previamente.

Pero como no hay gobierno perfecto, a casi un año de llevar las riendas del país, López Obrador –como mandatario– ha mostrado no solo deficiencias, sino también decisiones cuestionables.

Quizá la más costosa en términos de imagen, tiene que ver con el llamado culiacanazo. De acuerdo a encuestas, se puede calcular en 10 puntos porcentuales el descenso en cuanto a popularidad luego de la manera en como se dio la liberación de Ovidio Guzmán –hijo de El Chapo Guzmán–, algo que preocupa en Palacio Nacional y que pudiera empeorar por todo lo relacionado al tema de la inseguridad.

Y si sumamos los datos negativos en lo que se refiere a economía, así como el malestar en sectores como el militar, investigadores científicos, derechohabientes, campesinos e, incluso, militantes del partido creado por el propio presidente y algunos de sus aliados, es claro que el desempeño en este primer año de administración morenista ha dejado mucho que desear.

¿Cómo solucionar estos problemas que se han presentado? Pues como se trata de un político que no gusta de admitir errores e impulsado por los radicales de su equipo, lo más fácil es recurrir a uno o varios distractores para que la ciudadanía se entretenga en discutir temas menores y no en enjuiciar los resultados del gobierno federal.

Declaraciones como esa de que no habría un golpe de Estado, sirven perfectamente para desviar la atención de temas como los estragos que la política de austeridad está provocando en áreas como la salud pública, el bajo crecimiento económico o los despidos de personal en programas gubernamentales.

Antes ocurrió con las acusaciones a la prensa, a expresidentes como Felipe Calderón o a adversarios intangibles –como los conservadores–, pero que funcionan muy bien para orientar a la opinión pública en la dirección que conviene al presidente.

En ese mismo sentido opera el asilo a Evo Morales y la discusión sobre si fue acertado o no concederlo.

Es decir, dejamos de hablar de los pésimos resultados en seguridad pública, la nula estrategia en este campo, la manera en que se está manejando la economía y que esté año apenas crecerá el PIB del país, para meternos a discutir si Evo debe estar en México o que tan racistas somos.

Claro que para una pelea se necesitan dos y muchos de los que se autonombran opositores o que expresan en redes sociales su rechazo a López Obrador, no hacen sino servir de caja de resonancia a su propaganda, pues dedican mucho de su tiempo y esfuerzo en servir de sparring a los voceros de la 4T, con lo que contribuyen a está estrategia.

De hecho, muchos de estos opositores del teclado son los que ayudan más a reforzar estos distractores al reaccionar tan virulentamente a cualquier declaración desde Palacio Nacional.

Quizá si recordaran que en julio de 2018 López Obrador hablo de reconciliación y que durante la campaña prometió acabar con la inseguridad y la violencia asociada a ella, así como tasas de crecimiento del 4%, que la mejor política exterior era la interior y que respondería con dignidad a las agresiones de Trump, dejarían de lado las campañas que solo buscan desviar la atención de una serie de temas que presentarían a nuestro actual presidente como el personaje de aquella historia en la que el rey iba desnudo por el pueblo y era el único que no se daba cuenta.

Digo, si tan sólo pensaran en lo importante y no en un odio que no lleva a ninguna solución, mantendrían en la opinión pública el impacto negativo que está teniendo un gobierno asesorado por quienes gustan destruir lo construido –como el INE o la CNDH–, sólo porque les molestan los contrapesos.

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