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Alberto Monroy

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Gómez Urrutia, cómplice de Pasta de Conchos (que hoy cumple 12 años), es candidato de Morena

Gómez Urrutia, cómplice de Pasta de Conchos, es candidato de Morena
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Exactamente hace 12 años, el 19 de febrero de 2006, un previsible derrumbe sepultó a 65 mineros en Pasta de Conchos. El líder sindical que solapó esa tragedia a cambio de mucho dinero, forma parte hoy de la lista de MoReNa al Senado: Napoleón Gómez Urrutia, el ‘Napito’, que heredó el control del sindicato minero de su papi, casi como si hubiera sido regalo de graduación.

López Obrador se rodea cada vez más y le cede candidaturas de alto nivel a personajes significativos de la ‘mafia en el poder’ que dice combatir. No es el de ‘Napito’ un caso excepcional: la colección de miembros destacados y aliados visibles de los gobiernos de Carlos Salinas (Manuel Bartlett, Elba esther Gordillo, Ricardo Monreal), Ernesto Zedillo (Esteban Moctezuma, Alfonso Romo), Vicente Fox (Lino Korrodi) y Felipe Calderón (Germán Martínez Cázares) son ya una sólida e inocultable tendencia. AMLO también es mafia, una igual de peligrosa y corrupta.

Tres gobernadores, dos exsecretarios de Gobernación, decenas de senadores, diputados, asambleístas y alcaldes, empresarios y líderes sindicales charros, recaudadores y fondeadores de los últimos cuatro presidentes del país pululan en los pasillos del poder pejista sin recato alguno; se codean a cada paso con los aliados de Morena, el ultraderechista partido proevangelista y de presuntos nexos con Miguel Osorio Chong (el PES) y los únicos seguidores en el hemisferio y el continente, de la línea del comunismo autoritario de Corea del Norte (el PT).

La tragedia de los mineros muertos en Pasta de Conchos por imprevisión y corrupción entre empresa, sindicato y gobierno se concretó por 500 mil pesos de ‘propina’ para Gómez Urrutia, pagados por Industrial Minera México (IMMSA), y teniendo como testigo a un subsecretario del gobierno federal, lo que permitió que continuaran los trabajos en la Mina 8 Unidad Pasta de Conchos, aun cuando las tres partes sabían de las pésimas condiciones de seguridad que prevalecían en el filón, que acabó por derrumbarse en febrero de 2006.

Además, el agravio a los trabajadores se profundizó con la formalizaron en enero de 2006 de un “contrato de protección”, a cambio de 15 mil pesos y alrededor de 700 pesos diarios para el gremio de Gómez Urrutia. El efecto de dicho convenio consistió en bajas pensiones para las familias de los mineros fallecidos, pues la mayoría eran empleados de la contratista General de Hulla, que les pagaba 83 pesos diarios. Eso se tradujo en menos de dos mil pesos mensuales para cada una de las 36 viudas de los trabajadores subcontratados.

El episodio de Pasta de Conchos fue ampliamente difundido e investigado en esos años; Proceso por ejemplo, reportó que a diferencia de la posición crítica que asumió Gómez Urrutia después de la tragedia minera, cuando se dijo perseguido por el gobierno de Vicente Fox, “un mes antes de que la mina se colapsara provocando la muerte de 65 trabajadores, IMMSA convino en pagarle al sindicato minero una ‘conciliación’ por aceptar que una empresa contratista ingresara al filón con el pretexto de realizar trabajos de mantenimiento y que en realidad eran de extracción carbonera. Llevaban 12 años haciéndolo”.

Lo que IMMSA y Gómez Urrutia “pactaron fue que la empresa contratista General de Hulla, propiedad de Fernando de la Fuente Cepeda, cobrara 300 pesos diarios a cada uno de los 100 trabajadores subcontratados; que 4% de ese ingreso sería enviado por IMMSA al sindicato, de manera que serían 700 pesos diarios, para un aproximado de 21 mil 600 pesos al mes, la mayor parte destinados al comité nacional sindical”.

Hay que recordar que “un trabajador ganaba la décima parte de lo que percibía el sindicato. Durante los días que siguieron al accidente, Proceso recuperó testimonios de trabajadores sobrevivientes y familiares de los fallecidos, que aseguraron por separado que ganaban 80 pesos diarios, es decir, 11% de lo que diariamente ingresaba el sindicato”.

Lo que se pactó en el convenio “fue que el contratista se quedaba con 214 pesos por trabajador; esto es 21 mil 400 pesos diarios”, además el convenio “contradecía la cláusula segunda, que limitaba los trabajos subcontratados a labores de mantenimiento, mientras que el Anexo 1 del documento, establecía en la relación de trabajos que la empresa contratista operaría ‘un minero continuo en desarrollo’. El minero continuo es una máquina que avanza rompiendo las paredes de roca. Sin embargo, así lo firmaron empresa, sindicato y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social”.

Para admitir a los contratistas, “la STPS atestiguó el acuerdo obrero-patronal, con la presencia y firma del foxista subsecretario de Trabajo, Seguridad y Previsión Social, Emilio Gómez Vives, y sus colaboradores. Por el sindicato firmaron los colaboradores más cercanos de Gómez Urrutia en el comité nacional: el entonces secretario del Asuntos Políticos, Carlos Pavón; Baltazar Zárate, delegado especial del sindicato; José Ángel Rocha, secretario del Interior, Exterior y Actas; y el dirigente de la Sección 13, Óscar Flores Ortiz”.

Por “IMMSA firmó el presidente de la empresa, Xavier García de Quevedo; el director de Operaciones, Arturo Bermea Castro, además del gerente de la mina, Rubén Escudero Chávez, entre otros ejecutivos”.

El instrumento estipula que se registre ante “la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, para darle solidez jurídica, y se formalizó en la Ciudad de México el 19 de enero de 2006, justo un mes antes de la tragedia minera que enlutó la región carbonífera de Coahuila, dejó 64 viudas y más de 160 huérfanos, pero no tuvo más que consecuencias económicas menores, pues a todos los expedientes abiertos por esos hechos se les dio carpetazo”: Pasta de Conchos: el convenio que provocó 65 muertes.

Industrial Minera México (IMMSA) era una subsidiaria de Grupo México cuyo presidente y accionista mayoritario es Germán Larrea Mota Velasco, el segundo hombre más rico de México, con una fortuna personal estimada el año pasado por la revista Forbes en 13 mil 800 millones de dólares.

En aquel entonces se abrieron expedientes en todas las materias, la laboral por seguridad e higiene y la administrativa por la irregularidad en la actuación de servidores públicos. Tocó conocer el caso a la Secretaría de la Función Pública a cargo de otra reciente adquisisción de Morensa, Germán Martínez Cázares, quien a pesar de la abundante información documental y testimonial no emitió sanciones a su paso por la dependencia, relata Arturo Rodríguez en artículo de este lunes.

La tragedia en Pasta de Conchos coincide con el intento del gobierno de Vicente Fox de evitar que el padre de Gómez Urrutia le heredara el control del sindicato (como si fuera la icónica camioneta del comercial), por lo que le negaron la toma de nota. La última vez que se le vio en público, antes de huir a Canadá, fue por aquellos días de 2006 en Pasta de Conchos, cuando las familias de los mineros lo encararon, y al intentar correr cayó en un charco de lodo.

Encargado de perseguir a Gómez Urrutia, el hoy flamante vocero de José Antonio Meade, Javier Lozano, también tiene responsabilidad en la impunidad de todo el caso. “El 20 de marzo de 2009, entonces como secretario del Trabajo, lo entrevisté en Monterrey”, relata Rodríguez García:

“La Organización Internacional del Trabajo (OIT) había emitido su informe GB 304/14/8 reprobando al Estado Mexicano en 25 de 27 reclamos; aunque yo tenía el informe en la mano, Lozano mintió. Me dijo que la OIT había cerrado el caso, que le daba la razón al gobierno y, en su estilo pendenciero, descalificó a los deudos y defensores que acompañaban los reclamos. Lozano es responsable de evitar todo intento por esclarecer lo ocurrido”: Pasta de Conchos: la impunidad que solapa Morena.

Hoy tenemos a los solovinos de siempre haciendo las piruetas y contorsiones del caso para defender al indefendible Napito… ¿Qué sentido tiene hacer esto? ¿Qué cosa ganarían ellos aún si AMLO obtuviese la Presidencia? Es tan obvio ya que ese supuesto ‘nuevo régimen’ estaría velando por los mismos de siempre, ¿o no?

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