Cinque Terre

Óscar Constantino Gutierrez

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Doctor en Derecho por la Universidad San Pablo CEU de Madrid y catedrático universitario. Consultor en políticas públicas, contratos, Derecho Constitucional, Derecho de la Información y Derecho Administrativo.

El gobierno ladrón

La última ocurrencia del senador Salgado Macedonio, la de expoliar los fondos de las afores, retrata con precisión el perfil de este gobierno de izquierda: lo de ellos es atracar a la gente.

No es una exageración. A diferencia de Luis Pazos, no sostengo que los impuestos son un robo, en realidad son la cuota de ingreso al contrato social, nuestra membresía como demócratas y mandantes del gobierno.

Si bien Pazos dramatiza, también es verdad que todos los impuestos alteran el mercado, se parecen a la cortisona: las contribuciones son un buen remedio para propiciar la internalización de costos y corregir mercados imperfectos, pero su uso excesivo enferma. Por ello, un gobierno que quiere resolver su ineptitud con más tributos sí es un ladrón.

La teoría del mandato, para explicar el gobierno representativo, es didáctica porque describe muy bien la lógica de la relación entre ciudadanos y funcionarios: le encargamos a alguien que administre lo público y nosotros pagamos los gastos de esa operación. En consecuencia, nos toca decidir cuánto se gasta y en qué. En el ámbito privado, nadie toleraría a un administrador o mandatario que usara nuestros recursos caprichosamente o que nos saliera, año con año, con que no le alcanzó el dinero y nos estirara la mano para pedirnos más. Lo cesaríamos de inmediato. Pero, en la esfera pública, ese administrador nos amenaza con una pistola si no le entregamos la cartera, misma de la que saca todo el dinero que quiere: nuestro empleado pasó a ser nuestro bully.

FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

No es una amplificación excesiva del punto, nuestros supuestos representantes no ven por los intereses de los contribuyentes, sino por los de ellos mismos. Establecer como crimen organizado el uso de facturas falsas es una perversión de un derecho maldito, el tributario, que ha vulnerado la prohibición del artículo 17 constitucional: nadie puede ser aprisionado por deudas de carácter puramente civil… pero esos burócratas miserables decidieron que las deudas fiscales no son civiles, que no pagar al gobierno es delito de defraudación y que pueden crear una realidad alterna con las leyes fiscales, una en que la Administración propone y los legisladores sólo refrendan lo que el Ejecutivo presenta.

Mucha de la cuarta transformación proviene de ideas absolutistas que fueron tropicalizadas en nuestro entorno supuestamente republicano. Los monarcas tiranos, como Enrique VIII, era dueños de todo lo que había en el reino. En esas autocracias, la propiedad privada era endeble, porque derivaba de la voluntad del príncipe, quien era titular originario de todo… ¿les recuerda a la disposición mexicana que señala que la propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro del territorio nacional, corresponde originariamente a la Nación, que esa Nación ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares y que esa misma Nación constituye la propiedad privada?

¿En serio? ¿La propiedad privada nos la cede un ogro bondadoso, dueño originario de todo? Como ficción, es una muy mala y siniestra.

La diferencia entre el ruin rey absolutista y el despreciable gobierno pseudo republicano es que la Nación no es el poder público… por más que las autoridades intenten engañar a la gente con que son lo mismo: la Nación nunca es el gobierno, la Nación es la sociedad, es mucho más que un conjunto de autoridades ladronas que viven del trabajo, talento e inversión de los demás.

Hemos permitido que nuestros agentes actúen a favor de sus propios intereses, en lugar del de sus electores. De esa lógica perversa, la del problema del agente-principal, se deriva que un gobierno ignorante e inepto sostenga que su función es quitarle recursos a unos para dárselos a otros, o que deben limitarse los derechos a combatir o rechazar el programa de gastos y cobros públicos. Nuestra Constitución señala claramente que es obligación de los mexicanos contribuir para los gastos públicos, de la manera proporcional y equitativa que dispongan las leyes… pero a los ciudadanos nunca nos da poderes amplios para determinar esos gastos específicos. Son nuestros supuestos representantes quienes definen cuáles serán esos gastos públicos y cómo los pagaremos.

Y el fantasma de Keynes recorre México: ahora resulta que el gobierno, que gasta de forma ineficiente y opaca, es quien va a lograr el desarrollo con nuestro dinero. No, gracias, abuelito: mejor encuentra la forma de gastar mejor lo que se te ha dado y deja de engañar a la gente. Prometiste que ibas a hacer mucho más con lo que había en las arcas, porque ibas a ahorrar mucho al acabar con la corrupción, ahora no vengas con que no te alcanzó y necesitas más mesada: te comportas como un adolescente mantenido… pero con un arma en la sien de la gente. En suma, si reformulamos la reflexión de Luis Pazos, puede ser cierta: los impuestos no son un robo, pero este gobierno sí es un asaltante…

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