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Alejandra Escobar

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Editora de etcétera

El gobierno amenaza la libertad de prensa. Mi solidaridad con López-Dóriga y Gómez Leyva

Si en algo ha sido consistente el gobierno federal es en atacar a medios de comunicación y periodistas que le cuestionan. Lo hizo desde el comienzo de su administración acusándolos sin pruebas de supuestos contubernios con el poder y no ha dejado de hacerlo en ese misma tónica. La operación de sus redes sociales les endilga dos o tres adjetivos y, recientemente, ha enfatizado en llamarles “sicarios”.

La semana pasada, uno de los voceros oficiales, me refiero a John Ackerman, fue más allá y comparó al crimen organizado con medios y periodistas que le criticaron por no transparentar sus propiedades y las de su esposa Irma Eréndira Sandoval que, además, no corresponden con sus ingresos. Ackerman y Sandoval no pudieron desmentir el reportaje de Carlos Loret de Mola y, en contraste, primero se dijeron víctimas y luego orquestaron una campaña contra él e hicieron lo mismo con los profesionales de la comunicación que respaldamos a Carlos. El grave error de Ackerman ha sido de tal envergadura que la propia Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) exhortó al doctor, doctor (así ostenta el doctor sus credenciales académicas) a conducirse con respeto a los derechos humanos de los periodistas, lo cual detonó su furia y la de sus seguidores, reales e inventados, es decir, los que forman parte de las llamadas “granjas de bots”.

FOTO: VICTORIA VALTIERRA/CUARTOSCURO.COM

En ese contexto, este lunes podríamos esperar al menos un deslinde del presidente respecto de los excesos de Ackerman, más aún cuando miles de usuarios en las redes demandan su renuncia al Comité Técnico Evaluador de los cuatro consejeros electorales que integrarán al INE y a sus responsabilidades como locutor en Canal Once y TV UNAM, institución a la que también se le exige deponer al propagandista oficial de su nombramiento. Pero no, AMLO no dijo nada al respecto, y su omisión implica respaldo. En la rueda de prensa matutina, López Obrador evadió condenar las declaraciones de Ackerman, se victimizó y participó de un montaje hecho por su director de comunicación, Jesús Ramírez Cuevas para que una marioneta autonombrada “Lord Molécula” fustigara a Joaquín López-Dóriga y Ciro Gómez Leyva, lo cual se completó con la campaña en redes, en particular en Twitter.

Todos estos ataques a los periodistas ocurren en un contexto donde ellos ejercen su trabajo con enormes riesgos, tantos, que durante la actual administración han sido asesinados 18 de ellos y sin que, hasta ahora, hubieran sido castigados los responsables.

Si el presidente y sus seguidores insisten en atacar a la libertad de prensa, los medios y los periodistas debemos insistir en defender nuestra actividad, la que implica un derecho y desde luego no sólo para nosotros sino para todos los mexicanos.

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